La historia de Federico, el niño que escribió un cuento para vencer el bullying
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“Cuando me miro en un espejo, a veces, no me veo a mí mismo sino que veo a otra persona, es alguien que se parece a mí pero no soy yo en realidad. Veo eso porque el autismo no me hace sentir bien, me hace sentir como un ser diferente”, dice Federico García Villegas, un caleño de 8 años, autor de un cuento y una campaña que lidera en Facebook y que tiene como eslogan: “Soy diferente, soy como tú”. Federico tiene síndrome de Asperger, un trastorno neurobiológico que se relaciona con el autismo. Y aunque de tres a siete niños por cada mil lo tienen, (generalmente es diagnosticada entre los siete y 16 años), es desconocida entre la población general e incluso por muchos profesionales de la salud.
En la cuenta de Facebook que lleva por nombre dicha frase, el niño ha conseguido 16.317 reproducciones del video que subió en esa red social, desde el 1 de agosto. Muchos ‘Me Gusta’ ha recibido su mensaje, en el que cuenta: “Vamos a construir una fundación para hacer una sociedad incluyente y quiero contarles que no importa de qué raza seas o qué tengas, si eres diferente o normal, no importa, solo quiero que todos estén incluidos”.
El propio Federico afirma que su cuento está en proceso de edición: “Se trata de Crylo, un pequeño dinosaurio que vive en el Jurásico y que cayó en un portal del tiempo y se encontró a sí mismo en la actualidad, entre focas leopardo que lo miraban muy mal, con ojos hambrientos. Se sentía perdido”.
En uno de los párrafos de su historia, narra cómo Crylo “se sentía muy diferente, veía como las crías de las focas jugaban a cosas que a él le parecían muy violentas o que no comprendía y eso no le gustaba. Crylo estaba muy ansioso, pensando que le iba a tocar vivir así, en medio de tanta hostilidad, cuando lo único que quería era tener amigos y encontrar una familia. ¿Debía cambiar? ¿Había algo malo en él? Eso le generaba mucha inseguridad a pesar de que a él le gustaba cómo era y no le importaba ser diferente porque todos necesitamos nuestras diferencias para identificarnos y enriquecer nuestra comunidad”. Federico, aunque cursa tercero de primaria en un colegio en el que los docentes le han dado mucho apoyo, se identifica con Crylo: “Siempre me siento triste, excepto los sábados y los domingos, que no tengo clases”.
Apoyo familiar
Su madre cuenta que, durante las vacaciones escolares, Federico escribió el cuento. “Me conmovió mucho, nos preguntó que si era el único niño que se sentía rechazado. Y cuando le dije: ‘Mi amor, hay muchos niños que por muchas otras razones no se sienten aceptados’, me respondió: ‘Qué triste, mamá, no quisiera seguir sintiéndome así ni que otros niños se sintieran así. Y surgió la idea de crear una fundación”. Le conmovió leer de su hijo cosas como: “Pero a mí me gusta como yo soy, ¿por qué tengo que cambiar?, ¿Tengo algo malo?”. Y con toda la dulzura de la que es capaz una mamá le explicó: “No tienes nada malo, solo que las cosas que a ti te gustan y tu capacidad de imaginación, otros no la entienden, porque lo diferente nos asusta y nos han enseñado que, lo que no entendamos, lo alejemos”.
Para ella y para su esposo, quien es médico gastroenterólogo, ha sido muy duro pensar que su hijo sufre. Así que convirtió la fundación Federico García Villegas en su proyecto de vida. “Pienso invertirle todo mi tiempo y no solo por mi hijo. En este mes he conocido otras mamás viviendo la misma situación y hasta más difícil. Muchos me dicen: ‘¿Por qué no lo metes a un colegio de niños especiales?’. ¿Por qué? La sociedad no tiene por qué segregar a los niños distintos, ¿entonces debe entrar a una universidad y a un trabajo especial? ¿Por qué no más bien los demás tratan de entender?”.
Al conversar con Federico cualquiera ratifica lo que la madre dice de él, que habla bien, que aprende las cosas rápido, “puedo pararme a exponer lo que sea, cuando sea y donde sea”, dice él mismo. Para él trabajar en grupo es una tortura, escribir se le dificulta y la regla es que hasta que no acaben todos no salen al recreo y los demás niños se quejan de sus demoras. Es su día tras día. Se ríen de él porque se le caen las cosas, se le pierde el lápiz. Pero no quiere cambiar de colegio. Le gusta hacer amigos, pero cuando empieza a hablar de sus animales, que no son los convencionales, le reprochan: “¿Por qué eres tan infantil?” y lo dejan solo.
“Ellos no se curan, porque esto es una condición, no una enfermedad. Él no tiene muchos filtros entre lo que piensa y lo que dice, ha tenido que aprender que no todo lo que piensa lo puede decir, porque los demás se pueden sentir mal”, cuenta la mamá. “Es muy simpático, pero no empático, si alguien se cae, pasa por el lado y es como si no se diera cuenta. Le hemos enseñado que lo ayude a levantarse”. Sin embargo, en otros aspectos, parece un niño adelantado a su edad, como Albert Einstein, Isaac Newton, Bill Gates, Steven Spielberg, Keanu Revees, Tim Burton, Susan Boyle, que tuvieron esta condición y son considerados genios. Federico aprendió a leer a los 3 años, alucinaba a todos con sus construcciones de Legos y rompecabezas complejos. Y mientras los chicos jugaban en el jardín, prefería dialogar con los adultos que escuchaban sus historias y entendían su léxico.
“Mucho se habla de una educación inclusiva, y hay legislación, pero no se aplica”, dice Andrea, quien cree que la discriminación se aprende: “Los niños pueden ser crueles, pero entre ellos resuelven sus problemas y terminan jugando. Pero si en la casa escuchan voces de discriminación, aprenden”. La idea cuando lancen el cuento, cuya fecha tentativa es el 19 de octubre, es hacer debates en los colegios y en las universidades. Y enfatiza: “Hay que impulsar estrategias como la de un colegio en el que hicieron que los alumnos se pusieran en los zapatos de los ‘diferentes’: que fueran al baño con ayuda, que no hablaran, que escribieran con los ojos vendados y lograron que los niños ‘diferentes’ se volvieran paisaje. Ya no era ‘mi amigo el autista’, ‘el especial’, ‘el tuerto’, ‘el cojo’, ‘el gordo’, ‘el negro’, ‘el gafufo’ sino ‘mi amigo’ y punto. La inclusión debe llegar a eso, a que sea tan normal ver a una sociedad diversa que no pongamos etiquetas, que llamemos a cada uno por su nombre”.
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