LA DAMA Y EL VAGABUNDO: BIEN DE BARRIO, TINELLI VISITÓ A MIRTHA
Hoy, a casi un mes de la fecha prevista, por fin se produjo el anunciado encuentro. Como pasó en aquel mediodía en que Susana y Jazmín visitaron a Mirtha, el noticiero de América volvió a interrumpir su trasmisión para el móvil en vivo: estaba llegando Marcelo Hugo Tinelli a los estudios. El cronista corrió por sus declaraciones. “¿Sabés el menú?”, le preguntó. “Mirá, tengo ganas de comer así que como lo que venga”, contestó bien simplón, detrás de unos lentes de sol y con su pelo cada vez más largo.
La señora, que esta vez no dijo “haberse puesto todas las galas”, igual lo esperaba espléndida. Con un vestido largo color turquesa, anunció a su invitado presagiando un cuestionario impiadoso: “Todo, todo, todo, le vamos a sacar todo”, amenazó. Y efectivamente, apenas apareció, lo primero que hizo fue sacarle el Rosario de su camisa, el colgante que inauguró Marcelo para esta temporada. “Ay, es precioso nene, todo de oro”. El nene, presentado como conductor, animador, empresario y número uno de la TV argentina, vistió impecable traje negro (sin corbata) para la ocasión y llegó pura sonrisa y supuesta timidez.
La biografía de rigor repasó sus orígenes y eso sirvió para romper el hielo. “Vine de Bolívar a los diez años, con mi papá muy enfermo. Vinimos a internarlo, al poco tiempo falleció y desde ese entonces nos quedamos en Buenos Aires” recordó Tinelli. “Siempre fuimos una familia muy unida y, todavía hoy, cuando me voy de vacaciones, somos un montón. Hasta mis suegros vienen con nosotros”, contó con la boca llena. De una familia se pasó rápidamente a la otra y como por arte de magia llegamos casi sin escalas a Juanita Viale. La abuela la llenó de halagos pero, curiosamente, el babero mayor hubo que acercárselo a Marcelo.
Luego llegó el previsible desfile de nombres a los que Tinelli prefirió mirar como muchacho de barrio, sin buscar problemas con nadie. Con Pergolini dijo que estaba todo bien, aunque él (Mario) por el público que tiene, debe mostrarse siempre contestatario; de Suar, que era una excelente persona y de Kirchner que era un excelente presidente (“no somos amigos, sólo conversamos por el tema Canal 7). Los presidentes sirvieron para hablar de política y de los supuestos enojos. “Nunca nadie nos llamó para que dejáramos de hacer alguna cosa en Videomatch”, avisó Marcelo. “Ni con Menem ni con De la Rúa, que hasta vino al programa para mejorar su imagen. Aunque todo salió bastante mal, de hecho el Oso Arturo terminó salvándolo”, recordó Tinelli.
¿Qué canal pensás comprar?, ¿Quién te ofreció hacer política?, fueron algunas de las preguntas sin respuesta. Lo que sí logró Mirtha fue hacer que Marcelo “pelara” la billetera, aunque no la abrió. Era sólo para mostrar que hace 15 años que usa la misma. Algo similar dijo que ocurría con su reloj pulsera y también con la butaca (que es la misma) y el micrófono que usa en Videomatch, que también hace años que es el mismo (el micrófono, no Videomatch). Se habló poco de “Sol negro” porque no había más tiempo y los últimos minutos los aprovechó el invitado: “Mirtha, quiero que hagas ficción con nosotros. Tengo un papel que es ideal para vos, bien de diva inacabable. Tendrías que grabar un par de días a la semana, nada más”. “Je, je, no me comprometas en público” dijo ella y llegaron las copitas de champagne.
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