La escolaridad al palo
A José Font lo llamaban “Facón Grande”. Fue uno de los obreros anarquistas caídos en la huelga del 21. En la meseta patagónica es una leyenda y en la escuelita que lleva su nombre una presencia permanente. Justamente, la escuelita José Font es un espacio que a cualquiera que pase lo reconcilia con la idea de la educación que la Ley Federal bastardeó hasta verla arrastrarse por el piso.
¿Cómo es que en un país que en sus bustos suele homenajear a sus victimarios una escuela lleva el nombre de una víctima? Daniel Soutullo, el director de la José Font, cuenta que “los alumnos fueron los que decidieron llamarla así. Había varias propuestas y finalmente esta fue la que prosperó”. Esto no hace más que hablar de cómo está instalada la memoria por estos lares.
Y hay más. Cuando Internet era una cosa que se oía por la televisión de Buenos Aires, los alumnos de la José Font concursaron en olimpíadas de Internet y ganaron el primer premio. El tema elegido fue la huelga del 21, entre otras historias bien del sur y el resultado final les valió que ahora tengan Internet satelital, ya no solo para ellos, sino para una comunidad que se representa bien en el particular colegio.
Los pibes se dieron el gustazo de salir hasta en la tapa del Clarín. Pero bien rápido aprendieron también que las tapas de los diarios no son para todos los días y siguieron trabajando en otras iniciativas. Hoy tienen una radio, una biblioteca popular que es un ejemplo y un vínculo con la sociedad que tendría que ser más que natural, pero que es infrecuente hallar.
A lo largo de su corta vida –la José Font nació en 1995- sus alumnos trabajaron en varios originales proyectos que la convierten en una escuela modelo. Capacitación en diseño de microemprendimientos productivos, física aplicada, investigación en ciencias sociales, son apenas algunos de los trabajos desarrollados en un lugar en donde creer que un cambio es posible no es una quimera.
En cuanto a la radio, está regida por un directorio de alumnos y su programación netamente dirigida a los jóvenes. Actualmente cuenta con una veintena de programas propios que la gente de Gregores hace suyos y está equipada con elementos técnicos que generarían la envidia de otras radios de características similares concebidas para fines netamente comerciales.
“Pensamiento Libre”, que así se llama la biblioteca a sugerencia del alumnado de la José Font, tiene una foto del Che Guevara en la pared. Un preceptor le regaló a los pibes el retrato, después que ellos hicieran un trabajo para preguntarse si el Guerrillero Heroico era una estampita o un tatuaje, bastante más que eso o todo eso junto. Facón Grande no conoció a Guevara pero los reconstruyen a los dos en una escuela.
Y a propósito de Font, en la escuela reclaman por una foto de primer plano del hombre que da nombre al establecimiento. Dicen que nadie le sacó una foto así en vida y que no tienen cómo hacerse con este recuerdo necesario. Mientras, con el trabajo diario, van tallando los rostros de los pibes con el aire de la libertad que respiraba aquel inspirador muerto en la Patagonia Trágica
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