LA IDEA DE “RENOVACIÓN” EN LA UCR DISPARÓ IRONÍAS Y FUERTE POLÉMICA
El llamado casi desesperado del jefe radical, Angel Rozas, a apurar la renovación de nombres para recuperar electoralmente al partido, provocó una fuerte polémica en el Congreso Doctrinario que sesiona hasta hoy en un hotel porteño.
Casi la mitad de los 500 dirigentes acreditados al encuentro de actualización ideológica de la UCR se concentraron en la comisión de reorganización partidaria, donde se debatió el tema. Al punto que tuvieron que mudarse de salón tras el almuerzo, porque les había quedado chico.
Rozas arrojó la primera piedra el jueves, en la apertura. Allí pidió pasos al costado y una oposición más enérgica, apuntando sus cañones hacia figuras del alfonsinismo. La réplica llegó ayer a la mañana de parte de un pelotón alfonsinista —el bonaerense Leopoldo Moreau, el santafesino Luis Cáceres y el santacruceño Carlos Prades— más el refuerzo del ex gobernador rionegrino Osvaldo Alvarez Guerrero, quien se había ido al Frepaso y volvió.
Los planteos tomaron forma de disyuntivas. Como último candidato presidencial, Moreau se sintió tocado y dijo que “no es cuestión de renovar dirigentes, sino de recomponer el partido”. Enseguida atacó Cáceres: “La política no se resuelve entre exitoso o no exitoso. Es entre justo o injusto”.
De territorio pingüino llegaron las mayores asperezas. Prades calificó de “ingratos” a los que —como Rozas— cuestionan el liderazgo del ex presidente Raúl Alfonsín, ausente en el congreso con aviso. Irónico, Alvarez Guerrero mandó a la conducción a leer la doctrina. “El error fue no haberla cumplido”, afirmó.
Por la tarde les tocó el turno a los defensores de la renovación. Sin la presencia de Rozas —que monitoreó todo desde una estratégica suite— sus escuderos se hicieron oír a cuentagotas. Su comprovinciano Hugo Maldonado, el santafesino Hugo Martucci, y el jujeño Gerardo Morales llevaron la batuta. Coincidieron en acusar al alfonsinismo de conformarse con el achicamiento del partido para negociar espacios de poder con el peronismo.
El flamante titular de la Convención Nacional, Adolfo Stubrin, aliado de Rozas, buscó un punto intermedio. Pero perdió los estribos cuando el porteño Pedro Calvo insinuó que la conducción alentaría alianzas de centroderecha y lo fue a patotear.
Al final, todos aplaudieron la reafirmación de la identidad progresista que figuraba en los documentos previos. Aunque recién hoy se sabrá si aceptan el pedido del jefe porteño, Jorge Casabé, para que se explicite la adscripción a la socialdemocracia.
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