LA FERIA DEL LIBRO FACTURÓ MÁS QUE EL AÑO PASADO
La 32a. Feria Internacional del Libro de Buenos Aires cerró ayer sus puertas con un saldo muy positivo: hubo más expositores y stands que en 2005; la facturación creció un 18% (el precio de los libros creció un 9% entre un año y otro); la feria recuperó un público más lector que meramente consumidor de las propuestas que ofrece un paseo cultural, y puso a disposición de la gente un diseño más eficiente y visualmente más atractivo de los stands.
La afluencia de público fue muy similar a la del año pasado (1,2 millones de personas, según el cálculo de los organizadores), pero se observó una menor presencia de visitantes extranjeros.
Otro dato destacado fue el éxito de ventas que protagonizaron los libros de historia argentina y los best-sellers inspirados en “El Código Da Vinci”, la polémica obra de Dan Brown.
Entre los puntos débiles de la feria puede consignarse el sonido y la acústica de las salas fue deficiente en varias ocasiones, lo que dificultó el normal desarrollo de algunos actos.
El presidente de la Nación, Néstor Kirchner, no concurrió este año a la muestra, aunque sí lo hizo la primera dama, senadora Cristina Fernández de Kirchner, quien participó el fin de semana último de un acto junto con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
Durante la muestra que concluyó ayer y que brilló durante tres semanas desde el 17 de abril último -fecha de inicio de las jornadas profesionales y educativas- quedó demostrado el crecimiento que tiene, entre la gente, la narración oral y la poesía. El 11° Encuentro de Narradores Orales, coordinado por la reconocida Ana Padovani, tuvo un promedio de 800 asistentes de todo el país, al que se sumaron cuentacuentos de España, Portugal, Chile, Brasil y Perú. En sus inicios, este foro tenía una concurrencia de 150 personas.
La novedad de este año fue el Festival Internacional de Poesía, coordinado por la poeta Graciela Aráoz, que tuvo una asistencia de 1500 personas en cuatro días y contó con poetas de nueve países, incluida una representante de Japón. Desde la perspectiva del respetado editor Antonio Sempere, de 90 años, que aquilata una extensa experiencia en el mercado editorial, “durante esta Feria pudo apreciarse una mejora en la calidad de la concurrencia. Quiero decir que hubo un público más lector que en los últimos años”. Y el dato aparece abonado por la evaluación de Riverside Agency, distribuidora de sellos como Anagrama o Siruela. “Hubo más argentinos que consultaron y se llevaron títulos específicos, y menos extranjeros que compraron ediciones más caras o de lujo”. En este stand firmaron ejemplares las estrellas de esta Feria: Hanif Kureishi, Siri Hustvedt y Enrique Vila Matas. Las filas de lectores superaron las expectativas del expositor.
Hubo, siguiendo la tradición del lector argentino, más ventas de novelistas extranjeros y ensayistas locales. Los editores de Sudamericana, Planeta, Norma, Alfaguara y de los libreros de Cúspide, Distal y Dickens difieren en el enfoque. Los libreros dicen que la narrativa argentina se vende bien en la Feria en proporción a la oferta disponible y a los precios. Por ejemplo, Fontanarrosa o Federico Andahazi vendieron muy bien.
Los jóvenes, protagonistas
En el stand de Ediciones de la Flor, el caricaturista rosarino firmó ejemplares ante un público juvenil y seguidor. Los editores coinciden en que los narradores argentinos son más estilistas y menos inclinados a contar historias en sentido convencional, es decir, con “gancho” de best seller, por lo que la no ficción entra mejor en el gusto local. “La oferta de narrativa extranjera es mayor, por eso se vende más”, dijo a LA NACION Susana Fernández, del stand de Cúspide-Edhasa-Salamadra.
El espacio de V&R Editoras, sello de Trini Vergara y Lidia Riba, los libros- regalo concentraron a un público adolescente que colmó cada tarde el stand. Cabe puntualizar que los jóvenes fueron una presencia activa en esta Feria, colmando cada día el Espacio Joven, con un promedio de 3000 chicos por día.
Los más vendedores en esta Feria fueron los escritores que, a su vez, protagonizaron actos culturales. Entre los extranjeros, Arturo Pérez-Reverte, Laura Esquivel, Rosa Montero, Alejandro Jorodowsky y la sexóloga Alejandra Rampolla. Entre los argentinos, Felipe Pigna, con más de 1200 ejemplares de sus mitos históricos y su último libro “Lo pasado pensado”; José Ignacio García Hamilton, con su propuesta sobre “Por qué crecen los países”; Nelson Castro, con su ensayo “Enfermos de poder”; Horacio Verbitsky, con “Doble juego”; Adrián Paenza, con “Matemática ¿estás ahí?”, y las obras de Griselda Gambaro y Lucía Gálvez.
De todos modos, los libros más vendidos no coinciden nunca con los más consultados, según la información oficial de los organizadores. Por ejemplo, las consultas en materia de narrativa argentina están por encima de las que se registran en temas religiosos y de adivinación, rubro en el que entran, por ejemplo, “El Código Da Vinci” y sus sucedáneos. Y entre los autores más consultados están Rodolfo Walsh y Julio Cortázar.
En cuanto a los actos culturales más convocantes, en salas superiores a 500 butacas con picos de más de 1000 asistentes, se encuentran los de Arturo Pérez- Reverte, Nelson Castro, Rosa Montero, Anselm Grün y Felipe Pigna, además de los organizados por Cuba, Ucrania y Armenia. En salas de entre 100 y 500 personas estuvieron los de Enrique Vila Matas, Enrique Pinti, Pino Solanas y Jorge Halperin. En el caso del escritor español fue imposible colocar una pantalla en el exterior de la atiborrada sala Sarmiento, donde quedó mucha gente disgustada por no poder ingresar.
Si lo visual y lo estético fue lo mejor de esta feria, el sonido y la acústica fue lo más deficiente, según las distintas fuentes consultadas por LA NACION, entre las que se cuentan libreros, expositores, escritores y visitantes. Hubo actos con deficiencia de sonido, debido a las interferencias de los altoparlantes de la Feria o del sonido de otros actos.
Otra de las deficiencias fue la de las salas asignadas a algunos actos cuando los asistentes superaron las disponibilidades. Según explicó la directora de la Feria, Marta Díaz, “en diciembre se cierra la lista de pedidos de salas por parte de los expositores. Muchas veces, como no han cerrado la nómina de sus invitados, los países o los editores reservan sin saber qué escritor estará o no concretan sus reservas en fecha. Así surgen problemas como los del acto de Vila Matas. La embajada de España estimó una concurrencia de 100 personas en una fecha inamovible. Se le adjudicó la que estaba disponible. Y la gente desbordó la dimensión de la sala”.
Entre otras dificultades, según señaló el presidente de la Fundación El Libro, Carlos Pazos, estuvo el hurto de libros por parte de menores que acudieron a la Feria como alumnos de colegios que entran en forma gratuita. Se labraron numerosas actas por parte de la policía.
Como en cada edición, siguiendo una tradición del mercado, vendieron sostenidamente grandes escritores ausentes, como los argentinos Julio Cortázar, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, Juan José Saer y Osvaldo Soriano, y el norteamericano Truman Capote. Y otros que ni se enterarán, tal vez, del éxito cosechado en nuestro país, como Dan Brown, cuyos libros se vendieron ininterrumpidamente en muchos stands.
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