LA DURA CARA DE LA REALIDAD EN UNA VILLA AL NORTE DE LA CIUDAD
A pocas cuadras del último tramo asfaltado de General Paz, el olor ácido producido por la basura en descomposición ya se percibe. En la zona abundan carteles que rezan: “Área protegida por alarma comunitaria”, “No arroje basura”, “Se recibe basura” y “Acepto tierra y escombros”.
De un lado, la prolijidad de los cuarteles militares; del otro, un zanjón de cinco metros, y en su cauce un líquido de color verde con matices negros, que separa General Paz de aproximadamente 40 casillas precarias.
Las columnas de luz no tienen focos. Basura por todos lados, gallinas, perros, algunos chanchos, chapas oxidadas, zapatillas rotas, maderas podridas, y puertas de armarios, completan el paisaje de la zona.
Oscar, tiene 59 años, trabaja de camionero, y hace aproximadamente 20 años vive en la zona norte de la ciudad, frente a los cuarteles del Gada.
Está casado y tiene dos hijos, uno de 25 y otro de 29. No tiene teléfono y está enganchado de la luz. Sentado en un tronco arrancado de raíz, dice: “Cuando yo llegué no había nada, era todo cañada, y si bien estos terrenos tienen dueños que no los ocupan, desde el gobierno siempre nos quisieron sacar, pero a la gente no la van a sacar. Nos quieren llevar a La Loma donde si no te roban, te entierra el Salado”.
ZONA DE CONFLICTO
Una defensa que une la avenida General Paz con Riobamba, vincula también las dos pequeñas villas en expansión. Frente a Luz y Fuerza, vive Isabel Ojeda; es ama de casa tiene 45 años y hace catorce que reside en Riobamba al 8.400. Tiene tres hijos y es una de las beneficiarias del plan Jefes y Jefas de Hogar.
“Cuando recién vine esto era un barrio bueno, podía dejar una bicicleta, una ropa tendida, ahora ya no. La misma gente de acá te roba. Cuando la octava puso un destacamento de policías, la zona se tranquilizó un poco más… igual es muy inseguro”.
Además agregó: “Hace cinco años nos quisieron trasladar a La Loma, pero las viviendas no tenían agua, y los colectivos no pasaban por el barrio. Una vez me robaron a las once de la mañana, por eso la mayoría de la gente volvió, y a las casas que desocuparon les sacaron todas las aberturas, hasta las canillas de los baños”.
La zona se está expandiendo, los vecinos de los barrios aledaños, como Judiciales y Guadalupe Noreste, viven a la defensiva y con miedo.
El conflicto es permanente. Así lo manifestó Dante, guardia del camping Luz y Fuerza: “Hace poco se escucharon nueve itacazos. Cuando pasó un oficial de la octava le pregunté que sucedía, y me dijo que no sabía. Acá la gente no denuncia a los mismos tipos que se esconden en sus casas. Tienen miedo”, agregó.
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