LA LENTA MARCHA DE LA JUSTICIA
Pueden pasar años y hasta décadas. La escena se repite en cada rincón de las oficinas de los Tribunales: centenares, miles de expedientes apilados a la espera de que llegue el momento en que alguien los abra, los lea y comience a darles vida a causas que desde hace demasiado tiempo atraviesan un pesado letargo.
La ciudadanía siente que en la Justicia todo es extremadamente lento; y no se equivoca. Algunos insisten en que este verdadero atasco se produce por la falta de infraestructura y presupuesto suficientes para hacer frente al delito que crece.
Pero también están los convencidos de que existen algunos “privilegiados” cuyas causas se aceleran o demoran según sus conveniencias.
Finalmente, aparecen quienes no dudan de que esta situación se agrava por cierto grado de desinterés y por el escaso apego al trabajo que exhiben algunos miembros del sistema judicial.
Mientras la impotencia se apodera de todos, las frías estadísticas y la observación imparcial de los hechos parecen demostrar que unos y otros tienen parte de razón.
Con lo que hay, no alcanza
Durante todo 2003, ingresaron a los Tribunales de la provincia más de 451 mil causas, de las cuales 128 mil correspondieron a Santa Fe y su zona de influencia -los jueces y fiscales de esta ciudad deben hacerse cargo de los departamentos La Capital, San Jerónimo, San Martín, Las Colonias, San Justo, Garay y San Javier-.
Un año después, el número global de causas creció hasta 455.320 y, en Santa Fe y la región, ascendió a casi 134 mil.
Estos números reflejan una realidad contundente: en promedio, en los Tribunales locales ingresaron el año pasado más de 15 causas por hora o, dicho de otra manera, una causa cada cuatro minutos.
En 2002, los jueces de la provincia dictaron 304 mil resoluciones; en 2003 llegaron a 323 mil y, el año pasado, la cantidad trepó hasta 328 mil.
Desde el Poder Judicial se insiste en que la cantidad de causas creció un 128% en la provincia desde 1984, mientras que en el mismo período la estructura apenas mejoró en un 30%.
En las siete Fiscalías que funcionan en Santa Fe la realidad no es mejor: los fiscales deben atender procesos correccionales, de Instrucción, Sentencia, Juzgados de Menores y, en parte, tienen participación en materia Civil.
Pero, además, los integrantes del Ministerio Público deben rotarse cada 15 días para hacerse cargo de la Fiscalía de Cámara N° 3, cuyo titular hace tiempo que está de licencia por razones médicas.
Los jueces de Instrucción también se organizaron para rotar y cubrir, de esta manera, el Juzgado N° 1, que está vacante luego de que su titular fuera designado camarista. En la Justicia Correccional sigue vacante el Juzgado N° 7. En Sentencia, se creó el juzgado de la Sexta nominación, pero el de la Quinta por ahora no tiene juez.
¿Todos iguales ante la ley?
Un reciente estudio de opinión realizado a pedido de la Federación Argentina de Colegios de Abogados reveló que el 87,4 por ciento de los profesionales del Derecho cree que el Poder Judicial no es independiente del poder político. El sondeo estuvo a cargo del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría e incluyó consultas a 1.254 abogados del país.
Entre los ciudadanos particulares, la sensación no varía demasiado. El anuncio de prescripción de varias causas trascendentes en la provincia durante el presente año contribuyeron a incrementar sospechas de impunidad.
Primero prescribió la causa que intentaba probar la existencia de irregularidades en el manejo de la Caja de Jubilaciones de la Provincia. Todos los involucrados quedaron sobreseídos por el paso del tiempo.
En julio de este año, se anunció la prescripción de otro caso ligado con el poder político. La investigación sobre ilícitos en la compra de equipos de informática de IBM por parte del Banco de Santa Fe (BSF) comenzó su derrotero hacia el archivo, y ahora la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe deberá resolver si esta causa está o no prescripta.
Una situación similar atraviesa el “caso Vanrell”. Un juez dictó la prescripción, ésta fue apelada y existe la posibilidad de que deba resolver la Corte. Desde hace quince años, Vanrell viene siendo investigado por la compra de juguetes a empresas fantasma con fondos del Senado.
