LA DURA VUELTA A CLASES EN PATAGONES
En la Escuela Media Nº 2 Islas Malvinas, donde un chico mató a tres compañeros e hirió a otros cinco, la vuelta a clases no será fácil. El paso del verano y la inactividad curricular no parecen haber alcanzado para mitigar el dolor de toda una comunidad que, según los especialistas de la salud, aún se encuentra en estado de emergencia.
La evocación de lo ocurrido el 28 de septiembre último en el aula del 1º B será la primera actividad del nuevo ciclo lectivo que se iniciará mañana. Hoy, aquí es feriado en conmemoración de la gesta en la que se defendió el puerto local de una invasión brasileña, en 1827. En el primer día de clases, se prolongará el programa de crisis puesto en marcha durante el último trimestre del año último como parte de un programa que, según el director general de Cultura y Educación bonaerense, Mario Oporto, demandará, como mínimo, tres años de trabajo y seguimiento.
Expresó Oporto: “Nuestra idea es que como mínimo tenemos que hacer un plan a tres años para reconstruir la escolaridad de estos chicos. En ese sentido vamos a facilitar y flexibilizar las normas para permitir que los que tuvieron mal rendimiento puedan recuperarse y esto vale para todos los alumnos de la escuela”.
El impacto en la matrícula parece haberse normalizado. Al finalizar las clases, cerca del 20% de los alumnos de la escuela había desertado. No obstante, las cifras disponibles sobre los nuevos ingresantes a primer año dan cuenta de una significativa retracción: mientras que en 2004 hubo 187 anotados, este año hay sólo 125 inscriptos, casi un 35% menos.
Pese al esfuerzo realizado por las autoridades y por los padres del ex 1º B para mantener al grupo unido, dos de los cinco heridos durante la masacre decidieron no volver a la escuela, mientras que por lo menos otros tres chicos manifestaron sus reparos para regresar y no se sabe si efectivamente lo harán.
Entre quienes ya expresaron su decisión de cambiarse, figuran Rodrigo Torres y Pablo Saldías. Los dos sobrevivieron al episodio con graves heridas. No se descarta que, en los próximos días, la deserción alcance a otros tres alumnos, que ya manifestaron no querer volver.
Originalmente, el 1° B contaba con 29 chicos. Tres de ellos -Evangelina Miranda, Sandra Núñez y Federico Ponce- murieron bajo las balas de la Browning calibre 9 mm empuñada por uno de sus compañeros que se encuentra detenido en un instituto de máxima seguridad en Ensenada.
El chico, según informaron voceros de la Dirección de Escuelas, quedó técnicamente libre por acumulación de inasistencias y, por lo tanto, debería repetir el año.
No obstante, las autoridades admitieron que podría reintegrarse a los estudios mediante un régimen especial ordenado por la Justicia, tal como admitió Oporto al ser consultado por LA NACION.
El compañero de banco del chico que disparó decidió irse del pueblo junto con su familia, agobiado por las sospechas de haber conocido de antemano las intenciones del joven homicida. El adolescente seguiría sus estudios en una escuela del conurbano bonaerense o de la Capital.
Los 22 promovidos del 1° B pasarán a 2º C, cuyo salón estará en un extremo del edificio escolar, lejos del aula de la masacre. Esta continúa cerrada, convertida en santuario para recordar a los chicos muertos.
La reanudación de las clases y los cinco meses transcurridos desde la locura asesina dentro del aula no alcanzaron para que las autoridades educacionales de la provincia establecieran las responsabilidades docentes por lo ocurrido. Por lo tanto, aún es incierta la continuidad de la directora del establecimiento, Adriana Goicoechea, y de otros docentes de la escuela.
En cuanto a los docentes, tras un período de numerosos pedidos de licencias, la planta de profesionales se mantuvo casi intacta. La preceptora del curso, Ana Campoy, fue asignada a otro curso del turno tarde, y el profesor de derechos humanos, Carlos Ruiz, que aquel fatídico martes debía estar al frente de la clase, se encuentra hoy con tareas pasivas en un establecimiento de San Miguel, luego de una prolongada licencia médica.
“Si corresponde, habrá sanciones que pueden llegar al relevo del cargo”, explicó Horacio Landrau, auditor general de la Dirección de Escuelas, quien precisó, además que tras la declaración efectuada la semana última por varios padres el expediente está próximo a concluirse.
Si bien Landrau no aportó más datos, extraoficialmente se supo que el trabajo había detectado fallas en la tarea del equipo de orientación escolar y, por los dichos de los alumnos, tomados de la causa judicial, se incorporaron críticas al cuerpo docente y a la conducción de la escuela.
Tal como consta en el expediente, el gabinete que atendió al adolescente que mató a sus compañeros había escuchado revelaciones del chico sobre una supuesta admiración hacia la figura de Adolf Hitler o la reiteración de imágenes vinculadas con la muerte.
Dijo la nueva inspectora en jefe del distrito de Carmen de Patagones, Raquel Incaminato: “Las cosas en la escuela pudieron comenzar a encarrilarse, dentro del impacto provocado por la tragedia, y veremos lo que ocurre al comienzo del nuevo ciclo lectivo. En verdad, no sabemos lo que pueda ocurrir”.
A cinco meses del triple crimen en la escuela, los responsables del esquema de atención psicológica consideran que persiste el estado de emergencia.
“Si bien muchos de los tratamientos se suspendieron y decrecieron las consultas, el regreso a clases es un momento clave que nos va a mostrar hasta dónde se ha podido avanzar en la elaboración del duelo tras el episodio traumático vivido”, explicó Silvia Ocampos, directora del hospital municipal Pedro Ecay.
Las patologías más usuales son alteraciones en el sueño, problemas en el control de esfínteres, trastornos de comunicación y cambios de conducta, tal como apuntó el subsecretario de Salud local, Alejandro Villemur.
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