LA LEGIÓN SIEMPRE INVITA A CREER
Allá por 1988, Gabriela Sabatini, en Seúl, entregó la primera medalla –plateada– tras caer en la final ante la alemana Steffi Graf. Cuatro años más tarde, en Barcelona, Javier Frana y Christian Miniussi, luego de perder en un eterno y espectacular partido de dobles con los también alemanes Boris Becker y Michael Stich, le dieron a nuestro país la medalla de bronce. Ha transcurrido el tiempo, pero el tenis, desde su regreso como competencia olímpica, en 1988, le dio a la Argentina dos de las diez medallas obtenidas desde la cita coreana hasta la fecha.
En busca de esa medalla perdida, la dorada, esquiva para los argentinos desde 1952, la realidad del deporte blanco es una ilusión que brinda un panorama positivo en la prueba que empezará el 15 del actual.
Es que los resultados conseguidos en los últimos tiempos por la Legión Argentina son un impulso que invita a creer. El tenis de la Argentina concurrirá a la capital de una de las penínsulas clave para la formación de la cultura occidental con la mayor delegación de su historia, de diez jugadores: David Nalbandian, Gastón Gaudio, Juan Ignacio Chela, Mariano Zabaleta, Gastón Etlis, Martín Rodríguez, Paola Suárez, Gisela Dulko, Mariana Díaz Oliva y Patricia Tarabini, que a los 36 años, formará parte por cuarta vez de los Juegos Olímpicos.
Claro que tanta ilusión tuvo cierto freno en los días previos. El golpe más duro fue el que sufrió Guillermo Coria, producto de una lesión en el hombro derecho. Sus enormes deseos de jugar en Atenas motivaron que se retirara en dos torneos (Toronto y Cincinnati), pero al regresar a Buenos Aires, los estudios arrojaron la peor noticia: no sólo se perderá los Juegos, sino también varios meses del circuito.
Ir a Atenas era una de sus grandes metas de 2004; dijo innumerables veces que pretendía ser uno de los que rompiera el estigma de más de cinco décadas vacías de oro. Un sueño trunco.
Su ausencia, además, produce una baja sensible en el dobles, en el que iba a formar pareja con Nalbandian –fueron campeones juniors en Wimbledon 99–; tantos eran los deseos de trepar a lo alto que volverían a jugar juntos luego de cinco temporadas. No podrá ser.
Nalbandian también viene soportando molestias, secuelas de lesiones intercostales, y prefirió no arriesgarse. Al igual que Coria antes de su desafortunada deserción, el cordobés trabajó en lo mental con su entorno, el significado y la gloria que entrega en el transcurrir de la historia del deporte la sola mención de haber formado parte de un podio olímpico.
Más allá de lo físico, Nalbandian se encontrará con una superficie (cemento) en la cual se siente muy cómodo. Y el plus con el que cuenta es que, habitualmente, rinde muy bien en los grandes desafíos. ¿Cómo no jugarle una ficha?
Apuesta a la que se puede sumar, tranquilamente, Gastón Gaudio, orgulloso poseedor de ese título de nobleza de haber sido, entre los hombres, el primer argentino en conquistar un Grand Slam después de Guillermo Vilas. Es cierto que el cemento no es su piso favorito, pero no hay que descartar el valor de saber qué es jugar por cosas importantes. Gaudio ya cruzó la barrera que distingue a los grandes campeones tras aquella final con Coria en París.
Tampoco habría que olvidar a Chela, siempre cómodo en el asfalto y capaz de prenderse a cualquier pelea, tal cual sucedió en Roland Garros, cuando quedó a un paso de las semifinales. Y a última hora se sumó Zabaleta, un luchador que ya estuvo en Sydney 2000.
¿Y los doblistas? Gastón Etlis y Martín Rodríguez también integran el grupo de aquellos fanáticos del perfil bajo. Hace tres temporadas que están prendidos en la pelea del dobles. Ganaron su lugar, merced a un controvertido sistema de invitaciones especiales impuesto por la Federación Internacional de Tenis, cuando a nivel mundial –si se toman en cuenta las parejas compuestas por doblistas de un mismo país– vienen ubicándose entre las cuatro mejores parejas del mundo. En su haber, sienten el orgullo de haber sido los primeros argentinos en lograr un lugar en la semifinal del Masters –Houston 2003–, más allá de haberse clasificado, entre otros torneos, para la misma instancia en el Abierto de Australia (2003 y 2004) y los cuartos de final en Roland Garros 2003.
Las chicas también quieren dejar su huella en Atenas. A la cabeza, Paola Suárez. Vive su mejor temporada como singlista, llegó a colocarse top-ten y también mantiene un alto nivel en dobles, cosechando éxitos y finales con la española Virginia Ruano Pascual, con la que compone la mejor pareja del mundo. Después de haber cosechado títulos en Roland Garros, Australia, el US Open y el Masters, Suárez, por cuetiones lógicas, no podrá competir con su habitual compañera. En su lugar estará Tarabini, que junto con Díaz Oliva y Dulko, la Kournikova argentina, las otras dos singlistas, terminarán de componer ese nutrido grupo argentino, que viaja a Grecia dispuesto a concretar esa ilusión de subirse a lo más alto del podio.
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