LA IGLESIA PIDIÓ QUE SE HAGA MÁS PARA COMBATIR LA POBREZA
La Iglesia cerró ayer en Corrientes su multitudinario Décimo Congreso Eucarístico Nacional con un fuerte mensaje destinado a la dirigencia política con el que llamó a “vencer la injusticia, el odio y la corrupción que nos han invadido como una enfermedad mortal”.
La invocación —de una carilla y media— fue leída al término de la misa de clausura celebrada en el campus de la Universidad del Nordeste, ante una multitud estimada en 100.000 personas. El oficio religioso, que se desarrolló con un clima sofocante, con una sensación térmica que hacia el final rozaba los 40 grados, fue presidido por el enviado especial del papa Juan Pablo II, el cardenal boliviano Julio Terrazas Sandoval. Unos 80 obispos lo escoltaban al costado del altar.
En ese acto se reclamó hacer mucho más en la lucha contra la pobreza y en un mensaje que involucró al Gobierno, la oposición y a empresarios se señaló que “los pobres no pueden esperar indefinidamente”.
De hecho, llamó la atención la cantidad y contundencia de las alusiones a la coyuntura incluidas en la tradicional invocación y en las homilías cuyo mensaje tuvo por destinatarios tanto al Gobierno como a la dirigencia en general para que tengan “la capacidad de crear fuentes de trabajo para todos, de servir y administrar rectamente la Justicia, de respetar y hacer respetar los derechos de todos (…) de educar generaciones nuevas y de excluir definitivamente la delincuencia y la injusticia”.
Con todo, la Iglesia no abandonó su depurado lenguaje para plantear sus reclamos. “Imaginamos a los auténticos conductores de la sociedad, proponiendo y ejecutando políticas humanizadoras, respetuosas de la legítima diversidad y del patrimonio común, especialmente de la fe religiosa”, dijeron.
En su homilía, Terrazas Sandoval denunció los intentos “de asfixiar a pueblos enteros con imposiciones esclavizantes, de aferrarse a sistemas de corrupción o de depredar la misma creación sólo para asegurar tesoros al servicio de lucros egoístas”. Subrayó, además, que en el mundo “no hay problema de carencia de bienes, sino de generosidad”.
También dijo lo suyo el arzobispo local, monseñor Domingo Castagna: afirmó que el país “está herido por la división y el desencuentro” y señaló que “la salvación de una sociedad fragmentada necesita transitar auténticos caminos de reconciliación y solidaridad”. Rogó, además, para que “no volvamos a cometer los mismos errores, ahondando el abismo que nos amenaza”.
La ausencia del presidente Néstor Kirchner en el cierre (ver pág. 4) decepcionó a algunos obispos. La Casa Rosada envió al vicepresidente Daniel Scioli y al secretario de Culto, Guillermo Oliveri. También asistió el embajador ante la Santa Sede, Carlos Custer. Scioli destacó que Kirchner había tenido la semana pasada “un encuentro muy importante” con la cúpula de la Iglesia.
El Congreso comenzó el miércoles con un fuerte alegato de Terrazas Sandoval contra la pobreza. A partir del lema del Congreso “Dénles ustedes de comer”, el purpurado concluyó que “aumentó el hambre en nuestros países”. Pidió a los argentinos “no quedar anclados en el pasado”, en obvia referencia a la revisión de las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la última dictadura. En el documento elaborado por el área social del Congreso —que se dividió en varios sectores de reflexión— se trazó un severo diagnóstico de la situación actual. El trabajo —donde se ve la mano del presidente de la Pastoral Social, monseñor Carmelo Giaquinta— contiene una furibunda crítica al neoliberalismo y dice que en los últimos años se instaló un modelo que no tuvo como centro de la actividad económica al hombre, sino el afán de lucro. Y que su pedagogía fue el eficientismo materialista. También critica el alto endeudamiento externo y la corresponsabilidad de los funcionarios de los gobiernos pasados y de los organismos internacionales en esa situación.
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