LA FINAL ESTUVO DE MÁS. ARGENTINA PERDIÓ POR 33 PUNTOS.
El Equipo de los Sueños le hizo ver las estrellas a Argentina. Un conjunto relajado por la clasificación a los Juegos Olímpicos de Atenas jugó bien algunos minutos en el inicio del partido y luego fue ampliamente superado por Estados Unidos. Fue 106 a 73. Una derrota que no mancha el prestigio del equipo de Magnano pero que terminó siendo dolorosa.
El espectáculo argentino no llegó esta vez desde la cancha, sino que bajó desde la tribuna este. Allí, cerca de 350 argentinos con banderas y remeras de distintos clubes no pararon de alentar durante el partido a pesar de la diferencia cada vez mayor a favor del Dream Team. La Selección parecía haberse equivocado de estadio y en lugar de estar jugando en el Coliseo Roberto Clemente daba la sensación de que lo hacía en el vecino de béisbol Iram Bithorn. Es que Argentina parecía jugar en otro lugar y a otro deporte…
La diferencia se ampliaba cada vez más en el primer tiempo, hasta llegar a la máxima de 79-38 en el tercer cuarto. Estados Unidos tuvo a un Tim Duncan desequilibrante. El pivote, elegido el jugador más valioso de la NBA en las dos últimas temporadas, fue terrible en ataque y su equipo tuvo una actitud defensiva para el elogio. Nunca perdió la concentración; al contrario, buscó agrandar la ventaja permanentemente. Su contracara fue la defensa argentina, de una intensidad desconocida en este equipo. Y a medida que pasaban los minutos, el equipo nacional parecía jugar peor. Estados Unidos no perdonó y con un impactante 70 por ciento de efectividad en dobles en la primera mitad.
El partido estuvo encauzado hasta el 20-15, con 8 puntos de Oberto y 5 de Ginóbili. Pero con las salidas de Oberto y Pepe Sánchez (hasta ese momento, con una buena defensa sobre Kidd) y sin Montecchia (desgarrado en el gemelo derecho), Argentina comenzó a perder terreno en el partido. Un parcial de 21-0 estadounidense entre el final del primer cuarto y el comienzo del segundo fue lapidario para el equipo de Magnano y sentenció el partido.
Argentina no intentó recuperarse y hasta les permitió demasiado lujos a los norteamericanos (sin Iverson, con un golpe en el pulgar), quienes se lucieron con tres alley oop, aplaudidos por el público portorriqueño que había recibido a Estados Unidos con abucheos y carteles ofensivos: “El dinero no compra el respeto” y “O’Neal-Martin, tonto y retonto”. Ese clima se fue revirtiendo a medida que pasaba los minutos y el equipo argentino no respondía. La Selección hizo 15 puntos en el primer cuarto y 12 en el segundo, los más bajos del equipo en el torneo.
Con la diferencia establecida en la primera mitad, el segundo tiempo (que terminó empatado 46-46) sirvió para que Argentina limpiara su deslucida imagen del inicio. Estados Unidos perdió algo de rigidez en su defensa y el juego tuvo mayor paridad. Y entre tantas volcadas estadounidenses, hasta se vio también alguna fantasía entre Victoriano y Ginóbili, los goleadores argentinos, para ponerle acento argentino al espectáculo.
Los tres minutos finales fueron a puro grito argentino. “Es un sentimiento, no puedo parar…”, gritaban los hinchas casi sin respirar. Y fueron contagiando primero a los jugadores del banco; después, a los que estaban en la cancha. Y luego a los portorriqueños, quienes terminaron aplaudiendo a la Selección de Magnano. Fue el mejor final para despedir a un equipo que perdió feo pero que cumplió su objetivo: jugar en Atenas 2004.
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