LA MADRE DE PABLITO NO LE CREE AL SUPUESTO ASESINO DE SU HIJO
Silvia Quinteros, madre de Pablito, el chico discapacitado mental que fue asesinado el 20 de junio en las calles internas del jardín botánico Ingeniero Parodi, dijo en la mañana de ayer que sólo por la prensa se enteró del menor de 15 años que se entregó a la policía y se hizo cargo de la muerte de su hijo.
Ella dijo también que no puede creer que esa sea la verdad de lo sucedido porque “justamente a mediados de la semana pasada hubo quienes se acercaron a mi para señalarme -con nombre y apellido-, al responsable de la muerte de Pablito”.
Según esa versión que llegó a oídos de Silvia Quinteros, Pablito habría fallecido accidentalmente en el paseo municipal, pero la investigación policial se paralizó cuando, atemorizados, el supuesto protagonista del percance y los testigos ocasionales se llamaron a silencio.
Por otra parte, al margen de estas dos posibles causas de la muerte, la que sugiere la autoincriminación del menor en sede policial y la que presenta a Pablito como víctima de un involuntario accidente, Silvia piensa todavía que a su hijo lo mataron “porque en algún lugar vio algo muy comprometedor”.
Respecto del adolescente que en medio de una crisis de llanto se atribuyó el crimen, Silvia duda. No puede creer la madre de Pablito que un adolescente pudiera temer una amenaza de su hijo, al punto de querer acallarlo a garrotazos con el sólo fin de que no fuera con el cuento a sus padres.
Tampoco entiende que otro chico de menor edad y similar contextura física que Pablito tuviera la fuerza que se requiere para usar como arma “un palo largo y pesado como ese que se encontró en el lugar”, y además también puso en duda que con ese garrote pudiera acertar en la cabeza de la víctima con un golpe, certero y demoledor, al punto que le partió el cráneo causándole pérdida de masa encefálica.
En cuanto al terror a ser delatado que argumentó el chico que se presentó en la Subcomisaría 11a., Silvia tiene sus objeciones porque -eso le han asegurado-, no es una novedad para nadie, menos para la familia, que el chico consuma drogas.
Para Silvia la versión ofrecida por el adolescente -de 15 años de edad-, está dirigida a encubrir a los verdaderos culpables.
Otra de la especies circulantes, la que remite a un inesperado percance que tuvo por protagonistas a un trabajador y a la propia víctima, Silvia dijo que es más creíble que la anterior por cuanto ella misma pudo comprobar que en todos los casos los trabajadores del establecimiento municipal se mostraron atemorizados y que poco y nada colaboraron con la investigación.
También agregó que la profunda herida que Pablito presentaba en la cabeza difícilmente fuera causada por el garrotazo que se atribuyó el adolescente y si es probable que fuera una pieza en movimiento -de una máquina de grandes dimensiones-, la causante de la herida.
En nuestra edición del sábado hicimos pública una versión oficiosa según la cual el matador de Pablito se presentó ante las autoridades de la Subcomisaría 10a. en compañía de sus padres.
Entonces describimos al presunto matador como a un joven adicto que, para sorpresa de todos se atribuyó, en medio de una incontenible crisis de llanto, la muerte de Pablito Quinteros.
Supuestamente el menor aquel confesó por consejo de un compañero de escuela y pidió ir a la comisaría en compañía de su padre porque un estado de remordimiento permanente lo obsedía y no lo dejaba dormir.
Según las fuentes policiales que citamos el último sábado, el escolar de 15 años de edad, aseguró que no quiso matar a Pablito, un inocente que evidenciaba un marcado déficit intelectual y que era conocido como “el chico de las pelotitas”.
El supuesto matador dijo que si atacó a la víctima con un palo fue para castigarlo “porque hablaba mucho y decía que lo iba a delatar a sus padres”.
En realidad, quien confesó haber golpeado a Pablito con el ánimo de “asustarlo y hacerlo callar”, dijo que temía que el inocente llegara hasta sus mayores para hacerles saber que de un tiempo a esta parte compraba y consumía estupefacientes, además de otras sustancias prohibidas.
En realidad Silvia piensa que el problema con las drogas que este como otros chicos tienen en uno de los “fumaderos públicos” de la ciudad, no es un secreto para nadie, ni para los vecinos -que los ven a diario-, ni para los numerosos padres que padecen el problema y “a veces los van a buscar”.
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