La historia también es transgénica
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De La Forestal a la soja. En nuestro país se han sucedido modelos productivos que se agotan en un par décadas. “Escupir para arriba” en materia ambiental, es despreciar un futuro cada vez más cercano.
Por Pablo Benito
El Nunca Más, con respecto a la violencia política y la violación de los derechos humanos, está siendo reducido a una expresión de deseo que se acerca, con los años, al delirio y la impotencia. La utopía, hoy, sería convencerse que algo bueno puede salir de modelos productivos que plantean la explotación irracional de recursos no renovables hasta agotarlos sin siquiera mirar algunas décadas adelante.
El ser humano, consecuente con su capacidad de tropezar varias veces con la misma piedra -a la que echará la culpa de su caída- repite la historia como tragedia, bajo la ansiedad de consumir rápidamente lo que está a su alcance en el ciclo biológico en el que su vida se agota. El tiempo se reduce al nacimiento y la muerte personal… el resto que reviente.
El impacto del monocultivo, con su creciente deforestación y estrés del suelo de las tierras más fértiles del mundo, no preocupa ni a dirigentes ni a dirigidos, transformando la protesta ecológica en un slogan más tan vacío como antiestético. “Lleve su bolsita al supermercado y duerma tranquilo”. La ignorancia es el vértice de ese círculo de confort que sólo se ve interrumpido cuando una catástrofe natural cultural y civilizada toca a la puerta de uno cuando ya es demasiado tarde.
La historia repetida
Los ciclos financieros propuestos por este sistema en que predomina el capital, se repiten -desde el centro a la periferia- como un cuentito infantil que escuchamos con la absurda esperanza de que el final sea otro alguna vez. No somos niños pero el final del cuento no cambia porque está escrito, desde el principio hasta el final.
Ya es hora de comprender que cuando nuestro país toma deuda está entregando soberanía sobre sus recursos.
Tan viejo como la primera obra teatral escrita por William Shakespeare, en 1596 en la que un mercader, de la localidad de Venecia, tomó un préstamo a un usurero poniendo como garantía su propio cuerpo -representado en una libra de carne- que el prestamista debía tomar de de su deudor. Antonio, no contaba con liquidez, todo lo tenía invertido en sus barcos mercantiles que se encontraban en el mar.
Shylock, -el banquero usurero que contaba con grandes sumas de riqueza virtual dinero- decide ejecutar la deuda extrayendo una libra de carne como acreedor que era. El fin de la historia no es útil a esta investigación más allá de la figura que representa el estado de sublimación que, una persona necesitada y con el respaldo de riqueza “real”, puede someterse a quien “tiene” el capital -por lo tanto el poder-. Esto pasó en la Argentina, no una vez, sino decenas de veces con sus ciclos incluidos a la única excepción de la postguerra en donde, como decía Perón, “nosotros tenemos la comida y ellos tienen el hambre, nosotros necesitamos su dinero y ellos (Europa) lo tiene. Vamos a ver quien aguanta más”.
Quizá esa sea la razón por la que, cuando los países subdesarrollados deciden vivir con lo propio y tener más de eso propio, quedamos “afuera” del mundo. Nuestro rico país se endeudó varias veces y tuvo que entregar, en pago, más que una libra de carne. Concedió su territorio con todo lo que lo habita -incluidos- los argentinos.

La Forestal
The Forestal Land, Timber and Railways Company Limited, es la empresa Inglesa -con capitales también franceses y alemanes-, que comenzó en 1872 a quedarse con 2 millones de hectáreas -media provincia de Tucumán- en el momento mismo que tomó un empréstito a la financiera Murrieta con sede en Londres.
El crédito concedido a la Argentina para uso de la provincia de Santa Fe, fue el capital inicial de la banca privada, representada por la empresa estatal Banco Provincial.
Las treinta y siete cajas de hierro que partieron del puerto de Liverpool, el 10 de marzo de 1874, embarcadas en el buque “Gassendi”, tenían como destino a Santa Fe. Traían 180.187 libras esterlinas que significaban el total de un empréstito celebrado por la firma londinense Murrieta & Compañía.
El capital trasnacional que siempre tiene un problema para cada solución, propuso saldar el pago de la deuda a la manera descrita por Shakespeare. Con una libra de carne -para el caso, dos millones de hectáreas- quedaban a mano. La realidad siempre supera a la ficción. Lo que no pudo hacer el Mercader de Venecia porque en el contrato sólo figuraba una libra de carne más no sangre que iba a ser derramada al producirse la escisión, sí lo pudieron “comerciar” los representantes del Estado y los capitalistas ingleses -cuyo representante-, Lucas González, era el mismo a un lado y otro del mostrador -casi como Luis Caputo-, pero sin Paradise Paper de por medio. En este caso sí hubo sangre además de entregar el cuerpo de un país, que es ese territorio, pero esa es otra historia de modelos productiva que sustentan una economía pero que está a miles de kilómetros de distancia de donde se extraen los recursos.

