La investigación del crimen de Grassino sigue estancada
Poco y nada parece haber avanzado la investigación dirigida a dar con los matadores de Carlos Grassino. Una semana atrás el asesinato del tallerista, de setenta años de edad, era causa de profunda consternación para sus familiares y vecinos, también para los amigos y clientes que el hombre supo conquistar a lo largo de toda una vida de trabajo. Sin embargo, al día de hoy todos ellos siguen expectantes: esperan que se haga justicia o que al menos, alguien dé una señal, que diga que algo hacen en ese sentido los organismos del Estado.A siete días del bárbaro suceso que sacudió a la zona céntrica de nuestra ciudad, el silencio oficial sólo parece indicar que la pesquisa no arrojó los resultados esperados, de modo que ya podemos ir sospechando que este asunto correrá la misma suerte que los episodios criminales que se registran entre bulevares. Es decir: que nunca se llegará a los responsables y que éstos, en consecuencia, seguirán haciendo de las suyas al amparo de la más absoluta impunidad.Desde el caso Moreyra, por plantar un mojón en la historia delictiva de nuestra ciudad -salvo dos o tres excepciones-, los crímenes consumados en la zona céntrica, siguen en la oscuridad. Nada se sabe hasta ahora de quiénes secuestraron en pleno centro y quiénes dieron muerte a aquel empresario. Nadie sabe decir qué fue de la profesora Marta Isabel Romero, misteriosamente desaparecida en bulevar Pellegrini y avenida Freyre. Y así, nunca jamás se halló una respuesta al tremendo atentado con bomba que en la firma Lazzarino Comunicaciones segó la vida de dos personas y dejó maltrecha a una tercera.También entre bulevares, fue asesinada a golpes la directora del Museo Provincial Rosa Galisteo de Rodríguez. Nadie supo decir quién -en su casa de avenida General López-, dejó herida de muerte a Nidia Pereyra Salva de Impini. Lo mismo se puede decir de quien mató y se llevó el oro que atesoraba la señora Elba Etrea de Pedro, en María Selva, o quien ultimó, también a golpes, a la anciana Antonia Saavedra Naya en su céntrico departamento de San Jerónimo y Tucumán.Siempre entre bulevares, sigue en el plano del misterio quién fusiló en su casa de Saavedra y J.J. Passo a los Gambini -madre e hija-, y por si acaso, también al plomero que trabajaba en la casa.El mismo silencio oficial rige para otras personas de cuyas muertes violentas sólo guardan memoria sus familiares, las crónicas policiales y los expedientes polvorientos que se acumulan en Tribunales. Así ocurre con otros asuntos que en su momento fueron causa de gran revuelo. Quiénes y por qué mataron a los ancianos esposos Quinzio, sólo ellos conocen la respuesta. Quién a escasos cien metros de la casa de los Quinzio -avenida López y Planes-, mató a Serra, tampoco se sabe.¿Quién ultimó al anticuario Airaldo en Juan de Garay y 1° de Mayo? ¿Quién al profesor Juan Mario Collins en su domicilio cercano a las 4 Vías? ¿Quién al pibe Ortigoza debajo del puente Colgante? ¿Quién en un céntrico garaje al abogado Pedro Lucio Albrecht? ¿Quiénes al empresario Drago en calle San Martín? Son preguntas respondidas a medias, o jamás contestadas.Por fin, en vista de estos y otros antecedentes, sólo podemos hacer votos porque familiares, amigos y vecinos de Grassino, encuentren algún día una explicación a lo sucedido en la casa de calle 1ra. Junta, una semana atrás.Una vida dedicada al estudio, al trabajo honesto y esforzado, como al cultivo de la amistad desinteresada, no merecía ese final -como en realidad ningún hombre es merecedor de semejante barbarie-, así que esperemos que al menos en este crimen -aunque también registrado entre bulevares-, se haga justicia.
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