LA DEFENSORÍA DEL PUEBLO PORTEÑA DENUNCIA QUE 80% DE LOS CHICOS MAL ALIMENTADOS VIVE EN EL SUR
“Me gustan el hígado y las lentejas”. Débora (9) confiesa comidas favoritas muy diferentes a las de la mayoría de los chicos. A los 4, era extremadamente flaca y tenía anemia. No desayunaba y recién comía un guiso al mediodía. Hasta que su mamá hizo un curso en un comedor comunitario. Y aprendió a administrar el escaso ingreso familiar, un plan Jefes de Hogar de $150, para conseguir alimentos más nutritivos. Polenta con leche, arroz con aceite. El menú siguió siendo pobre, pero le aportó a la nena lo que necesitaba para superar su cuadro de bajo peso.
Débora, que aún mantiene su contextura delgada, vive en Ciudad Oculta, una villa de Mataderos donde los casos de chicos con déficit nutricional se multiplican. Según los responsables del programa Nutrir, de la Red Solidaria, allí llegó a haber un 19% de menores desnutridos.
Las cifras oficiales marcan que resolver el problema de la desnutrición es una asignatura pendiente también en la Capital. De acuerdo a un informe de la Defensoría del Pueblo porteña, en los 38 Centros de Salud y Atención Comunitaria (CESAC) de la Ciudad se atienden 1.336 menores de 5 años con déficit nutricional. La cifra engloba desde desnutrición hasta la falta de alguno de los micronutrientes esenciales, como el hierro. Por estos problemas también asisten a 889 chicos de entre 6 y 18.
Los números de la mala nutrición reflejan las desigualdades geográficas de la Capital: el 77% de los nenes de 0 a 5 años afectados vive en la zona Sur, contra el 12% en el Este, un 7% en el Norte y un 4% en el Oeste. Precisamente el Sur concentra, según el censo 2001, la mayoría del 14,3% de los hogares porteños con necesidades básicas insatisfechas.
“A nivel nacional, la desnutrición más grave alcanza al 3% de la población infantil. Creemos que esta cifra también refleja la realidad de la Ciudad, donde en las villas incluso existe un porcentaje mayor. Además, un 10% de los menores tiene retrasos de crecimiento por la mala calidad de su dieta y un 9% sufre sobrepeso”, afirma el nutricionista Sergio Britos, investigador del Centro de Estudios Sobre Nutrición Infantil (CESNI).
Según datos recientemente difundidos por el INDEC, en la Capital viven 121.000 menores pobres. “Hay 1.500 niños desnutridos, la mayoría en la zona Sur —denuncia Carlor Tcholakian, del Foro Social de Salud—. Para ayudarlos, les entregan cajas de alimentos a sus familias. Pero no cubren las necesidades porque están llenas de hidrocarbonatos: polenta, fideos y hasta alfajores. Y les falta carne y verduras”.
Britos coincide: “Los programas de transferencia directa de recursos a las familias, como el Vale Ciudad, son más adecuados porque permiten hacer mejores compras en términos de calidad de alimentación que lo que el Estado les entrega a través de cajas y comedores”. El informe de la Defensoría también señala estas ventajas del Vale Ciudad respecto a otras formas de asistencia.
En el CESAC 18, al pie de la Villa 20 de Lugano, 300 chicos están bajo vigilancia nutricional. “No hay desnutridos severos, sino entre leves y moderados, además de nenes con sobrepeso por la mala alimentación —dice la pediatra Diana Basadoni, su directora—. A pesar de la pobreza, tienen acceso a la comida. Sus problemas nutricionales se deben a una multiplicidad de factores, entre ellos culturales”.
“Esta villa —ejemplifica— tiene una gran comunidad boliviana. Por ejemplo, no están acostumbrados a comer lentejas, uno de los alimentos que vienen en las cajas. No las preparan porque no saben cómo hacerlo, por eso tratamos de darles ideas”. Y cita además razones médicas para la mala nutrición, como parásitos y enfermedades que impiden la absorción de los alimentos.
“El centro tiene médicos, nutricionistas, trabajadores sociales, psicopedagogos y un kinesiólogo para estimular a los chicos y para que las madres aprendan a alimentarlos mejor, teniendo en cuenta sus hábitos y sus recursos”, agrega Basadoni.
Los CESAC, los médicos de cabecera y los hospitales son la red con la que cuenta la Secretaría de Salud para enfrentar el problema de la mala nutrición mediante su Programa de Vigilancia Nutricional. “Hay más de 2.200 menores en el programa, que brinda control de salud, seguimiento y estimulación temprana. Además del déficit nutricional, se trabaja con chicos con sobrepeso y obesidad a los que les faltan nutrientes”, explica Andrea Méndez, su directora.
También existen iniciativas no oficiales, como el Programa Nutrir, de la Red Solidaria. “Evaluamos a 4.700 niños en 19 comedores de Capital y Conurbano —cuenta Silvia Báez, su responsable médica—. Primero hacemos un trabajo de detección de casos y de análisis social. Después convocamos a las madres a charlas. Con la educación alimentaria tratamos de reemplazar el guiso y la sopa, que es la comida de los pobres, por otra más nutritiva”.
“Te enseñan trucos, como hacer la polenta con leche o usar maicena o soja. Porque muchas veces alimentamos mal a nuestros hijos por no saber”, cuenta Roxana Ruiz (29), la mamá de Débora, que participó en el programa en el comedor La Buena Voluntad. Ahora Roxana les transmite los secretos a otras mamás. Porque, como asegura Báez, “la desnutrición es reversible, pero también requiere un cambio cultural”.
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