La democracia dibujada, una caminata por la muestra “Treinta años de Democracia”
Los trabajos se exhiben en el Multiespacio de la Dirección de Cultura y Educación y podrán ser visitados durante todo el mes. Carlos Fluxá, Coordinador del Centro de Difusión de los Derechos Humanos del ,unicipio, presenta la muestra del Círculo de Dibujantes Santafesinos y analiza su gestión durante 2013.
Enero. Ni bien amanece la ciudad comienza a sudar, a crujir bajo un sol implacable. El calor de enero es un torniquete que se enrosca al cuello a las seis de la mañana, para las ocho lo tiene a uno medio asfixiado, para las once lo embruteció y para las tres de la tarde lo ha liquidado. Miro la barranca que el río mastica, indiferente. Consulto la hora, son las ocho y cuarenta y cinco.
A la nueve, mejor a las nueve, me había dicho Carlos Fluxá, coordinador de Derechos Humanos del municipio, cuando le pregunté por la muestra “Treinta años de democracia”, que se exhibe en el Multiespacio de la Dirección de Cultura y Educación; si vas a eso de las nueve, te cebo unos mates y la recorremos juntos.
Una imagen viene a mi mente cada vez que pienso en Carlos Fluxá, cada vez que lo cruzo, que lo saludo desde la vereda de enfrente o le estrecho la mano siempre acompañada de la esa mirada un tanto excitada, apenas aplacada por el claro de los ojos; es una imagen que nuca vi sino que construí en mi mente, no por eso menos real o verdadera. Se trata de una imagen o mejor dicho una sucesión de imágenes que muestran un hombre caminado sobre una tumba de libros, de libros o para libros, que él mismo excavó, cuando otros argentinos también cavaban tumbas o alzaban piras para deshacerse de ciertos ejemplares, señalados y que a su vez señalaban, marcaban, condenaban. Es una imagen en blanco y negro, entre sombras, como si fuera de noche, una imagen de hueco, de abismo.
A los treinta años de democracia los precedieron los años que abrieron ese hueco, esa tumba, ese abismo. Años a los que, los que trabajan en el tema de los derechos humanos -y digo tema y no área porque la mayoría de lo que ocupan hoy, como Fluxá, un cargo público, vienen de trabajar, de militar la causa desde lejos-, decía que fueron años que otros, como Fluxá, intentan desvelar, es decir quitarles el velo; desvelar y des-amordazar.
Al igual que las calles sudadas de la ciudad, el salón de cuyas paredes penden los doce paneles de la muestra, está vacío. Escucho el eco que dejan mis pasos mientras me acerco a las ilustraciones hechas por integrantes del Círculo de Dibujantes Santafesinos, y entre los nombres reconozco una santotomesina: Victoria “Dale” Mojo y me pregunto por ese dale en mayúscula y entrecomillado. El resto de los nombres irán apareciendo luego en la charla con Carlos, que ya se acerca con la mano extendida. Ellos son: Diez Rodríguez, Tarico, Reñé, Lehmann, Cejas, Zuñiga, Giannecchini y Viso.
Enciendo el grabador y pienso y decido en no editar, en acercarle, lector, lectora, el crudo.
—Esta etapa mía de paso por Derechos Humanos es un pequeño período en mi vida haciendo lo que siempre quise hacer, o mejor dicho siempre hice en relación a la construcción de un país mas justo, más equitativo, con una actitud hacia la posibilidad de aportar, de la manera que fuese, uno le llama “militando”. Tiene que ver con soñar que un mundo mejor es posibles y que, en la medida en que queramos construirlo, entre todos lo vamos a lograr. Hoy es desde la coordinación de esta área de Derechos Humanos y también desde mi trabajo en COMUNIDAD, mañana será otro lugar, tal vez. No me imagino no haciéndolo, pienso que lo haré mientras viva.
Me ceba un mate y me señala la muestra. La vamos a tener todo el mes, me dice, aunque me gustaría que estuviera también parte de febrero, ya veremos.
Qué te parece, me dice después, y yo le devuelvo la pelota.
—¿A vos qué te parece?
—Es compleja, es simbólica, representa distintos momentos de estos treinta años, distintas percepciones. Uno la va descubriendo, internalizado con los días. Particularmente aquella, me dice señalando un dibujo con buscados trazos infantiles, donde puede verse la cara de la Presidenta, su cabeza a la que llegan ondas emitidas por el muñeco rojo de clarín -ese logo inconfundible-, me impresiona.
Nos paramos frente a los paneles, cada uno contiene cuatro ilustraciones y aunque muchos no están firmados, reconozco algunos trazos. Un conjunto de jubilados dentro de un contenedor de basura -perteneciente a Cristián Lehmann-; un ferrocarril que transita sobre rieles que van cayendo a un precipicio, donde forman una montaña hecha de números que señalan años -de Román Giannecchini-.
—Uno podría pensar, que trabajar dentro de una estructura perteneciente al estado es el mejor lugar en el que uno podría estar para poder “hacer”.
—Tal vez no es tan ideal como se ve desde afuera porque uno forma parte de toda una construcción política, que en caso de Santo Tomé, tiene distintos actores. Formamos un frente, donde hay distintas fuerzas, distintos pensamientos políticos, distintas miradas del país que tenemos y del tipo de país que queremos en el futuro, y acordar no es fácil y uno tiene, a veces, que dejar de lado cosas que haría para trabajar en concordancia con los demás, entonces ocurre que uno, a veces, siente que va trabajando lento.
—¿Lento comparado con qué, con quién?
—No, sólo lento, en la medida que van saliendo acuerdos, consensos para llevar adelante determinadas políticas.
—Lento… solo lento para esa ebullición que es Carlos Fluxá.