La devastación natural
Así como la ciencia a principios de milenio, encontró en la semilla transgénica, la forma de multiplicar exponencialmente la producción y extracción de soja a bajísimo precio, a mediados del siglo IX, en una feria de ciencias en Barcelona, un par de biólogos demostraron su experimento por la que se podía producir cuero de la piel de la vaca curtiendo el mismo con la utilización del tanino. Elemento que se venía extrayendo de la corteza de distintas especies arbóreas de Europa y que había encontrado una variante revolucionaria en el quebracho colorado, oriundo del centro de Sud América. El proceso de curtido del cuero que, hasta el momento, llevaba 6 meses en su producción podía reducirse a 1 mes con la utilización del tanino extraído del quebracho colorado que -por lo demás- aseguraba un tinte al cuero de notable calidad.
La explotación llegó hasta la zona de El Impenetrable chaqueño. La empresa exportaba postes y durmientes para el ferrocarril, rollizos y, esencialmente, tanino.
Estado dentro de un Estado
La Forestal resultó ser un gran negocio para sus múltiples dueños que contaba con ferrocarriles, puertos propios y pagaban a sus vapuleados trabajadores con vales que éstos a su vez debían de canjear en los almacenes de la mismísima empresa. El caso alegórico fue de Aniceto Barrientos de Villa Ana (Santa Fe) que, durante su vida de asalariado en la empresa, fue contabilizando cuántas veces recibía el mismo vale con el mismo número y llevando la anotación en un cuaderno registró 137 veces. La Forestal además tenía una fuerza propia de represión, la “gendarmería volante”, financiada por la propia empresa y armada y uniformada por el gobierno provincial del gobernador Enrique Mosca quien sería luego candidato a vicepresidente por la Unión Democrática en 1945.
El final de la empresa
La firma se retiró del país en el año 1966 debido a la brusca caída de los aranceles internacionales de la madera y el tanino reemplazado por nuevos productos.
La Forestal dejó graves consecuencias económicas, ecológicas, y humanas. La acentuación de la tala del quebracho para la ganancia capitalista agotó ese recurso natural. En lo humano y económico el 95% de sus trabajadores no pudieron jubilarse, muchos perdieron sus hogares, las industrialización fue destruida y los pueblos se empobrecieron y su gente alimentó los suburbios de las grandes ciudades creando villas miserias.

La soja comienza a brotar. Foto: CampolitoralDe la Forestal a la Soja: 2002/18
Cuando Néstor Kirchner asumió la presidencia la soja ocupaba 12 millones de hectáreas (el 38 por ciento de las 25 millones de hectáreas cultivadas).
En 2012, la soja abarcó 19,8 millones de hectáreas, el 56 por ciento de la superficie cultivada. Llamada por técnicos y funcionarios de manera eufemística: “Corrimiento de la frontera agropecuaria”.
La soja transgénica, con uso de glifosato, fue aprobada en marzo de 1996 por el entonces Secretario de Agricultura, Felipe Solá. Gobierno de Carlos Menen. El Estado no realizó estudios propios. Basó su aprobación en informes de las propias empresas de agronegocios.
El Plan Estratégico Agroalimentario, gestado por el Ministerio de Agricultura de la Nación, provincias, universidades y empresas, fue presentado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en 2011. Explicita la profundización del modelo: un aumento del 60 por ciento de la producción granaria (llegar a los 160 millones de toneladas) y un avance en la superficie sembrada: de 33 millones de hectáreas actuales pretende llegar a las 42 millones. El avance del agronegocio llega incluso a límites inesperados: en Neuquén y Chubut ya se planifican soja y maíz transgénicos.
Agrotóxicos
El uso de agrotóxicos alcanza, según un informe de los Médicos de Pueblos Fumigados, a 300 millones de litros por año. Otras consecuencias: al menos 200 mil familias expulsadas del campo, denuncia el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI-VC). A su vez, datos del propio INTA confirman la concentración de tierras: el dos por ciento de las explotaciones agropecuarias representa el 50 por ciento de la tierra. Y el 57 por ciento de las explotaciones agropecuarias (las más pequeñas) tienen sólo el tres por ciento. En Argentina se da una reforma agraria, pero al revés: muy pocos tienen casi todo, muchos no tienen casi nada.
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