LA ECONOMÍA DE BRASIL CRECE Y DA AIRE A LULA
La economía de Brasil creció 2,7% el primer trimestre del año, se confirmó ayer. Aunque el dato había trascendido, su ratificación por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) le dio oxígeno al gobierno de Lula.
Es que se vieron caras largas en las esferas del poder luego de conocerse, también ayer, una nueva encuesta de popularidad difundida por el más prestigioso de los institutos brasileños, Ibope, y que revela una caída de la confianza en el presidente brasileño de 60 a 54 por ciento.
Quién reaccionó con euforia ante los datos estadísticos fue el titular del Banco Central Henrique Meirelles, uno de los artífices de la política económica brasileña. Afirmó que el crecimiento del producto bruto interno fue “exactamente como previmos” y que eso indica que “la economía está en el rumbo correcto”. También torna más realista la previsión de un aumento de 4% anual del PBI, que en un principio se había calculado en 3,5%.
En la visión del equipo económico, el resultado del primer trimestre confirma que la recuperación de la economía brasileña es una tendencia firme y no apenas un salto circunstancial. Los datos les dan alas a los sectores del gobierno que fueron cuestionados por la excesiva ortodoxia de las políticas adoptadas.
Del informe del IBGE se extraen otras conclusiones. El crecimiento se debe, exclusivamente, al dinamismo de las exportaciones brasileñas. En cambio, revelan un comportamiento desalentador el consumo interno y la inversión. Hasta los inversores del exterior, los más entusiastas, se mostraron remisos a apostar en Brasil. Según el Instituto de Geografía y Estadística, las inversiones extranjeras directas cayeron 26% entre el último trimestre de 2003 y el primero de 2004.
¿Cuál es la razón de esta falta de entusiasmo? Según Fernando Cardim de Carvalho, profesor titular del Instituto de Economía de la Universidad Federal de Río de Janeiro, hay algunos “elementos esenciales de fragilidad que se mantienen inalterados en el gobierno de Lula”. Para el economista, el “consumo y la inversión continúan tímidos y erráticos dado que la política macroeconómica sigue siendo contractiva”.
Según las estadísticas difundidas ayer, el ahorro bruto subió a 23,4% en el primer trimestre. Para la economista del IBGE Claudia Dionisio, esto revela que Brasil “ahorra más y consume menos”. Para Cardim de Carvalho, esto no es para regocijarse. Es el resultado, dice, de tasas de interés que resultan superiores a la rentabilidad que deja cualquier proyecto de producción.
Anteanoche, el vicepresidente de Brasil, Marcelo Alencar, denunció en público, de sufrir “censura” para evitar que reclame la baja de las tasas de interés (hoy en 16%). Un ministro de Lula, el de Integración Ciro Gomes, que fue candidato presidencial en 2002, afirmó que también había sentido presiones para silenciar demandas similares.
Ocurre, como dijo el profesor de la Universidad de Río de Janeiro, que “la reducción de intereses se choca con las expectativas de los mercados financieros, que son el mayor sostén doméstico de las políticas presidenciales”. Las estadísticas difundidas ayer revelan que el PBI de 2003 fue de 500.000 millones de dólares. Los últimos informes sobre el nivel de la deuda pública, indican que está en 325.000 millones de dólares, o sea, 65% del PBI.
Varios economistas subrayan que un crecimiento de 3,5 % en 2004 no es suficiente para remontar el prolongado estancamiento de la economía brasileña. Advierten que la expansión de las exportaciones dependerá de lo que pase en el mundo.
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