—Ponele, sí. De todas maneras, de mi parte, hay cosas que son irrenunciables, como ser la construcción de mejores derechos para la comunidad. Mejores y mayores derechos que se vayan consolidando fuertemente y creciendo en lo que es, para mí, importantísimo: entender lo que es la lucha por la memoria, la verdad, la justicia.
Detengo la mirada en una ilustración que muestra el país, un mapa del país que cuelga de una soga para tender ropa, cuelga prendido por broches como una prenda, cuelga mojado, desdibujando, chorreando -¿agua? ¿lágrimas?-.
Los períodos históricos no están definidos en la muestra, lo que sí está definido y representado es el paso de un tipo de sociedad -aquella con derecho cercenados, aquella violenta-, a otra -la del neoliberalismo y su sistema de exclusión-, hasta llegar a la actual. La muestra es una mirada con mil ojos, con distintas formas de pensar, de percibir, de representar.
—Fijate éste —me dice—, representa la sociedad que expulsa, que usa y descarta. Me señala un dibujo que muestra la puerta de su ascensor, abierta, del hueco se eleva un grito y junto a la puerta alguien dice algo así como gracias por los servicios prestados.
—¿Y la sociedad actual, hacia dónde va?
—Vivimos en una sociedad donde tener es ser. Hay una construcción de esa sociedad que viene del verdadero poder que es el poder económico, que a su vez construye su propio espacio a partir de hacerle la cabeza a la gente y ese “tener es ser” es su gran aliado.
—¿Cómo se trabaja para contrarrestrar eso?
—Desde distintas trincheras, hoy es la coordinación por los Derechos Humanos y afuera, desde COMUNIDAD, como te dije mañana no sé. Creo que los más agredidos por ese sistema, en cuanto uno les muestra caminos de participación, de trabajo solidario, de esfuerzo, de ayuda solidaria, se enganchan.
Pienso que uno de los competidores son las distintas iglesias, aunque a veces trabajamos codo a codo, es una cuestión de conceptos, ellos traen calma al espíritu pero sostienen es statu quo; en lo personal soy anticlerical, aunque el discurso del nuevo Papa me trae ciertas no sé si decir esperanzas, pongámosle, de ver hecho obra ese discurso. Espero que no se trate solo de un discurso para salvar un poderío que se resquebraja.
Volviendo a la muestra, no está exenta de ironía, de humor. Fijate el primer panel, claramente la dictadura está representada en ese hombre sentado son la cabeza en una jaula donde no hay una cabeza, hay un pájaro. La libertad y la democracia representadas por esa mujer que teje una bufanda eterna, está encarcelada, sentada sobre hojas de diarios, se fuma un pucho. Es mi preferida. Es de Raúl Viso, le digo, reconociendo no solo los trazos sino la habilidad de la representación simbólica, hasta en el menor de los detalles.
—Si tuvieras que elegir una, solo una de las actividades que has llevado adelante este año en la coordinación ¿cuál elegirías?
—La placa que se descubrió en la plaza con los nombres de los 13 asesinados durante la dictadura. Es un hito importante en Santo Tomé, un mojón indeleble en la memoria de los santotomesinos.
—¿Y de lo que tenés en el tintero, qué elegís?
—Lo que me gustaría es profundizar ese camino; hace poco presenté un proyecto para la construcción de un parque de la memoria, para poder trabajar con más profundidad esos nombres. Estoy convencido de que son historias que sirven como basamento para la Santo Tomé que queremos. Un parque que por supuesto tendría un espacio físico que es el triángulo, en la parte norte de la ciudad, al norte de República de Chile, desde el balneario hasta el cruce de las vías en calle Castelli. Hoy es un reservorio para el agua de lluvia, pero el 95% por ciento del año está vacío o con poca agua. Podría convertirse en un parque que tenga mobiliario que no se destruya con la humedad, al mismo tiempo revitalizaría el frente costero que ya tiene un referente, le agregaría a ese borde 600 metros de largo y le daría otra impronta a la cara de Santo Tomé, por la recientemente construida puerta norte. Recuperar esa área permitiría rescatar especies autóctonas. Con cada inundación la naturaleza nos da una nueva oportunidad, hay que aprovecharla. Identidad también es nuestro paisaje, nuestra flora, nuestras especies arbóreas, nuestra fauna.
—Hablaste de un espacio que no fuera solo físico.
—Sí, pienso en un lugar para guardar documentación, un lugar de consulta. De memoria.
—Con quién o quienes trabajás en la Coordinación.
—La función pública la hago solo, es unipersonal, de todas maneras existe un grupo consolidado espontáneamente, gente, actores sociales que se fueron acercando y ayudaron a que las actividades se realizaran con éxito, las apuntalaron. Por ejemplo: los Lunes con la memoria, a mí me sorprendió, no esperaba la respuesta que tuvimos. Son como una comisión permanente de ciudadanos que me apuntalan, me acompañan, en realidad nos acompañan, porque acompañan a la gestión de este municipio”.
Cuarenta y ocho cuadritos de 25X30, le digo. ¿Qué?, me dice sin comprender durante algunos segundos, después…
—Parece poco, sí, treinta años es poco, reflexiona Fluxá, para una vida es poco, para un país es un suspiro, un pestañeo. Es corto el tiempo y hay secuelas que tenemos que seguir superando porque nos complicaron a vivir a una manera indigna y todavía quedan secuelas en la sociedad que tienen que limarse, superarse. Por eso seguir construyendo memoria nos posiciona mejor como sociedad, para que, a partir de ahí, visualicemos con más claridad qué queremos construir. Tengo el total convencimiento de que lo tenemos que hacer entre todos, con el compromiso de la comunidad y por un mundo mejor.
Fuente: Santo Tomé al Día
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