"La experiencia dramática", nuevo libro de Sergio Chejfec
En "La experiencia dramática" del escritor Sergio Chejfec, una pareja comparte encuentros urbanos que se traducen en un "despliegue del pensamiento", como lo define su autor, con reflexiones por el pasado y el presente de sus vidas por medio de un relato que cabalga entre la novela y el ensayo literario.
El libro, publicado por Alfaguara, narra los encuentros de dos personajes, Rose y Félix, cuya primera motivación está dada por el simple acto de conversar a través de caminatas en una ciudad anónima bajo la pregunta incesante, aunque involuntaria, de saber en qué consiste la experiencia dramática.
El título, que en la lectura condensa su originalidad, revela "una frase que pretende ser un leitmotiv en la medida en que se relaciona con la idea de experiencia vinculada al sufrimiento, al trauma. Pero también es la experiencia que se representaría en cualquier situación ya sea dramática o no", cuenta a Télam Chejfec.
Así se despliegan una serie de temas cotidianos desde el vagabundeo mental de los protagonistas, con pensamientos, indagaciones y recuerdos de un narrador con vida propia: "El pretende controlar los hilos de lo que ocurre no sólo alrededor de los personajes sino en la cabeza de ellos", considera el autor.
Entendido más como un relato que como una novela, el libro coloca a Chejfec en otro plano discursivo, ya que "las novelas tienden a organizarse alrededor de los personajes. En cambio, la idea de relato se inscribe más en la voluntad del que narra para organizar los hechos desde su propias motivaciones subjetivas o abstractas", explica con ritmo pausado pero intenso.
"Mis novelas no avanzan gracias a la intriga o la resolución de conflictos; el lector probablemente no se sienta motivado para querer saber cómo se resuelve. Más bien es el desarrollo de una reflexión", ilustra este escritor que en los 90 dejó la Argentina, vivió en Venezuela y ahora reside en Estados Unidos.
En ese sentido -continúa- "se evidencia un componente ensayístico que deriva de las preguntas que se hace el narrador sobre lo que ocurre a través de la conciencia de los personajes".
La singularidad del libro emerge por la forma en la que está delineada la narración, configurada en el soporte del pensamiento.
"A primera vista puede parecer que no cubre muchas cosas pero ocurren bastantes, una buena cantidad de episodios y peripecias sólo que no están organizadas de una manera usual", explica.
El escritor da vueltas sobre la idea de "navegación mental" y reitera que su literatura está más bien vinculada "al despliegue del pensamiento y de la conciencia". En primer lugar está "el punto de vista del narrador, una especie de personaje supremo que media entre el lector y la historia y al mismo tiempo organiza, clasifica y discrimina".
Consciente de la diferencia con otros arquetipos literarios, Chejfec entiende que "los lectores están acostumbrados a que el narrador tenga una `posición objetiva´, como si las acciones pertenecieran al mundo de lo real. Me siento más de acuerdo cuando el narrador es también un producto de la propia ficción".
La sensación de atemporalidad, anonimato y universalidad de la trama, sin dejar de lado su cuota de realidad humana, es "una especie de juego que uno quiere establecer, un vínculo medio evasivo entre la idea de determinación y la de indeterminación".
Por eso, argumenta, "en mis novelas los escenarios a veces están completamente determinados con el nombre de un sitio y otras no. Hay novelas ancladas en una ciudad o en un personaje que disparan un mundo de alusiones verificables o podemos encontrarnos con sistemas más evasivos".
La idea de imprecisión atrapa la lectura del libro y genera efectos de incertidumbre que son contrapuestos con "una especie de obsesión por determinar muy detalladamente algún tipo de precisión respecto del paisaje", desliza Chejfec, cuyo modo de escribir es más bien "una especie de intuición con un movimiento espiralado", enfocado en la "divagación o expansión".
En el volumen también se vislumbra la frontera entre lo aparente y lo real: "juego con la apariencia, que es propio del interior de la historia, pero alude también a la vida real", dice este escritor, que también es profesor en una maestría de literatura creativa en español en una universidad norteamericana.
El autor de "Lenta biografía", "Baroni: un viaje" y "Mis dos mundos", entre otros libros, supone -algo reticente- que sus lectores deben ser "un poco abstractos", porque las interpelaciones dirigidas a ellos "no pasan por querer amarrarlo, sino más bien son operaciones encaminadas a un tipo de lector más cerebral".
En muchas de sus novelas ese flujo de pensamiento incorporado a la narración "hace que el narrador y lector ocupen un mismo lugar virtual", analiza el autor, que siempre piensa en un público argentino.
El caminar no es un dato menor en la novela, por el contrario es el impulso de una cadena de vuelos pensativos que tal vez tengan que ver con la significancia propia que le otorga el escritor: "La caminata es casi la única actividad humana que no ha sido colonizada por la economía", se consuela.
En el caso literario "es como un desplazamiento. Y bajo esta premisa, se estructura el libro: se somete a cosas desconocidas, hay recuerdos, reflexiones. Una manera natural de encarar una narración, el comienzo de una historia", redondea.
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