La endurece la pelea en la UCR: Volvieron a cruzar acusaciones
Virtud de Néstor Kirchner, el radicalismo quedó el fin de semana en llamas y casi al borde de la ruptura luego del encuentro que mantuvieron, en Vicente López, los referentes partidarios cercanos al Gobierno y cuando ya comenzó la cuenta regresiva para la Convención Nacional del partido, que se reunirá el viernes 25 para trazar una estrategia de confrontación con el Presidente. Ayer, sobresalieron los cruces de acusaciones entre estos dos sectores de la UCR, una secuencia que probablemente se repita hasta el día de aquella reunión definitoria.Si esto fuera un ring: en una esquina, se situó el alfonsinista Leopoldo Moreau, uno de los principales impulsores de la candidatura presidencial de Roberto Lavagna; en la otra esquina, Gustavo Posse, el joven intendente de San Isidro que se ha convertido en uno de los máximos exponentes de lo que ya se ha dado en llamar el "radicalismo K".Para criticar a la conducción orgánica de la UCR, Posse apeló a una figura que, seguramente en forma involuntaria, remitió a la verba de Elisa Carrió: dijo que esos dirigentes son la "vieja matriz política" y aseguró que no tienen cabida dentro de la concertación que ellos impulsan. "La aparición de Lavagna —agregó— tiene que ver con la necesidad del alfonsinismo y del duhaldismo de volver a estar en competición, porque no podían participar de un acuerdo con Kirchner al viejo estilo del pacto de Olivos".Moreau, ex legislador por varios períodos y hoy en el sector privado, definió a ese esquema rival como "un cóctel explosivo populista" que está armando Kirchner con "ex peronistas, ex menemistas, ex cavallistas, ex duhaldistas y ahora, también, con muchos ex delarruistas". Lo dijo en diálogo con este diario.Agregó: "Lo increíble es que dicen ir a una concertación que no convocó nadie. ¿Sobre qué se concerta? ¿Quien puso las bases? Si Kirchner sólo habló de pluralidad y siempre que sea con gente que piense igual que él".El sábado, los radicales K —183 intendentes, cuatro gobernadores y muchos concejales— decidieron sumarse oficialmente a un espacio pro Kirchner que insisten en definir como "concertación". Eso sí: aseguran que no perderán identidad ideológica. Resolvieron, además, no concurrir a la Convención Nacional de fin de mes, que se reunirá en Rosario y donde se aprobaría el respaldo a la candidatura de Lavagna.Sus rivales, los radicales que manejan el partido, saben que esa reunión es decisiva en esta pelea intestina: si los correligionarios K no concurren quedarán fuera de radicalismo, un estatus que muchos ya les endosan. No porque vayan a expulsarlos oficialmente sino porque la Convención Nacional fija la política de alianzas y no les dará lo que buscan. Esto es: que gobernadores e intendentes tengan libertad de acción en sus distritos para fijar los acuerdo electorales que más les convengan. Léase, por ahora, cerrar filas con Kirchner. Entonces no tendrán más remedio que ir por afuera del partido."Una cosa es el acuerdo programático que se puede transparentar y exhibir a todos con muchísima antelación y otra cosa es la práctica de Comité, ocultista, para sorprender a todos", señaló Posse en declaraciones radiales y en referencia al sector lavagnista del radicalismo.Moreau, por su parte, rechazó ese golpe y contraatacó. Dijo: "La autenticidad de las convicciones que ellos dicen tener sobre los motivos por los cuales hay que acercarse al Gobierno la van a poner a prueba con la decisión de ir o no a la Convención. Si van, es para debatir la conveniencia de llevar al radicalismo a una concertación de políticas de Estado, aún a riesgo de que su posición no sea votada. Si no van y rehúsan el debate es porque sólo piensan en un negocio electoral con el kirchnerismo"."Libertad de acción no; esa es la posición de un partido cobarde que no sabe qué hacer, y el radicalismo sabe qué camino tomar", sostuvo en su momento el mendocino Roberto Iglesias, titular de la UCR. Lo del sábado en Vicente López, donde se bautizó al sector K como Movimiento Federal Radical, tiene como cabeza a su archienemigo de pago chico, el gobernador Julio Cobos, quien suena como posible vice de Kirchner en una reelección.
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