LA GUM O CÓMO MODIFICAR LA LÓGICA DEL FUNCIONAMIENTO DE OTRAS FUERZAS
“Además de los resultados objetivos que ha tenido la aparición de la Guardia Urbana Municipal, el dato más alentador es que está demostrando que seguridad no es igual a coacción. En el mediano plazo, este proceso puede hasta modificar la lógica de funcionamiento de las otras fuerzas de seguridad”. El balance en torno al primer aniversario de la puesta en marcha de la GUM pertenece a Enrique Font, criminólogo y docente de la Facultad de Derecho de la UNR. Para Font, las limitaciones legales que tienen los agentes de la GUM en lo referido a la no portación de armas e imposibilidad para detener personas, son a la vez sus principales atributos. “El problema de las policías es que están diseñadas como si el 99 por ciento de su trabajo fuera uso de la fuerza en situación delictiva. Cuando la GUM comenzó a gestarse, el gobierno municipal reconoció que el 90 por ciento de los conflictos urbanos no requieren del uso de la represión”, reflexionó el especialista en criminología.
En diálogo con Rosario/12, Font analizó el desempeño de la Guardia Urbana a 12 meses de haber iniciado su tarea en las calles de la ciudad, en su doble condición de especialista en la materia y asesor técnico de la GUM.
Según Font, “desde hace unos años los municipios se vieron forzados a trabajar en seguridad. Lo que ocurre es que cuando la gente pide mayor seguridad no analiza juridicciones, no divide entre áreas municipales, provinciales y nacionales, mezcla todo”.
En ese sentido destacó que “Rosario está muy bien posicionado para trabajar políticas públicas ligadas a la seguridad porque ha implementado políticas de inclusión, de participación democrática, de descentralización y el gasto social es significativo. Rosario está bien situada para meterse en el tema seguridad por la aplicación de esas políticas. Los niveles de seguridad óptimos no se consiguen vía represión del delito y construcción de cárceles sino por la aplicación de un conjunto de políticas sociales. Cuando se agudiza la no distribución de la riqueza, el desempleo y la degradación institucional aparece la inseguridad”.
“Allí -continuó Font- la policía cumple el rol de gerenciadora de las economías delictivas. Un organismo de seguridad lo que tiene que hacer es mantener un nivel de orden razonable e intervenir en las economías delictivas, desbaratando las redes donde después se comercializa el bien robado. El problema de las policías es que están diseñadas como si el 99 por ciento de su trabajo fuera uso de la fuerza en situación de delito. Cuando la GUM se armó, el municipio reconoció que el 90 por ciento de los conflictos urbanos no requieren del uso de la coacción”.
-En ese escenario, ¿qué balance hace del funcionamiento de la GUM?
-Positivo. No tuvo denuncias de abusos de autoridad y las que tuvo vinculadas a corrupción derivaron en desplazamientos de los agentes cuestionados. En el imaginario colectivo la seguridad se asocia con uso de la fuerza y castigos, cuando eso en muchos casos tiende a agravar los conflictos. Las herramientas claves para darle seguridad a una ciudad son: tener buen nivel de aceptación social, transparencia, capacidad de resolver más que de sancionar problemas y establecer buena cantidad de flujos de información desde la población.
-En la práctica, ¿ha tenido buenos resultados su actuación?
-El vínculo cotidiano es bueno y ha dado resultados. Por mencioanr algunos ejemplos, el patrullaje sistemático en el microcentro logró disminuir los hurtos y arrebatos. También se logró prevenir abusos a menores en situación de calle. Se instaló la idea de que el acta de infracción es la última etapa de una intervención. Lo mismo se está haciendo con la aplicación de sanciones, se intenta demostrar en quien la recibe que no lo vea como algo injusto ni como un afán recaudatorio de la Municipalidad. Pero lo más importante es que este proceso puede hasta modificar la lógica de funcionamiento de las otras fuerzas de seguridad provinciales y nacionales. Puede ser un fuerte motor para producir transformaciones en la policía.
-Para usted, ¿la ciudad es más segura ahora que hace un año?
-El impacto en la seguridad vendrá por añadidura, con el paso del tiempo, cuando se construyan espacios de convivencia en los que el Estado muestra presencia con la coacción como último recurso. Es un proceso cultural.
-¿Notó en este año superposición de tareas entre la Guardia Urbana Municipal y la policía provincial?
-El monopolio de la coacción lo tiene la policía. La GUM podría tener, pero lo rechazó, capacidad de arresto ante delitos flagrantes, potestad que incluso tienen los ciudadanos particulares de acuerdo al Código Penal. Esa fue una decisión estratégica acertada. Para el mediano plazo hay que lograr una verdadera coordinación entre ambas organizaciones.
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