“LA HEPATITIS A ES UNA VERGUENZA SOCIAL MÁS QUE UNA ENFERMEDAD”
Ataliva es una pequeña población de 1.800 habitantes, a 30 kilómetros de Rafaela, la ciudad considerada un milagro del crecimiento económico por el Centro de Estudios Para América Latina (CEPAL). En ese pequeño pueblo donde no hay agua potable ni cloacas, se confirmaron 10 casos de hepatitis A en los últimos días, uno de ellos el de Verónica Velázquez, a quien debieron trasplantarle el hígado. El foco de infección no nació al azar, sino en un asentamiento de casas precarias levantadas sobre un antiguo basural, donde viven ocho familias que obtienen el agua de un pozo con una perforación de no más de ocho metros. Los padres de los niños afectados son changarines o beneficiarios de planes sociales. En esa población, un bidón de 25 litros de agua potable se vende a 5 pesos, aunque la comuna también entrega algunos en forma gratuita. No siempre los más necesitados concurren a buscarlos. La epidemia de hepatitis A que hoy azota a tres localidades del norte de la provincia no es una sorpresa para el Ministerio de Salud. La diputada provincial por el ARI, Alicia Gutiérrez, presentó un pedido de informes el 30 de junio pasado, para solicitarle que informara si había tomado las medidas preventivas para evitar estos brotes que se repiten año a año. No sólo no obtuvo ninguna respuesta, sino que este año la epidemia es mucho más importante, con 60 casos en Romang, 25 en La Pelada y los 10 de Ataliva. “Más que una enfermedad, la hepatitis A es una vergüenza social”, afirmó Mario Rodríguez, el médico del SAMCO de Ataliva, departamento Castellanos. La epidemia se repite en La Pelada, un pueblo de 1.200 habitantes, en el norte del departamento Las Colonias, situado a 70 kilómetros de Esperanza. El brote es aún más profundo allí, donde hay 25 casos confirmados y algunos más en estudio. “En esta zona es muy raro que los pueblos tengan agua potable. En La Pelada tenemos una planta potabilizadora que había comprado la comuna, pero no podían arreglarla por falta de dinero. Creo que hace poco tiempo le dieron el subsidio, pero es imposible mantenerla porque los repuestos son muy caros, sobre todo después de la devaluación”, explicó Edgardo Martelli, a cargo del SAMCO de La Pelada. Al principio, los afectados en esa localidad eran niños de los sectores más humildes, aunque ahora la enfermedad se propagó a otros sectores sociales. “Los bombeadores sacan agua de la primera napa, que está más contaminada, y tiene sales como el arsénico, que hemos tomado toda la vida”, agregó Martelli, quien consideró al brote como “algo excepcional” en sus 29 años y dos meses como médico.
“En este pueblo hemos sufrido inundaciones hace muchos años, cuando el agua tapó medio pueblo, y los pozos negros se desbordaron porque acá tampoco hay cloacas. Por entonces sacábamos el agua del mismo lugar, y nunca tuvimos hepatitis. Aunque sí se vio parasitosis, que es una enfermedad endémica”, subrayó el médico de La Pelada. Martelli está desencantado. “Pregúntele a nuestros políticos que han hecho con las ideas que tanto proclaman en los discursos. Ahora apareció el Ministerio de Salud, todos nos están ofreciendo la ayuda. Pero no creo que sea un problema estrictamente médico, sino político. Los primeros casos eran de gente muy pobre, pero ahora está afectando a los chicos de distintas clases, porque no hay agua potable, y si la napa está contaminada esto va a seguir”. Y más allá del brote de hepatitis, el médico recordó que “las parasitosis son endémicas”. En los dos casos se trata de enfermedades calificadas como “de la pobreza”. La Organización Social de la Salud considera que la falta de agua potable y cloacas son dos factores de riesgo sanitario.
Cuando el brote se hizo público, el ministro de Salud Juan Héctor Sylvestre Begnis llegó hasta la zona afectada, así como todos sus funcionarios, y prometió vacunar. “Hemos vacunado porque así lo establecen las normas de seguridad, pero está demostrado que no tiene validez, porque el efecto demora 14 o 15 días. En todo caso, tendrían intención de bloqueo, para ver si podemos frenar la propagación en los próximos días. Pero de acuerdo con los ciclos de la enfermedad, hasta que no haya 30 o 35 días sin ningún caso nuevo, la epidemia no estará superada”, puntualizó Rodríguez, de Ataliva.
En Romang, la epidemia está focalizada en un barrio humilde, al que la cooperativa que brinda el servicio le cortó el agua. Desde entonces, se produjeron 60 casos, y recién el viernes las autoridades reaccionaron reintegrándole a los pobladores el acceso al agua potable.
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