LA FALTA DE CONCIENCIA ANTITABACO EN LA UNR COMPLICA A UNA ALUMNA
Pese a que en el ámbito municipal rige una norma que prohíbe fumar en instituciones educativas y la propia Universidad Nacional de Rosario (UNR) tiene una resolución que “insta” a sacar el cigarrillo de las aulas, en las facultades se fuma. Por eso, una alumna de Comunicación Social que padece una enfermedad y cuyos pulmones no resisten el humo se ve en dificultades para seguir estudiando. M.A. tiene 18 años y padece fibrosis quística, un cuadro hereditario que afecta sobre todo las vías digestiva y respiratoria, y que le trae frecuentes infecciones pulmonares. Por eso, después de ingresar a Comunicación Social y ver que allí se fumaba, una asistente de la Asociación Rosarina de Ayuda al Enfermo Fibroquístico puso al tanto del caso a las autoridades de la facultad. Supuestamente, acordaron que nadie fumaría en las clases a las que asiste M.A. Sin embargo, no faltaron transgresores y hace unos días hasta una docente prendió un cigarrillo argumentando incontenibles “ganas de fumar”.
M.A. debe tratarse todos los meses con antibióticos y cada día con nebulizaciones y quinesioterapia. Como el humo del tabaco puede producirle infecciones pulmonares, no le es fácil ir a bares y boliches. Sin embargo, nunca pensó que también le resultaría difícil estudiar, porque tanto docentes como estudiantes de la Universidad fuman en clase.
Paradójicamente, en la UNR rige una resolución que insta a no hacerlo y los propios consejos directivos de cada facultad resolvieron recomendar un ambiente libre de humo. Aun así, las autoridades universitarias admiten que el cigarrillo no desapareció de los claustros y en la mayoría de los casos sólo la buena fe o el consenso puntual regula si se fuma o no en clase.
Sin embargo, la enfermedad que M.A. sobrelleva desde su nacimiento no tolera tanto debate: el cigarrillo le hace mucho, pero mucho mal, y debe estar en ambientes sin humo. El relato de la madre fue elocuente. “Que le fumen al lado es como clavarle un puñal en una herida”, graficó.
CARTELES INÚTILES
La adolescente ingresó a la facultad más o menos tranquila tras advertir carteles que rezaban “No fumar”. Sin embargo, tardó poco en darse cuenta de que la prohibición se transgredía y por ello una asistente social de la Asociación de Ayuda al Enfermo Fibroquístico fue quien se dirigió a hablar del caso con el decano de la Facultad de Ciencia Política (de la que depende Comunicación Social), Fabián Biciré.
El propio funcionario recordó que después de esa charla se convino con la Secretaría Estudiantil de la facultad garantizar que en las clases donde asistía la chica nadie fumara. Sin embargo, también admitió que “es difícil controlar” el cumplimiento de la directiva y que “muchas veces los estudiantes y hasta los mismos docentes fuman en clase”.
Pero el hecho que terminó de colmar la paciencia de la madre de M.A. ocurrió hace unos días. “Aunque la mayoría de sus compañeros se solidarizó con el pedido y sólo unos pocos fumaban, ya fue el colmo que quien lo hiciera fuera nada menos que la profesora, aduciendo que tenía demasiadas ganas de fumar”, explicó.
Lo cierto es que, pese a la esperable timidez de cualquier ingresante, la chica se atrevió a encarar a su docente. “Al final quedó todo bien, llegaron a un acuerdo”, sostuvo su mamá. Aun así, y más allá de la situación puntual, la mujer se preguntó por qué cuesta tanto entender que el humo del cigarrillo pueda resultar fatal para alguien y por qué debe pedirse que no se fume como un favor.
El decano, por su parte, prometió volver a dar batalla por el asunto. “Vamos a hablar nuevamente con el secretario estudiantil porque este es un tema que tendrán que comprender tanto docentes como estudiantes”, aseguró, especialmente “en un caso tan agudo”.
Aunque desde el Ministerio de Salud de la Nación confirmaron ayer que no existe todavía una norma para prohibir el cigarrillo en los ámbitos de esa jurisdicción, ya fue enviado a Diputados un proyecto de ley que impulsa restringir el consumo del tabaco impidiendo que se fume en cualquier espacio público cerrado.
A nivel municipal sí rige desde 1998 una ordenanza que prohíbe fumar en distintos espacios públicos, entre ellos hospitales e instituciones educativas. Tan es así que, en septiembre del año pasado, el director de Inspección, Claudio Canalis, reivindicó el poder de policía municipal sobre la materia aun dentro de los claustros. Sin embargo, también admitió que la comunidad universitaria no es un hueso fácil de roer y se propuso un tímido objetivo: al menos, dijo, “concientizarla”.
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