LA HISTORIA DE UN MÉDICO QUE ACABÓ CON LAS ESPERAS QUIRÚRGICAS EN UN HOSPITAL
Cuando el doctor José Como Birche fue designado en octubre de 2003 jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular del Hospital provincial San Juan de Dios, de La Plata, se realizaban 210 operaciones por año y había una lista de espera de 300 pacientes. Hoy no hay lista de espera, en 2004 se practicaron 599 cirugías cardiovasculares y este año esperan alcanzar las 1.000.
Este impulso fenomenal que le imprimió José Como Birche a su área es el mismo que le posibilitó ser médico, alcanzar la jefatura del servicio a los 42 años y posicionar al San Juan de Dios como el hospital público con mayor volumen de cirugías cardiovasculares en el país.
“Me costó mucho ser médico —dice— porque vengo de una familia muy humilde. Y mucha gente, tan humilde como yo, me ayudó. Hoy con mi trabajo trato de pagar lo que hicieron por mi”.
De sus 44 años, Birche pasó casi la mitad en el San Juan de Dios, que nació como Instituto de Tisiología “y por la demanda de la gente, lenta y progresivamente, la cardiología fue desplazando a la tisiología”, explica su director, Guillermo Ciscato, con 40 años en el hospital. El lo vio llegar a Birche, pero hay una historia previa.
De chico vivía en Villa Elisa, en las afueras de La Plata, con Elena, su madre. Ella rebobinaba motores eléctricos para una fábrica. Que rehiciera su vida con Raúl (“Mi padre del corazón”, lo llama el cirujano), le permitió a él terminar la primaria sin salir a trabajar. De entonces viene ese fuerte impulso de superación: de la Escuela Nº 14, “Justina Ocampo de West”, se llevó los honores de mejor alumno y mejor compañero.
Una beca del Rotary lo ayudó a empezar la secundaria. No hubo dudas de que tenía que ser una escuela técnica, por aquello de asegurarse la salida laboral.
Bastante le había esquivado ya a “su destino” de chico pobre cuando a los 15 años la necesidad de trabajar se impuso. Su vida se repartió, entonces, entre la ENET Nº 1 y el trabajo en la fábrica OFA de motores eléctricos. La recuerda como “una tarea fea y pesada”.
Cuando se decidió por seguir Medicina —que cursó en la Universidad Nacional de La Plata— los horarios de las clases chocaban con los del trabajo. Tuvo que dejar la fábrica y trabajar de lo que hubiera. Fue cartonero, vendedor de libros puerta a puerta, ayudante de carpintero, mecánico, pintor. Como las changas no alcanzaban ni para comprar los libros ni para viajar, caminaba como loco, hasta alguna vez viajó colado y copiaba a mano los libros en la biblioteca de la facultad. (Una aclaración: Birche no hace este relato suelto de cuerpo. Más bien repite: “Lo que me pasó a mi le pasa a la mayoría”).
Medicina, una carrera tan exigente para un chico que tenía que pelearla tanto. Sobre todo cuando la Argentina de la movilidad social y del sueño de “M’hijo el dotor” estaba archivada. “Lo pensé, pero supongo que tenía una vocación fuerte —hace memoria—. Ese momento coincidió, y creo que no fue casualidad, con la muerte de Raúl, mi padre, por una afección cardíaca. Murió por no tener puesto un marcapasos. Pensar que yo ya implanté miles”.
Su suerte empezó a cambiar de la mano de una vecina que trabajaba en el Hospital de Niños de La Plata. Por primera vez entró a un quirófano y vio una operación. Es más, el jefe de cirugía, doctor Diego Gutiérrez, lo alentó a volver. “Y yo iba todos los días —cuenta—. Aprendí a manejar la bomba de circulación extracorpórea, que reemplaza al corazón y a los pulmones mientras el paciente está en cirugía cardíaca, y durante casi tres años colaboré ad honórem”.
Cuando en el San Juan de Dios requirieron un técnico en perfusión —la especialidad aprendida—, concursó como auxiliar de enfermería porque no existía la tecnicatura en el nomenclador. Lo aceptaron pero el servicio de cirugía cerró por remodelaciones y “me hice enfermero”. O lo que es lo mismo, no hubo rincón del hospital donde no haya hecho algún trabajo. “Salvo en la cocina … aunque creo que también anduve por ahí”.
A los meses reabrieron el servicio y volvió a un quirófano. “Tuve la gran ventaja de que en esa época no había residentes así que me convertí en una especie de practicante en cirugía cardiovascular. Cuando me recibí de médico ya había participado en más de 100”. Hoy va por las 6.000.
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