LA HISTORIA DE LOS DETENIDOS POR EL CRIMEN DE CHASCOMÚS
Está de moda, queda en la avenida Libres del Sur, la principal de la ciudad, y allí —-con camisetas de fútbol autografiadas y trofeos de torneos locales como marco— los clientes pueden tomar algo, jugar al pool, seguir el fútbol en pantalla gigante o simplemente dejarse ver.
El All Sport Café, uno de los puntos de encuentro de los jóvenes de Chascomús, funcionaba como un imán para Mauricio Ponce de León (19). Tanto, que pocos días antes de ser asesinado de 20 puñaladas a un costado de la ex ruta 2, “Perico” —como lo apodaban desde chico— había logrado que le entregaran la llave del edificio perteneciente al Club de Empleados de Chascomús, en cuya planta baja funcionaba el boliche.
“Perico” lo había comprado en un remate judicial con parte de la indemnización que le habían pagado por haber perdido las dos piernas en un accidente ferroviario ocurrido cuando tenía 11 años en Ranchos, su pueblo natal. Pese a su discapacidad, Mauricio llevaba una vida feliz: tenía novia, se había comprado un Peugeot 206 modelo 2005 y, con prótesis, jugaba al fútbol y hasta andaba a caballo.
Al All Sport Café miran los que creen en el móvil de la “venganza personal” y también los que sospechan del negocio de la droga detrás del homicidio. Pero más allá de las hipótesis, algo es seguro. Allí, más que en cualquier otro lugar, confluyen las cinco historias clave del caso.
La de Mauricio —que el sábado pasado terminó apuñalado por la espalda— y también las de los cuatro jóvenes detenidos como sospechosos de matarlo: Pablo Brandoni (19, su íntimo amigo), Matías Bustingorri (25, el único con antecedentes penales), Néstor Torrado (24, barman del boliche) y Diego Urquiaga (24), el primero en caer preso y a quien era difícil ver junto a los otros tres, salvo una que otra vez en el All Sport Café.
Cada uno de ellos generó anécdotas que cuentan los vecinos. Historias que ahora se repiten en cualquier esquina de Chascomús para tratar de explicar lo ocurrido. A la hora de escuchar estas historias lo primero que hay que entender es que los detenidos no formaban un grupo compacto de amigos.
La historia de Diego Urquiaga —quienes lo conocen dicen que es “solitario” y “problemático”— corre por separado de las del resto, aunque en el expediente aparece conectado con Pablo Brandoni. La razón: ambos se acusan mutuamente de haber planeado el crimen de “Perico” en el marco de un presunto secuestro con el que pretendían 50.000 pesos.
Pablo le contó al padre de Mauricio poco antes del velatorio que a fines de enero “El Gordo Diego” le había ofrecido 5.000 pesos por cavar una tumba para la víctima. Y dijo que él no le avisó a Mauricio porque no le pareció que Diego hablara en serio. Urquiaga sostiene exactamente lo contrario, ubicando a Pablo como el ideólogo del plan e incluso relacionándolo con la droga.
Pablo viene de una familia de cinco hermanos, tres varones y dos mujeres. Los cinco trabajan en la estación de servicio Sol que sus padres compraron hace cuatro años. Ninguno hizo el secundario pero saben todo de mecánica. Pablo —que lavaba autos y dormía en un entrepiso de la estación— andaba todo el día con Mauricio. Se habían hecho amigos años antes de que “Perico” cobrara el medio millón de indemnización.
Otro que frecuentaba la casa de Mauricio —fue a su último cumpleaños— era Matías Bustingorri: el mayor del grupo, padre de un nene de 4 años, hijo de un cocinero de barco y dueño de un apodo peculiar que remite a sus periódicas entradas en la comisaría de Chascomús: le dicen “el arquitecto”, porque “hace” casas.
Es a través de Bustingorri que se entiende la detención de Néstor “El Colo” Torrado quien casi no tenía una relación independiente con “Perico”. Torrado vivía pegado a Bustingorri y ambos pasaban gran parte del día en el All Sport Café. Siempre con el jean y la remera o la camisa de la marca de moda. En el boliche, “El Colo” hacía de barman informal y la misma función cumplía en otros locales del mismo dueño.
Además de la noche, a Brandoni, Torrado y Bustingorri los une una misma vida en Chascomús. Por ejemplo: los Torrado viven en el barrio San José, a una cuadra de los Brandoni. Y uno de los hermanos de Pablo Brandoni fue al colegio con el hermano de Matías Bustingorri.
El único que aparece separado del resto es Diego Urquiaga, al que es más fácil asociarlo con el grupo por razones geográficas. La estación de servicio de los Brandoni está sobre la avenida Lastra, no muy lejos de la metalúrgica EMEPA. A un costado de esa fábrica vive la familia de Urquiaga, cuyo padre tiene fama de ser uno de los más estrictos supervisores del lugar. Algunas versiones dicen que allí Diego ya había comenzado a trabajar como operario.
Los Urquiaga no son de Chascomús. Llegaron a la ciudad diez años atrás desde San Nicolás y todavía se habla de ellos como “gente de afuera”. De Diego se cuentan todo tipo de historias: que tuvo dos novias y a las dos les pegaba, que le incendió el placard al padre para encubrir que le había sacado dinero de una campera que estaba colgada, que lo echaron de una mueblería donde trabajaba por robar y ponerle azúcar al tanque de nafta de la camioneta de su jefe.
Algunos lo recuerdan como el musicalizador de fiestas de adolescentes y también poniendo sonido en los entretiempos de los partidos locales de básquet. Diego compraba y vendía artículos electrónicos y por eso a nadie le extrañó que le ofreciera a Mauricio Ponce de León un DVD para su auto nuevo.
Eso es lo que el mediodía del sábado 26 Mauricio salió a buscar (con 1.600 pesos en el bolsillo) y terminó muerto. La Justicia tiene cuatro detenidos por el crimen, pero aún es un misterio la verdadera razón del asesinato..
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