LA EPIDEMIA DE SIDA NUNCA HABÍA SIDO TAN GRAVE
En Mamelodi, Sudáfrica, el sida hace estragos. Es el país del mundo con mayor número de infectados. Allí vive Susan Nongago, en una casa muy pequeña. Apenas caben una cama, una mesa y dos sillas. Desde comienzos de año, la mujer, de 63 años, pasa sus días allí con sus nietos Eunika, de 13 años; Florence, de ocho, y Francina, de cuatro. La madre de los niños murió en enero. ¿De qué? “De la enfermedad”, dice Suzan Nongago. “La enfermedad” es como llama al sida.
Un informe oficial dado a conocer ayer por Onusida, el programa conjunto de las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud, lo dice claramente: el sida tiene atenazada a Africa, el continente donde viven más de 26,6 millones de los 40 millones de infectados con el HIV en todo el mundo.
Nunca antes, señala el estudio, el número de infecciones y muertes por HIV/sida había sido tan alto: en 2003 hubo cinco millones de nuevos infectados y murieron tres millones a causa de la enfermedad.
Además de Africa, donde el 20% de la población adulta tiene sida, la epidemia avanza rápidamente en Asia y Europa oriental. Pero en América latina y el Caribe el sida se cobró 100.000 víctimas mortales el año pasado, el número más alto de mortalidad regional luego del Africa subsahariana y Asia.
Abuelas coraje
A fines del año pasado, 5,3 millones de sudafricanos eran HIV positivos. En Mamelodi, un pueblo cercano a Pretoria, la capital sudafricana, un 40% de los habitantes son HIV positivos. La desesperación y el desconsuelo van de la mano en la localidad de un millón de habitantes, en la que se ven cobertizos a punto de derrumbarse junto a pequeñas y elegantes casitas.
La superstición empeora las cosas. Mamelodi tiene una de las tasas de violación más altas del país. La causa principal es el mito según el cual mantener relaciones sexuales con una virgen cura el sida.
Cuando mueren los padres, los hijos quedan huérfanos. Por eso la epidemia convirtió a las abuelas sudafricanas en las heroínas de la lucha contra el virus.
Para la mayoría de estas mujeres eso significa un gran esfuerzo económico. El Estado paga 700 rands, unos 100 dólares por mes, por cuidar a cada nieto. Como las abuelas, muchas ex enfermeras y asistentes sociales renuncian a su descanso como jubiladas para asistir a los enfermos.
Un estudio realizado en esta zona detectó 460 niños huérfanos por causa del sida.
“Vivían con sus padres enfermos. Algunos ya estaban muertos o a punto de morir. Unos 600 no tenían ningún ingreso y muchos vivían literalmente en la calle”, dice Dudu Skosana, de la aldea infantil SOS.
Un avance alarmante
El informe “Situación de la epidemia de sida, diciembre de 2003”, difundido en el marco del Día Mundial del Sida que se conmemora el próximo 1° de diciembre, sostiene que en América latina y el Caribe viven dos millones de afectados.
La prevalencia del HIV es de por lo menos el 1% en 12 países de la cuenca del Caribe, mientras que la mayoría de las naciones de la región presenta epidemias altamente concentradas, especialmente en América del Sur, donde Brasil mantiene las estadísticas más altas.
“En la mayor parte de los países sudamericanos el HIV está transmitiéndose básicamente por medio del consumo de drogas intravenosas y las relaciones sexuales entre varones”, considera el documento.
Pero el informe mundial estima que “en algunos países del Africa subsahariana los altos niveles de mortalidad por sida coinciden ahora con la elevada tasa de nuevas infecciones, creando un ciclo de enfermedad y muerte debido en gran parte a la falta casi absoluta de programas de prevención y tratamiento de gran alcance”.
El número estimado de personas que viven con sida en el mundo llega a 40 millones (de 34 a 46 millones); hay 2,5 millones de niños menores de 15 años, y de este conjunto (3 millones de muertes y cinco millones de nuevas infecciones este año), en el Africa subsahariana se produjeron 3 millones de nuevos contagios y 2,3 millones de muertes.
Esto implica que durante 2003 el planeta registró 14.000 nuevos casos por día, el 95% de los casos en países de bajos y medianos ingresos. La epidemia, por otra parte, impacta cada vez más entre las mujeres.
Peter Piot, director ejecutivo de Onusida, sostuvo que “el mundo está desplegando ahora una respuesta más enérgica, pero es evidente que nuestros esfuerzos continúan siendo manifiestamente insuficientes para una epidemia que no cesa de crecer”.
El informe muestra, entre otros puntos alarmantes, que Europa oriental (por ejemplo, Rusia) y Asia central (China, India, Indonesia) “podrían pasar a ser el centro de nuevas epidemias graves de HIV”, ya que “las tasas de prevalencia continúan creciendo sin disminución”. La epidemia, además, mostró signos de expansión en regiones donde no se encontraba o era prácticamente inexistente, como zonas de Asia y el Pacífico.
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