LA MADRE QUE GOLPEÓ A LA MAESTRA SE ARREPIENTE PERO NO DESCARTA IR A LA JUSTICIA
“Ahora me arrepiento de haber reaccionado así. De todos modos, llevaré el informe de mi hija a una psicóloga y si no coincide con lo que evaluó la maestra, iré a la Justicia; porque a mi nena la discriminaron por pobre”. De esta manera se justificó Virginia Vargas (28, casada), la madre que golpeó a la maestra de su hija de siete años y alumna de primer año de EGB del Normal Nº2 (Córdoba y Balcarce). La mujer, que vive en José Ingenieros 7923 y viaja una hora todos los días en el ómnibus 115 para llevar a sus tres hijos hasta el establecimiento del centro porque allí hay “buen nivel de aprendizaje”, le aseguró a La Capital que “nunca antes” le pegó a nadie en una discusión; que ella y su familia son “personas calmas”; y que su hija es “tranquila y vergonzosa”, y “se comporta como cualquier chico”. Finalmente, se quejó al decir que, nunca antes del informe, la maestra le había comunicado que su hija tenía problemas o debía ir al psicólogo.
Las versiones de Vargas distan de las expresadas por los directivos de la escuela. Coinciden solamente en decir que las piñas de la madre a la maestra existieron dentro del salón y a la vista de todos los alumnos. Lo que hasta ahora nadie resolvió es cuál será el destino educativo de la niña, quien desde hace cuatro días no concurre a clases, y no se sabe si será admitida en algún nuevo establecimiento educativo o perderá el año.
La mujer sostiene que los problemas comenzaron en junio cuando ella protestó porque su hija había sido rasguñada por una compañerita. “La nenita les pegaba a todos pero como tiene un buen nivel económico nadie le dijo nada”, indicó ayer la mamá, quien agregó que desde ese momento la maestra y la escuela no tuvieron el mismo trato con su hija. “La maestra le gritaba por todo en los oídos, y comenzaron a cambiarla de salón como si fuera un paquete de sal. A mí eso me dolió mucho y decidí sacarla de la escuela. No así a mis dos otros hijos, con quienes no tuve ningún problema”, remarcó Vargas.
Tras esa decisión, el lunes pasado fue a buscar el informe y la libreta de su hija con el fin de anotarla en una nueva escuela: la Nº1.275. “Cuando leí el informe le pregunté, ¿por qué esto no concuerda con su trabajo diario en el cuaderno de clases? Me contestó mal, como queriendo terminar allí la charla y reaccioné. Entonces le di una cachetada y un empujón. Ahora me arrepiento, pero es muy feo leer en un papel que tu hija es prácticamente anormal”, se quejó.
El papel al que hace referencia Vargas, y que fue firmado por la maestra Andrea Girotti y la subregente del turno tarde, Nidia Jensen, decía en algunos párrafos: “Es inquieta, habitualmente su posición en la silla es de rodillas, con su cuerpo sobre la mesa y permanentemente necesita tener algo en su boca: sus cinco dedos juntos, gomas y lápices. No presta atención ni participa de las actividades propuestas en clase, manifiesta que no le interesa hacerlo y se muestra desafiante a mi autoridad. Su nivel de aprendizaje no es satisfactorio. En múltiples circunstancias come goma de borrar, plasticola y lápices, y ante mi llamado de atención se ríe y me dice «bla, bla, bla»”.
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