LA HISTORIA DEL CAJERO Y EL CUÑADO DEL JEFE COMUNAL
En la comuna de Sauce Viejo, o debemos decir nueva comuna con costumbres viejas como el desmanejo económico, suceden los hechos donde fácilmente se mixtura lo político con lo económico y se transita por un incómodo precipicio entre lo que se hace y lo legal.
Hay archivos económicos que son los que nos enseñan que solamente hay dos formas de imponer un manejo serio de la moneda: 1) Encargar su administración a hombres honestos y prudentes; 2) Establecer un mecanismo que obligue a ser prolijos y estrictos.
Tal parece que ninguno de los dos preceptos se cumple en Sauce Viejo, pero comencemos a revivir lo ocurrido en la comuna que tiene a su cargo el justicialista Marcelo Salazar.
En el mismo edificio comunal existe un cajero de los llamados “Pago Fácil” denominado “Santa Fe Servicios”, dependiente de la sucursal Santo Tomé del Nuevo Banco de Santa Fe.
MI CUÑADO O LA VILEZA DEL METAL
Este cajero es atendido por Miguel Gamarra, que es un empleado comunal con una larga trayectoria de 13 años y desde hace aproximadamente 6 meses atiende este “Pago Fácil” desde las 7 de la mañana hasta las 12 del mediodía. La obligación del empleado comunal era sólo la de llevar el dinero, con la documentación adjunta de cada pago, a la contaduría comunal a cargo de Eduardo Ocampo. No era de la incumbencia del empleado Gamarra contar el dinero.
Es aquí donde podemos comenzar con las suspicacias que se van transformando casi en evidencias, porque Ocampo no es otro que el cuñado de Salazar y si bien tiene –según dicen– una amplia experiencia en los manejos dinerarios, siembra aprehensiones que sea pariente del presidente comunal y que además esté cubriendo una subrogancia del contador de la época de Vázquez, anterior jefe comunal de Sauce Viejo y que por esta razón cobre más que lo que corresponde a su categoría.
Miguel Gamarra dice claramente: “Yo no hacía contaduría sino que trasladaba el dinero”. Insistimos en que es aquí donde aparecen las sospechas porque siempre según lo dicho por el empleado, “nunca me hicieron firmar nada”. Ingenuamente relata Gamarra: “Cuando comencé con esta función, el primer día que fui a entregarle todo a Ocampo, al ver que no contaba el dinero que le estaba entregando le solicité que se fijara bien y me diera un comprobante de lo que yo le estaba dando. Me dijo que recién se comenzaba y que ya se iban a organizar. Pasada la primer semana, volví sobre el tema ya que quería quedarme tranquilo y evitar confusiones, pero me dijo lo mismo… que ya lo iban a implementar.”
Prosigue el confiado cajero, empleado comunal: “Desde que se abrió este cajero, nunca Ocampo me dio un comprobante del dinero recibido, pensé que no había problemas ya que de haber un faltante, en el mismo día me lo harían saber. Supuse que, al ser Ocampo el encargado de cerrar la caja de la recaudación diaria municipal, tendría los números en claro y con una contabilidad diaria”.
Reitera el complicado empleado sus obligaciones de buen trabajador: “Todos los días, una vez que yo «subía» el dinero, la responsabilidad de ellos era contarlo y comprobar que todo estuviera bien”. En delicados errores caía Gamarra sin saberlo, recorriendo este descuidado camino que le proponían.
Además debemos aclarar que el banco, para su control, cuenta con un sistema de información telemática por el que, cuando el empleado a cargo de la caja cierra, introduce un CD en el sistema que se graba en forma automática y que, según nos dice Gamarra, “sólo lee el sistema de la computadora del Banco de Santa Fe”, lo que implica que el contenido del CD no se puede ver sin el sistema de la entidad bancaria. Luego el CD era y es enviado a la sucursal del Banco de Santo Tomé para su control.
LOS $9.700 ¿DÓNDE ESTÁN?
Hasta aquí la exposición de los deberes de Miguel Gamarra al frente del cajero de este “Pago fácil” .
La narración continúa cuando hace aproximadamente un mes atrás el presidente comunal de Sauce Viejo llama a Gamarra y lo suspende por noventa días, mientras se le sustancia un sumario administrativo. Debido a ello Gamarra cuenta: “Normalmente los cajeros rinden diariamente y se controla diariamente. Por eso hoy no encuentro explicaciones a nada de lo que se me acusa ya que, más de un mes después de lo que dicen, se dan cuenta de un faltante.” En realidad y para desgracia de Gamarra, las buenas intenciones que lo guían lo convencieron de que de haber alguna diferencia de caja, antes de las 13 horas, horario en que se retiraba Ocampo de la sede comunal habiendo terminado su labor, una hora después que Miguel Gamarra.
Con esta tranquila sencillez se convencía Miguel y permanecía atado a la certeza de que le harían saber cualquier problema, porque “iba a saltar ese mismo día”. “Se supone que si faltó dinero, el mismo 13 de marzo debieron llamarme para aclarar las cosas”, dice aunque casi sin convicción.
Discurren los afligidos pensamientos del empleado comunal: “No se contaba el dinero delante de mí”. Intenta razonamientos el empleado comunal forzado a transitar senderos judiciales gracias a este mecanismo implementado por la comuna, con amplias facultades y minado de desprolijidades, de tal manera que se agranden los márgenes como para facilitar manejos, cuanto menos, indebidos.
Relata Gamarra que la primera intimación le llega allá por el 7 u 8 de abril (casi un mes más tarde de lo que aparece como primer error de caja) y que el jueves 20 contesta la última. Explica también que el banco descontó “ese dinero que dicen que falta” de las cuentas comunales porque el pago es responsabilidad de la nueva comuna de Sauce Viejo y las constancias llegan al banco por el sistema informático.
Se lamenta Gamarra también de no poder conocer con exactitud si el faltante existe, ya que no puede comprobarlo. Aclara también que en este nueva comuna no existe una contabilidad exacta. Concluye Gamarra apesadumbrado: “No tengo cómo comprobar nada, porque las cosas se hicieron siempre mal y ahora, no sé si me hicieron una cama y tampoco sé dónde fue a parar ese dinero”.
Seguimos sin poder contestarnos si en la entidad bancaria, la comuna de Sauce Viejo deposita toda su recaudación y, en ese caso, si tiene cuentas separadas o si descuenta automáticamente el dinero, conforme a lo que marca el CD diario de información que llega al banco.
Las desconfianzas sobre malos manejos aparecen casi a simple vista ante la sola interrogación. ¿Por qué no se obligaba a Gamarra a hacer un arqueo diario? O al menos porqué no se le extendía un recibido diario para tranquilidad de las partes intervinientes. Tampoco podemos asegurar que el presidente comunal, Marcelo Salazar, haya nombrado a un familiar solamente para que maneje algunos dineros de origen no determinado, pero sí podemos asegurar que un pariente justamente en ese puesto, con un faltante de caja que no comunica en tiempo y forma y que casi con seguridad no puede explicar, crea más que algunas aprehensiones.
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