LA FALTA DE CÓDIGOS
“Acá hay cosas que ya no se respetan. Los más chicos hacen dentro del penal lo mismo que hacen afuera. Matan por la espalda y por nada, por robarte cosas mínimas. Como afuera. Se creen grosos, pero tienen los dientes picados de tanto robar bazooka de los kioscos”, asegura un interno que lleva más de 15 años en el penal.
Para él, el cambio en la composición de la población carcelaria es el factor determinante para explicar este tipo de hechos: “Antes dirimíamos nuestras diferencias de otra manera. Acá, te desafiaban a pelear, te tiraban la faca en el piso y te desafiaban. Si querías pelear, la agarrabas. Sino, agachabas la cabeza y todo quedaba ahí, pero después no matabas por la espalda”.
Y cuenta un hecho que le llamó la atención. Dice que antes, cuando venía un preso desde otra cárcel, por haber participado de un motín, se lo respetaba, ingresaba al pabellón con ese cartel. Hace unos meses, llegaron a Coronda dos que habían estado en un motín en Córdoba. “Al otro día, les robaron todo, no les quedó nada, los dejaron en bolas. No lo podían creer”.
“No entienden nada, no entienden que la mayoría de los que estamos acá queremos estar tranquilos, sin problemas, porque queremos salir. Ellos ingresan por haber robado un televisor, una video, y acá adentro se terminan cagando la vida, porque se mandan cagadas peores que afuera”, dice.
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