LA FIGURA DEL PAPA SE METE EN LA CAMPAÑA Y ESTALLA UNA POLÉMICA EN ITALIA
Como ocurrió con el presidente George Bush hace unos días en Washington, también la figura del papa Benedicto XVI irrumpió en la campaña electoral italiana. Fue cuando trascendió que recibiría en audiencia al premier Silvio Berlusconi y a miembros de su alianza de centroderecha sólo días antes de las elecciones generales del 9 y 10 de abril. En un primer momento, en el Vaticano se aclaró que el gesto no significaba un sostén a Berlusconi ni una injerencia en los asuntos internos de Italia. Pero las polémicas estallaron de inmediato y el propio Berlusconi salió a aclarar al fin de la jornada que no vería al Pontífice.
“Yo no soy eurodiputado. Por lo tanto, no iré a la audiencia del Papa”, comentó anoche Berlusconi, quizás empujado por la lluvia de críticas que recibió su intención de aparecer junto al Papa en plena campaña.
Es la primera vez en muchos años que la figura de un Pontífice aparece asociada a un encuentro con políticos de primera línea durante la campaña electoral. La información inicial, luego negada por el líder conservador italiano, indicaba que Berlusconi vería al Papa en el marco de una audiencia que Benedicto XVI ha concedido a más de 200 dirigentes del partido Popular Europeo (PPE), de matriz cristiana, que se reunirán a fin de mes en Roma.
Berlusconi saludaría al Pontífice junto con Pierferdinando Casini, líder de los ex democristianos aliados a Berlusconi y presidente de la Cámara de Diputados, y Clemente Mastella, el jefe de un pequeño partido católico que integra la coalición opositora de centroizquierda.
Cuando trascendió la visita, estalló de inmediato la polémica. El líder de la Unión, la alianza opositora, Romano Prodi “que es un católico observante”, olió de inmediato el peligro de aparecer enfrentado al Vaticano y al Papa y afirmó que “el Pontífice puede recibir a quien quiere”. Pero el secretario general de los Democráticos de Izquierda (ex comunistas), principal fuerza de la oposición que lidera Prodi, consideró que la audiencia “es inoportuna” porque representa “un uso instrumental de la figura del Pontífice”. El líder de Refundación Comunista, Fausto Bertinotti señaló que “es difícil no hablar de injerencia”.
El Papa recibió hace cuatro días otra visita que causa polémicas: la del presidente del Senado, Marcello Pera, que es primer candidato a senador en las elecciones de abril por Forza Italia, el partido de Berlusconi, en dos regiones de la Italia central.
Pera es el máximo representante de los grupos neoconservadores fuertemente vinculados a los “neocons” de EE.UU., que constituyen la base ideológica de los grupos republicanos que se reconocen en Bush.
Pera escribió con el Pontífice un libro común titulado “Sin raíces”, que contiene fuertes críticas a Europa en clave pro Bush. El presidente del Senado es un “ateo devoto”, como los llaman por tratarse de no creyentes que apoyan a sectores conservadores de la Iglesia, cuyo más prestigioso punto de referencia es el Papa.
Grupos católicos contrarios a Berlusconi habían lanzado un llamado al Papa para que no recibiera al premier. Encabezaban las firmas del manifiesto el sacerdote Paolo Farinella, otros 21 curas y ocho monjas.
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