La marcha
Hace frío y es invierno, de modo que la noche se apresura en llegar a la capital puntana. San Luis tiene dos plazas separadas por cinco cuadras la una de la otra, que dan vida al micro centro. Frente a una está la Catedral y frente a otra el Palacio de Gobierno. Y por allí late el terruño donde mandan los inefables hermanos Rodríguez Saa.
Desde una esquina suenan algunos bombas de mortero y el frío hace echar vapor de las bocas que comentan y que, a medida que transcurren los minutos empiezan a ser más. Hay docentes, estudiantes, obreros, estatales… trabajadores, gente, pueblo. Todos coinciden en algo: no están de acuerdo con el gobierno y no integran ningún movimiento político partidario.
Cuando la columna empieza a recorrer la caminata desde la Plaza Pringles hasta la Casa de Gobierno, una bandera argentina luce opaca por el manto de la noche o porque quizás no tiene tantas ganas de andar brillando en esos pagos. Mientras, los marchantes se cuentan hasta quinientos.
Al paso de la caravana murmurante, indignada y convencida, unos pocos se detienen a saludarle el paso y unos muchos se muestran indiferentes. Puede que no se animen demasiado o puede que estén felices con la obra pública que con cemento tapa todos los negociados del feudo; pero no dicen nada.
Al llegar a la otra plaza, la Casa de Gobierno luce infranqueable, custodiada por la policía de la provincia y por un vallado que no se le parece en nada a una casa de ningún gobierno del pueblo. Hablan los marchantes, hablan los docentes que esperan como si se tratara de anfitriones porque hace 500 días que están con una carpa de protesta frente a Palacio.
Los marchantes tienen algunas características propias: no tributan en partidos políticos, no están armando ningún movimiento revolucionario, sino que ejercitan su derecho al reclamo y han constituido una identidad de marchantes. Ahora están orgullosos porque en Mercedes, la segunda ciudad, ya se ha confirmado que también empezarán a marchar.
Con discursos de ocasión (“les decimos a los policías que nos están apuntando y nos están filmando que no se olviden que somos los que educamos a sus hijos”, apuntan los maestros) la marcha concluye. Se recolectan monedas para pagar el sonido. Se sabe que el jueves se volverán a encontrar. Y se sabe que no es bueno comparar, pero alguna vez se rieron de las que marchaban alrededor de la Plaza de Mayo para cambiar la historia. Sólo será cuestión de esperar.
Este contenido no está abierto a comentarios

