LA LEY QUE LIMITA LA PROPAGANDA ELECTORAL ES LETRA MUERTA
La demanda social para “que se vayan todos” que estalló a fines de 2001 provocó en Santa Fe la reacción de las autoridades políticas, que decidieron reformar el sistema electoral, reducir el tiempo de las campañas y el número de concejales, controlar en forma más estricta los recursos económicos destinados a la publicidad y permitir la participación de nuevas fuerzas políticas. A seis meses de la aprobación de la ley Borgonovo, la marcha de la campaña muestra cómo hasta el propio impulsor de la norma, el ex ministro de Gobierno y actual candidato a vicegobernador, se ha encargado de burlarla, al menos en lo que tiene que ver con el período de limitación para el inicio de la difusión publicitaria. Por lo demás, los rostros que promocionan los afiches testimonian que todos-se-quedaron y que la aparición de nuevas agrupaciones sólo era una expresión de deseos.
El artículo 3º de la ley 12.080 –aprobada por la Legislatura en la última semana de noviembre de 2002 y promulgada el 18 de diciembre del mismo año por el gobernador Carlos Reutemann– establece como “limitación proselitista” que “las campañas electorales no podrán iniciarse antes de los treinta días corridos de la fecha fijada para el comicio” y prohíbe taxativamente “la publicidad proselitista de todo tipo, fuera de dicho plazo”. La miríada de pasacalles y afiches en vía pública que adornan la ciudad desde hace más de un mes revelan el ineludible destino al que estaba condenada la mentada reforma desde su origen: convertirse en letra muerta.
Entre transparente y traslúcido
El 17 de marzo del año pasado, el entonces ministro de Gobierno provincial, Esteban Borgonovo, le decía al diario Rosario/12: “Vamos a avanzar en todo lo que nos mejore la representatividad y reduzca el gasto político. Hay que garantizar una participación de la gente en la política con un régimen electoral que permita elegir en forma más transparente (sic)”. Y explicaba, con tino, que “uno de los problemas es el descreimiento y hay que achicar esa brecha. Yo pertenezco a la generación que conoció otra política, una política por vocación, desinteresada, generosa, que quería cambiar el mundo, no cambiar el auto”.
Un mes después, el 7 de abril, el actual candidato a vice de Alberto Hammerly explicaba en las páginas de El Ciudadano que “ésta es una decisión política del gobierno de Santa Fe. Tanto promueve Reutemann este proyecto de reforma política que lo habilitó por decreto para ser tratado en extraordinarias”, y hacía referencia al “carnaval de la ley de lemas”. Inundación mediante, la ley de doble voto simultáneo sólo se reformó para satisfacer los deseos del partido del gobierno, las elecciones nacionales no se desdoblaron de las provinciales y, como frutilla de la torta, el reutemismo legislativo aprobó el uso de la boleta supersábana. Los deseos de Borgonovo de “garantizar una participación de la gente en la política con un régimen electoral que permita elegir en forma más transparente” se habían hecho añicos.
Según la misma ley, la autoridad que debe encargarse de su aplicación es el Tribunal Electoral de la provincia que, además, está facultado para aplicar sanciones a quienes la violen. Así lo establece el artículo 5º: “Los actores políticos que incumplieren lo dispuesto en la presente ley perderán el derecho a percibir contribuciones, subsidios y todo otro recurso de financiamiento por un plazo de uno a cuatro años, pudiendo además ser sancionados con multas de hasta cien mil pesos”.
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