LA IGLESIA EVALÚA TRASLADAR AL OBISPO LEJOS DE LA ARGENTINA
Después de la conmoción que causó en la Iglesia la noticia sobre la relación íntima que mantenía el obispo Juan Carlos Maccarone con un joven de 23 años —difusión de un video mediante—, las autoridades eclesiásticas están ansiosas por disminuir el escándalo y no profundizar la confusión entre los fieles. Por eso, se encaminan a echar mano de una medida “de manual” para estas situaciones. En otras palabras: está madurando la posibilidad de que Maccarone deje silenciosamente el país y se instale con la misma discreción en otra geografía lejana para desarrollar una vida religiosa acotada, tal vez en un monasterio.
Se entiende: la Iglesia no puede correr el riesgo de que Maccarone quede a tiro de los periodistas y de los propios fieles que lo reconocerían con facilidad. Sería posibilitar que el tema reaparezca en los medios y en las comunidades religiosas, impidiendo la cicatrización de la herida. “No se trata de ocultar, ya que el episodio es bien conocido, sino de evitar que se siga revolviendo”, aclaran las fuentes consultadas por Clarín. “Se trata de una medida inspirada en la prudencia pastoral, que debía guiar todos los pasos de la Iglesia”, redondean.
En verdad, el operativo para reducir los efectos del caso ya comenzó la semana pasada cuando la conducción de la Iglesia decidió terminar anticipadamente su reunión de mediados de año sin volver a pronunciarse sobre el episodio, luego de optar por una actitud misericordiosa para con el obispo. A sus colegas no les gustó que haya trascendido a la prensa la carta que Maccarone les había enviado ante el hecho. En síntesis, el primer paso es que el obispo no abra más la boca.
En esa línea, debe anotarse también la negativa de los religiosos a abundar acerca de la presunta venganza política o “proyecto de extorsión” —en palabras de Maccarone— que habría detrás del hecho. Eso no quita que privadamente se avance. Pero son conscientes de que la conducta del obispo fue de una gravedad, y el daño causado a la Iglesia y sus fieles de una magnitud tal, que exige centrar el esfuerzo en sanar las heridas. Además, no pocas voces católicas consideraron la declaración episcopal como confusamente débil.
La Argentina cuenta con antecedentes acerca de religiosos controvertidos que fueron sacados de circulación. El más cercano es el del ex arzobispo de Santa Fe, monseñor Edgardo Storni, acusado de abuso sexual. Eyectado del arzobispado santafesino, pasa sus días en silencio en una residencia religiosa de Córdoba. Paralelamente, una sede bonaerense del movimiento de los Focolares alojó en secreto al famoso arzobispo africano Milingo, que se casó con una integrante de la secta Moon y, luego, arrepentido, pidió volver a la Iglesia. Antes tuvo que pasar por un período de purificación, lejos de las cámaras.
Con Maccarone, el Vaticano tomó con la velocidad de un rayo una primera medida: le aceptó la renuncia como obispo de Santiago del Estero, con lo cual está, de hecho, suspendido. El canon 1395 del Código de Derecho Canónico (legislación eclesiástica) dice que “el clérigo que con escándalo permanece en otro pecado externo contra el sexto mandamiento (no fornicar), debe ser castigado con suspensión”. Su situación se agrava si insiste. “Si persiste el delito una vez hecha la amonestación, se pueden agregar otras penas hasta la expulsión del estado clerical”, advierte.
Más allá de la fría norma, es evidente que el primer paso de Maccarone es confesarse y arrepentirse del pecado cometido. Esta es la primera condición para estar en comunión con la Iglesia. Como “mientras no sea expulsado del estado clerical” puede seguir ejerciendo su ministerio religioso, se supone que podrá seguir celebrando misa, aunque “seguramente” las autoridades le indicarán que debe hacerlo de modo privado. No podrá predicar ni realizar aquello que implique un amplio contacto con los fieles.
Queda el problema más importante: su situación humana. Si la Iglesia considera la homosexualidad un desvío de la naturaleza, es claro, para el catolicismo, que hay una perturbación psicológica. Por eso, se cree que los allegados a Maccarone le sugerirán en la mayor reserva un tratamiento psicológico, además de prometerle oraciones para que Dios lo ayude a superar el mal trance.
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