Algunos trabajan, otros no tanto
Tribunales, 7.30 de la mañana. Pocos, muy pocos están trabajando, a pesar de que las normas dicen que el horario para iniciar las labores cotidianas está fijado a las 7.
Tribunales, 12.30. Comunicarse telefónicamente con algunos juzgados o fiscalías resulta casi una utopía. ¿La razón?… Falta media hora para que finalice la jornada y muchos se preparan para la retirada. Los viernes, el horario real de trabajo se reduce aun más.
Las generalizaciones nunca son buenas, y menos en este caso. De hecho, se sabe que existen jueces, fiscales y empleados que trabajan, y mucho. Se sabe también que algunos regresan por las tardes a sus oficinas o llevan expedientes a sus domicilios particulares para continuar con su labor.
Pero no son todos. “Si cada uno de los integrantes del Poder Judicial trabajase al menos el tiempo que establecen nuestros horarios, seguramente las causas avanzarían un poco más. Nunca llegaríamos a normalizar la situación, porque la estructura no alcanza, pero al menos estaríamos algo mejor”, reconoció a El Litoral un profesional que desde hace varias décadas viene haciendo carrera en Tribunales, pasando por distintos cargos y conociendo a fondo la “cultura judicial”.
De hecho, la Ley Orgánica del Poder Judicial establece algunas ventajas con las que un empleado del sector privado ni siquiera se atrevería a soñar. Por ejemplo, cualquier agente puede pedir a su superior inmediato hasta cinco días hábiles de permiso al año, más allá de las licencias correspondientes por problemas de salud. La ley dice que el permiso debe ser por “causa fundada”, pero en la práctica casi cualquier excusa alcanza para obtener el beneficio.
Esto no es todo. Agotada esa licencia, el presidente de la Corte Suprema, el procurador general y los presidentes de las Cámaras de Apelación pueden acordar hasta diez días hábiles más al personal de su fuero o dependencia jerárquica.
¿Hay más…? La ley dice que agotada esa instancia, la Corte Suprema y la Sala que integra el presidente de una Cámara de Apelación pueden acordar hasta quince días más de licencia al personal, siempre al margen de los permisos otorgados por problemas de salud.
Seguramente existen otras razones que explican la lentitud de la Justicia. Y todo indica que, mientras no se tomen decisiones de fondo que abarquen la problemática desde distintos enfoques, centenares y miles de expedientes continuarán apilados a la espera de que llegue el momento en que alguien los abra, los lea y comience a darles vida, pues desde hace demasiado tiempo están sumergidos en un letargo que parece eterno.
El Litoral solicitó a la Corte Suprema de Justicia estadísticas sobre la cantidad de resoluciones firmadas por cada juez de la primera circunscripción -Santa Fe y zona de influencia- durante el año pasado. El objetivo periodístico de tal requisitoria apuntaba a conocer, al menos en promedio -existen causas complejas que demandan más tiempo de trabajo-, el nivel de productividad de cada juzgado. Sin embargo, desde el máximo tribunal se respondió que esa información no está disponible por juzgado, por lo que se remitieron a este diario datos globales que no permiten realizar dicho análisis.
¿Y por casa…?
La Justicia es lenta; de eso no hay dudas. Sin embargo, el hecho de que se analicen periodísticamente las falencias que sufre este poder, no implica negar los problemas que se observan en los otros dos poderes del Estado.
Los empleados del Poder Judicial insisten en que son los más eficientes, si se los compara con sus pares del Legislativo y el Ejecutivo. Es que en Tribunales trabajan con la presión constante de cada integrante de una comunidad que reclama y espera resoluciones inmediatas para aquellas causas que lo tienen como protagonista.
“En la Legislatura trabajan menos. En verano no hay actividad y nadie sabe qué es lo que hacen tantos empleados. La mayoría tiene `enganche’ político. ¿O es que acaso producen algo?”, se atajó un agente judicial ante El Litoral.
“¿Viste la cantidad de escritorios repletos de empleados que hay en Casa de Gobierno y en los ministerios? ¿Alguien me puede explicar qué hacen durante todo el día?”, preguntó su compañero frunciendo el ceño.
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