LA INVESTIGACIÓN DEL ATENTADO DE LA AMIA QUEDÓ A UN PASO DEL FRACASO
El atentado contra la AMIA parece no apartarse de un lamentable sino argentino: la impunidad. Esa podría ser la conclusión que se sacará dentro de un mes, cuando se dé a conocer el veredicto del juicio que se les sigue a quienes se acusó de haber integrado la conexión local de los terroristas. Las únicas dudas, si es que las hay, persisten sobre el “reducidor” de autos Carlos Telleldín. El resto de los acusados, es decir cuatro ex policías bonaerenses a los que él dijo que les entregó la camioneta que se habría usado como coche bomba, es casi un hecho que saldrán libres de culpa y cargo.
¿Por qué? Porque aquella declaración de Telleldín del 5 de julio de 1996, cuando culpó a los policías, fue paga. Y por ende es nula. La pagamos entre todos con fondos reservados de la SIDE y a pedido del juez federal Juan José Galeano, según declaró el ex Señor 5 menemista, Hugo Anzorreguy, ante el Tribunal Oral Federal 3.
Esa declaración de Telleldín era la principal prueba contra los ex policías liderados por Juan José Ribelli, a quienes se acusó de ser el eslabón de la conexión local. Pero ahora sólo quedan indicios. ¿Fueron los policías un chivo expiatorio? Es cierto que daban el papel: tenían negocios “non sanctos” con Telleldín en el doblaje de autos. Pero de allí a ser quienes entregaron la camioneta a los desconocidos que volaron la AMIA, hay un largo trecho.
No fue el pago la única irregularidad detectada por los jueces del Tribunal durante el largo juicio oral que ya lleva más de dos años y medio y se acerca a su fin. La sentencia seguramente tendrá también un largo capítulo sobre las irregularidades y hasta delitos que se habrían cometido durante la investigación encabezada por Galeano.
Así, paradójicamente, el juicio terminará señalando las irregularidades de la investigación. Pero poco y nada se sabe sobre los autores del atentado. Es más, casi todos los abogados defensores pusieron en duda durante sus alegatos el principal basamento de la causa: la existencia de un coche bomba. La SIDE, en base a servicios de inteligencia extranjeros, aseguró que hubo un conductor suicida, un libanés llamado Ibrahim Bru. Tanto el coche bomba como la pista de los policías bonaerenses fue la principal hipótesis de los diez años que lleva la investigación.
Aunque la tarea del Tribunal Oral es determinar si los acusados son culpables o inocentes, se supone que en su sentencia también echará luz sobre otros puntos oscuros de la causa, específicamente sobre la denominada “materialidad” del hecho, es decir cómo se produjo el atentado que mató a 85 personas.
Está claro que todos los atentados terroristas son difíciles de resolver. España y su 11-M parecen ser una excepción. Pero también está claro que el Estado no hizo casi nada luego del ataque contra la Embajada de Israel, ocurrido dos años antes del de la AMIA, todavía trabado en la faz judicial.
El caso AMIA no viene a ser ninguna excepción en un país como la Argentina, donde sólo el 0,7 de los delitos que se denuncian llega a una condena, según estadísticas de la Procuración General de la Nación. Así viene a ratificarse la triste fama de la que gozan por estas tierras la impunidad y la falta de justicia.
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