LA ESCUELA PARA CIEGOS DE ROSARIO NO DA CLASES POR PROBLEMAS EDILICIOS
Los padres de los 120 chicos ciegos, disminuidos visuales y multiimpedidos de la Escuela Nº2.081 (San Lorenzo 2356) ratificaron ayer en una asamblea que no ingresarán con sus hijos a clase hasta que los reciba la ministra de Educación de la provincia, Adriana Cantero. La indignación de los papás apunta a que, a más de una semana de iniciado el ciclo lectivo, aún no aparecen soluciones para los distintos problemas edilicios que presenta el establecimiento: una sede con todo tipo de barreras arquitectónicas para sus hijos y la pérdida de dos anexos con que la escuela contaba hasta el año pasado, lo que lleva a que en la actualidad el colegio esté abarrotado de chicos. La situación está al límite porque en todo el sur santafesino no existe otra escuela para niños ciegos.
La escuela ya apareció en una nota de La Capital el domingo pasado porque es una de las que en Rosario todavía no tiene lista su conexión de gas, razón por la que durante la semana pasada directamente no empezó las clases. Esas obras están en curso, pero recién quedarán listas en unos días.
De todos modos, ese dista de ser el único problema de la también única escuela para niños ciegos e impedidos visuales que reúne la población del sur santafesino (la otra está en la ciudad capital). Bien mirado, quizás ni sea el inconveniente mayor.
Según relató la vicedirectora de la 2.081, María Carla Troiano, el año pasado perdieron los dos anexos prestados que tenían en Moreno al 600, donde funcionaban la EGB 3 y los talleres de formación profesional básica, a los que asistían todos los chicos de entre 4 y 16 años.
Aunque la partida ministerial para alquilar un nuevo espacio está, no logran dar con un inmueble: padres y directivos se abocaron a la búsqueda durante todo el verano, pero no encuentran un lugar adecuado y la cartera educativa delegó en ellos esa tarea. Lo cierto es que, hoy por hoy, la sede de calle San Lorenzo está abarrotada y no pueden desarrollar múltiples actividades, como los talleres.
ESCALERAS Y PUERTAS DE VIDRIO
Y no es todo: la casa (propia) de San Lorenzo está construida en tres pisos: una planta baja, llena de desniveles y puertas corredizas de vidrio; una planta alta, con las aulas, y una terraza que hace de patio para el recreo y también tiene un salón.
Por eso, para ir de un piso a otro, 120 chicos que directamente no ven, que apenas ven o que suman discapacidades simultáneas a la visual (por ejemplo, motrices y psicológicas) deben subir por una escalera exterior (“llueva o truene”, dicen) porque la que está adentro sale de un salón y llega a otro, y su uso implica interrumpir constantemente las actividades que allí se desarrollan.
Por todas estas cosas, los padres de los chicos, que ya pidieron varias veces audiencia con la ministra y hasta ayer no habían conseguido tener una fecha cierta de reunión, decidieron no mandar a sus hijos a clases.
Y aunque ya se cumplió con el acto formal para inaugurar el ciclo lectivo, resolvieron mantener la medida hasta que Cantero los escuche. Al respecto, Troiano recordó que la queja más frecuente de los padres es que en todo el sur de Santa Fe, y no sólo en Rosario, “carecen de cualquier otra opción educativa adonde mandar a sus hijos”. Por eso, dijo, “están como locos”.
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