LA JUSTICIA ANTE EL RELATO DE LA DESCUARTIZADORA
María del Carmen Rómbolo deberá contar una vez más cómo y por qué mató, descuartizó y enterró a su esposo.
“El relato es pormenorizado y ocupa ocho carillas”, sostuvo una fuente de la Brigada de Homicidios en relación al mea culpa hecho por la mujer. En tanto, los investigadores siguen asombrados por lo macabro del hecho y les cuesta recordar otro episodio similar.
“El caso más parecido ocurrió en marzo pasado cuando Alberto Albarracín asesinó a su hermana Berta y a su sobrina Andrea a golpes y las enterró bajo un limonero del fondo de su vivienda, pero entonces no hubo descuartizamiento”, recordó un vocero.
Lo cierto es que para las crónicas policiales rosarinas será muy difícil olvidar el caso Rómbolo. La mujer asesinó a su esposo, Alfredo Osvaldo Godoy, con un certero disparo en el pecho. Ocurrió el primer domingo de agosto, en el epílogo de una discusión de las que mantenían a menudo y durante las cuales la mujer era maltratada. Tras ello ocultó el cuerpo en un tanque de 200 litros y lo cubrió con cal para evitar su putrefacción. Después, en compañía de su amante, Andrés Piccoto, con una amoladora la mujer descuartizó en 25 partes el cuerpo de su esposo y en una maniobra aterradora lo sepultó, bajo una loza de cemento, en una huerta comunitaria ubicada detrás del cementerio La Piedad. Allí, Rómbolo se presentó como funcionaria municipal y dijo que debía cavar un pozo de 1,5 metro para construir un horno. De esa manera se ganó el permiso de la responsable del microemprendimiento que con la llegada de los policía se horrorizó por lo sucedido.
Todo había sido perfecto. Pero un llamado telefónico, “de alguien ligado al entorno de la mujer”, dio el alerta a la policía. “María del Carmen Rómbolo mató a su marido y lo tiene escondido en la casa”, dijo la voz en el teléfono que permitió esclarecer el macabro crimen.
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