LA CRÓNICA DE UN FRACASO, POR ARISTARAIN
1. (Exterior, día, en el techo de un modesto hotelito de barrio). Bruno Di Toro, un oscuro y desencantado empleado de oficina, está apoyado contra un tapial, mientras enciende un cigarrillo. Intuye, tiene la casi plena certeza de que en algún lugar cercano a él está escondido un botín millonario. Pero no acierta a comprender como en ese espacio reducido puede permanecer oculto. Hasta que -en un giro inesperado de las circunstancias- un tanque de agua cercano se inunda, y el agua alcanza los pies de Bruno, como si fuera un presagio, señalando el camino a seguir. La mirada de Bruno se ilumina. Ahora está seguro. Comprende.
2. (Interior, día, en un cuarto del hotel). Encima de la cama reposan inquietantes, tentadores, cientos de billetes. Bruno Di Toro, exaltado, mira, los contempla con ojos desencajados, como si los viera desde los túneles de un sueño. Con voz quebrada y sibilante por la emoción exclama: “Dios mío… Cuánta guita!”.
3. (Exterior, noche, en medio de una ruta). Bruno Di Toro detiene el auto bruscamente en la banquina. A su lado, la mujer de su mejor amigo -que acaba de morir minutos antes- llora desconsolada, y se quiere bajar. Bruno, en medio de su desesperación, la sostiene y le impide que se vaya. ¡Me vas a entregar!, grita, y le apunta con su arma. Ella lo mira, y sabe que él no va a jalar del gatillo. Sigue llorando, se baja y mira fijo a Bruno, al tiempo que le dice, mientras recupera el aliento: “Sos un pobre tipo”. Se va, y Bruno queda desconsolado, en medio de la noche, sabiendo que no hay vuelta atrás: perdió todo.
Tres escenas fundamentales, que marcaron al cine nacional. Y las tres forman parte de una misma película, la ópera prima del hoy consagrado Adolfo Aristarain. Una propuesta de muy bajo presupuesto, rodada en poco tiempo y que no tuvo la menor repercusión en las taquillas, pero hoy considerada una de las más originales obras del cine nacional, un verdadero hito con sello argentino: “La parte del león”.
UN GRAN DEBUT
A mediados de 1978, el género policial –en el que se mueve la mayor parte de “La parte del León, pese a integrar muchos elementos del drama- no era muy explotado en Argentina. Por lo tanto, era todo un desafío que un director joven, y más un debutante, corra el riesgo de involucrarse con un proyecto de esas características. Pero Adolfo Aristarain tenía muy claro lo que quería contar, lo que tenía para decir.
Pese a tener solo treinta y pico de años, el mas tarde consagrado director argentino, ya había trabajado junto a algunos de los grandes del séptimo arte. Había estado a fines de los sesenta colaborando con el gran Sergio Leone en el rodaje de “Érase una vez en el oeste”.
Aunque dicen que no se llevó nada bien con el director de “El bueno, el malo y el feo” y “Por un puñado de dólares”. También había estado a las órdenes de otro maestro como Mario Camus. Y había trabajado en el rodaje de “Temporada de caza” junto al por entonces veterano actor William Holden. Nada mal para un joven argentino.
Y todo lo aprendido junto a estos grandes exponentes del cine, lo aplicó en su ópera prima, donde demostró capacidad y conocimiento de cómo montar una puesta en escena, de cómo manejar el ritmo y los encuadres. Y lo principal, le dio una enorme credibilidad a los personajes que delineó, a través de diálogos ágiles y plenos de sentido.
NOTABLE HISTORIA
En “La parte del León”, Aristarain cuenta la historia de Bruno Di Toro, un perdedor, un fracasado –una tipología de personajes típicos de la filmografía del director, que se repetirán en la mayoría de sus filmes- interpretado con maestría por el recordado Julio De Grazia.
Bruno está a punto de divorciarse, vive en un hotel, toma mucho y odia su trabajo. Hasta que una mañana, casi por casualidad, descubre un botín producto de un robo perpetrado por dos maleantes, interpretados por Ulises Dumont y un veinteañero Julio Chávez.
A partir de ahí, junto con su mejor amigo y la novia de éste, intentarán cambiar el dinero y escapar, mientras los ladrones los asedian. Sin embargo, se produce el giro usual en el policial negro, y a Bruno Di Toro todo sale mal: a su amigo lo matan, abandona a su familia, y cuando trata de huir, se da cuenta de que en realidad todo estaba perdido desde el principio. Y Aristarain dota al film de una gran belleza, y realmente los personajes logran conmover.
Pero cuando se estrenó en octubre del 78`, no tuvo el menor éxito de público. El reconocimiento vino después, cuando empezó a formar parte habitual en ciclos de cine, en cinematecas y en debates de cinéfilos. Con el tiempo, empezó a ocupar el lugar merecido. Ahora, para los que no la pudieron disfrutar en el cine, la tienen disponible en DVD. Y realmente vale la pena.
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