LA EXPLOSIÓN DE LA FÁBRICA MILITAR NO HABRÍA SIDO ACCIDENTAL
No asistió ninguno de los tres jueces del Tribunal Oral Federal N° 2. Ni siquiera su secretario, Abel Sánchez Torres, estuvo presente, ayer, en la primera de las tres jornadas de peritajes oficiales que resultarán decisivos para determinar si la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero, que en 1995 mató a siete vecinos y destruyó tres barrios de esa ciudad, fue intencional.
.
Y el primer día de pruebas en este páramo salpicado de cactus que es el Polígono de Artillería de Salinas Grandes, casi en el límite con La Rioja, demostró, según los tres abogados querellantes, que el fuego que se inició a las 9 del 3 de noviembre de 1995 en la Planta de Carga de la Fábrica Militar no fue accidental.
.
“Con las pruebas de hoy (por ayer) quedó claro que de la única forma que pudo comenzar el fuego fue con elementos que no estaban en ese sector de la fábrica”, dijo Horacio Viqueira, ex diputado del Frepaso y abogado, junto con Aukha Barbero, de la querellante Ana Gritti.
.
La abogada Gritti, cuyo esposo es una de las siete víctimas, precisó que ayer se realizaron 21 pruebas bajo el control de cuatro peritos oficiales de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Córdoba, y de dos peritos de parte.
.
También asistió el coronel Gabriel Cordero, jefe de la Fábrica Militar de Río Tercero, planta de la cual depende este polígono de tiro. Las pruebas integran la instrucción suplementaria del juicio oral que comenzará a principios del año próximo.
.
Entre 1993 y 1995, aquella fábrica fue el centro de recepción de los cañones, obuses, morteros y municiones del Ejército que, tras ser acondicionados en contenedores, se despachaban al puerto de Buenos Aires y partían en los buques de la Croatia Line conformando el contrabando de armas a los Balcanes. La fábrica estalló cuando la investigación judicial empezaba a avanzar sobre el papel del armamento del Ejército en los envíos ilegales a Croacia. La explosión sirvió para justificar el faltante de armamento y la pérdida de documentos.
.
Sin causa aparente
.
Los 21 peritajes de ayer estuvieron dedicados a explicar un misterioso hecho que antecedió las explosiones: un fuego que sin causa aparente se originó, según los operarios de la planta de carga, en un tambor con trotyl, un explosivo muy difícil de encender y que sólo explota a muy altas temperaturas y un detonador.
.
Viqueira recuerda que los testigos de ese sector declararon que del tambor surgió una llama como de soplete que primero alcanzó 20 centímetros de alto y pronto llegó a los dos metros, antes de propagarse a otros tambores.
.
Emilio Ostera, un operario, declaró hace tiempo que junto a ese tambor había sorprendido a alguien con uniforme militar, a quien nunca había visto en la fábrica. Algunas de las pruebas realizadas volvieron a descartar que el fuego surgiera de una colilla de cigarrillo o por efecto lupa.
.
En cambio, dijo Gritti, tres de las pruebas efectuadas con alcohol gelificado, exógeno y pólvora granular produjeron una llama similar a la que vieron los operarios.
.
Como ninguna de esas sustancias se encontraba en la planta de carga el día de la explosión, los querellantes sostienen que alguien las colocó adrede. Luego fue tarde. Pese a sus esfuerzos para apagarlo, el fuego ardió.
.
Este contenido no está abierto a comentarios

