LA DESNUTRICIÓN INFANTIL GANA TERRENO EN LA PROVINCIA
El oportuno tratamiento de la desnutrición infantil es la gran deuda que arrastra el gobierno de Jorge Obeid en la provincia de Santa Fe. Con base en la pobreza, es impulsada por la inocultable falta de trabajo. Escasa prevención y desidia social “alimentan” un fenómeno de proporciones. El problema no es que falten alimentos, sino que la población no dispone de dinero para adquirirlos y los niños santafesinos siguen pagando por la desatención de las políticas estatales. En momentos donde la conducción del Ministerio de Educación no logra fijar pautas de trabajo acordes con las necesidades de los niños, una buena porción de ellos no puede asistir a clases en condiciones normales por la falta de una alimentación adecuada. Elemental.
Para dimensionar la situación basta significar que los estadios de fútbol de Newell’s Old Boys y Rosario Central se llenarían con los 80.000 santafesinos menores de 14 años que viven por debajo de la línea de la pobreza, según datos entregados a la sucursal Santa Fe de El Ciudadano por fuentes oficiales.
Las cifras estadísticas de desnutrición son estimaciones difíciles de comprobar porque los subregistros donde se almacena parcialmente la información no ocultan su falta de voluntad para difundir datos.
Igualmente pudo saberse que en el Gran Santa Fe, sólo el 30 por ciento son menores no pobres, mientras que el resto integra el conjunto de menores pobres y una gran mayoría no puede cubrir la canasta básica alimentaria. Pero hay más datos alarmantes: alrededor de 14.000 niños de hasta 5 años sobreviven en estado de desnutrición. El cálculo puede ser aún más desalentador si se tienen en cuenta los nacimientos en donde los bebés pesan menos de 2.500 gramos (casos comunes en madres que han crecido en la precariedad), allí el daño ataca directamente su coeficiente intelectual, además del peligro inminente de padecer anemia.
En este sentido, es notable la incidencia de las ciudades de Santa Fe y Rosario, que con sus bolsones de pobreza a cuestas, “engordan” los registros estadísticos.
En el segundo semestre de 2003, los menores pobres del Gran Santa Fe promediaban un 51,7 por ciento y un semestre más tarde, el indicador trepó a 65,5. Pero el índice volvió a crecer entre el primer semestre de 2004 y el segundo semestre del pasado año, cuando alcanzó un pico de 67,5 por ciento.
Si bien las cifras hablan por sí mismas de la extrema gravedad de la situación, el caso de Rosario ofrece mejores perspectivas, ya que el indicador de menores pobres bajó de 60,1 por ciento, pasando a 58,9 por ciento hasta llegar a 52,3 por ciento.
En el promedio nacional, la relación entre chicos pobres y no pobres es 1 a 1 pero en la provincia, dueña de la cuenca lechera más grande de Latinoamérica, hay 2 chicos pobres por cada chico no pobre. Las cifras sirven para medir la magnitud del gigantesco desafío que la pobreza y la desnutrición le hacen al modelo político-económico utilizado por la provincia.
Es que la desnutrición debilita el intelecto y socava la productividad y el potencial de crecimiento futuro. La pobreza, una de las principales causas de este mal es también su consecuencia.
Una penosa herencia de padres desnutridos da lugar a la siguiente generación de santafesinos.
Así Santa Fe, la segunda provincia que más contribuye en el Producto Bruto Interno Nacional, deja que sus niños paguen una hipoteca injusta con su capital intelectual y físico.
Desgraciadamente, los relevamientos y sondeos de entidades intermedias terminan siendo angustiosamente elocuentes: ¿cómo es posible que en una de las provincias argentinas en la que más recursos y alimentos se generan, haya estimativamente más de 14 mil chicos desnutridos? ¿Cómo es posible que casi 150 mil pibes deserten de la escuela y se sumen al submundo de la delincuencia y la droga para enfrentar el hambre, el frío y el cansancio?.
No hay manera de enfrentar esta situación sino es por la vía de una política de Estado y es la ausencia de políticas integrativas y universales que reconozcan y resguarden los derechos infantiles (que forman parte de nuestra Carta Magna), lo que trae aparejado estos dramáticos indicadores, sumado a cierto juego de ocultamientos, que no hacen más que conspirar contra iniciativas que busquen revertir la pobreza y marginalidad infantil en Santa Fe.
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