LA MADRE DE AXEL SE QUEBRÓ CON EL RELATO DE UNA TESTIGO Y DEBIÓ DEJAR LA SALA
La madre de Axel Blumberg, María Elena Usonis tuvo que escuchar hoy el testimonio de la mujer que encontró el cadáver de su hijo en un descampado en Moreno, pero no pudo soportar el relato y abandonó la sala. Durante una nueva audiencia del juicio que se sigue en el Puerto de Olivos por el secuestro y asesinato del joven, la testigo Cecilia Melían detalló que el 23 de marzo de 2004 encontró el cuerpo de la víctima cerca de su casa, y que estaba golpeado y con un balazo en la cabeza. Melián fue la mujer que esa mañana llamó a la Policía para avisar que había un cadáver en un baldío del barrio La Reja.
Según el testimonio de Melian, fue un cartonero que pasaba por ahí quien le avisó a ella que había una persona muerta. Ella se acercó al lugar y constató que se trataba de un joven: resultó ser Axel. La testigo contó que el cuerpo apareció “descalzo, sucio y estaba muy golpeado” y tenía “un balazo en la cabeza”. “La sangre estaba seca”, dijo la mujer al querer explicar que probablemente habían pasado algunas horas desde el momento en que se cometió el crimen. El abogado querellante, Roberto Durrieu (h) aseguró a la agencia Télam que, “al decir esto, la importancia del testimonio deja en claro que a Axel lo torturaron”.
Axel Blumberg fue asesinado en ese mismo descampado a las 3 de la madrugada del 23 de marzo de 2004 con un arma calibre 38. Según las confesiones de los integrantes de la banda acusada, Axel fue llevado hasta allí en el baúl de un Fiat Uno por Martín “El Oso” Peralta y los hermanos Carlos y José Díaz. Y habría sido éste último quien lo ejecutó de un disparo en la sien derecha. El crimen se decidió luego de que Axel intentara escapar de la casilla el barrio Santa Paula, y al ser recapturado, vio los rostros a sus secuestradores, quienes en realidad tenían planeado liberarlo porque el pago del rescate se había frustrado.
Después del enfrentamiento con SIDE y la policía, la banda había decidido dejar libre a Axel:
– Nos conviene perder-, dijo “El Oso” a sus cómplices. Le dijeron a Axel que se preparara:
-¿Me van a matar?-preguntó él.
– No, te vamos a soltar-le respondió Peralta.
Lo desataron y lo metieron en el auto. Todavía estaba vendado y las manos atadas por delante. Pero el joven estaba convencido de que lo iban a matar. Mientras la banda se metía en la casilla nuevamente, el decidió escapar. Bajó del auto y corrió. Fue Carlos Díaz quien lo vio primero:
– ¡Se escapa el gato!- gritó. Su hermano Carlos agarró un arma y salió a perseguirlo. Le disparó un par de veces si dar en el blanco. Axel se lastimó las manos mientras corría desesperado y gritaba:
– ¡Auxilio! ¡Auxilio!
El Oso Peralta se subió al auto y también comenzó a perseguir al joven. Un vecino, a la 1.30 de la madrugada escuchó ruidos. Otra vecina también oyó gritar a Axel y preguntó qué pasaba, pero nunca abrió la puerta de su casa. Axel seguía corriendo queriendo escapar de los secuestradores. El Negro Díaz lo alcanzó y empezó a pegarle. Dos de los secuestradores lo llevaron de los brazos hasta un paredón que había en una esquina. Díaz buscó el arma que se le había caído. Le pegó a Axel otra vez, varias piñas en la cara, en el mentón, en el ojo izquierdo. Axel se resistía y después se desvaneció. La banda volvió con el joven a la casilla donde lo habían tenido cautivo esos días:
– ¿Por qué te escapaste?-, le preguntaron.
– Creí que me iban a matar.
Esta vez, volvieron a golpearlo y a subirlo al auto amordazado, con las manos atadas y la cara tapada. Axel había visto a los secuestradores:
– Hay que matarlo-, dijo uno de ellos.
Hubo una discusión. La banda buscó un lugar sin vecinos. Axel despertó otra vez e intentó una última negociación. Los hermanos Díaz lo bajaron del baúl. Y habría sido José finalmente quien se fue caminando con Axel a los empujones. Lo obligó a apoyar la cabeza contra el piso, la oreja izquierda sobre la tierra, le apoyó el arma sobre la sien y lo ejecutó.
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