LA MARCHA PARA RECHAZAR LA VISITA DEL JEFE DEL FMI TERMINÓ CON 102 DETENIDOS Y 20 HERIDOS
La zona de la Plaza de Mayo volvió a convertirse ayer, después de mucho tiempo, en un campo de batalla. Unos cien manifestantes del grupo Quebracho quemaron cubiertas en las puertas del Ministerio de Economía y tiraron piedras contra la Policía. La Policía reprimió con gases lacrimógenos y balas de goma, y persiguió a los manifestantes varias cuadras, incluso por las vías del subte. Hubo 102 detenidos y unos 20 heridos.
Los integrantes de la CTD Aníbal Verón —brazo piquetero de Quebracho— llegaron hasta Economía para rechazar la visita del jefe del FMI, Rodrigo de Rato, quien estaba allí reunido con Roberto Lavagna. Quebracho es un grupo extraño, que suele hacer acciones sorpresivas y, muchas veces, violentas. En su aparición anterior ingresaron a la sede del Ejército y quemaron una bandera de EE.UU. para repudiar el envío de Cascos Azules a Haití.
La violenta protesta de ayer —y el cambio de actitud del Gobierno, evidente en la respuesta policial— ocurrió cuando 1.500 seguidores de Raúl Castells reclamaban su libertad. Pese a que no tuvieron nada que ver con los incidentes, contribuyeron a enrarecer el clima cuando voltearon dos vallas en la Plaza de Mayo y llegaron a metros de la Casa Rosada.
Los manifestantes del Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD), junto a otros grupos chicos piqueteros, marcharon desde Avenida de Mayo y 9 de Julio para pedir la liberación de Castells, detenido ha ce una semana en Chaco. En la Plaza derribaron dos vallas que, curiosamente, no estaban atadas con cadenas como el resto. Vencieron la tibia resistencia policial y se instalaron sobre Balcarce.
Mientras los seguidores de Castells negociaban para que los recibieran en Gobierno, llegó la modesta columna de la CTD Aníbal Verón y otros grupos menores. Con sus caras cubiertas por pañuelos y con palos, se pararon en la esquina de Balcarce e Yrigoyen. “Paso, paso, paso, el Fondo al carajo”, gritaron.
Enseguida llegó la orden que esperaban y avanzaron hacia Economía, una zona que pareció descubierta por la Policía. Colocaron unas diez cubiertas en la puerta principal —que tenía las cortinas bajas—, las rociaron con nafta y les prendieron fuego: hubo tres explosiones. Con aerosol rojo, pintaron consignas contra el FMI y el pago de la deuda.
Poco después, la avanzada de la Guardia de Infantería hizo que los piqueteros retrocedieran hacia la Plaza de Mayo. Volaron unas piedras y la Policía pegó algunos palazos pero no hubo detenciones. La Policía armó un cordón en la esquina de Economía y pareció volver la calma.
Pero veinte minutos después, gritando “Patria sí, colonia no” los de Quebracho volvieron con sus palos en alto. Se plantaron frente a la Policía con cascotes en las manos. Casi como una formación militar, dieron media vuelta y amagaron retirarse. Pero los últimos se volvieron a dar vuelta y los cascotes volaron hacia los escudos de la Infantería.
Allí comenzó el momento más violento. La Policía realizó las primeras detenciones y reprimió con gases y balas de goma. Un carro hidrante lanzó pintura azul para “marcar” a quienes pretendía detener. También se vio efectivos de civil golpeando con palos a algunos manifestantes.
Los del MIJD quedaron en el medio y recibieron golpes de ambos lados. Se fueron por Balcarce con los ojos rojos por los gases. “Esto es obra de infiltrados”, dijo Nina Peloso, esposa de Castells.
Los móviles policiales avanzaron por Avenida de Mayo hasta Piedras. Unos 60 piqueteros fueron capturados en el subte, muchos incluso luego de una larga persecución por las vías. La causa quedó en manos del juez Juan José Galeano: oficialmente, hubo 102 detenidos —alojados en la Superintendencia de Investigaciones— y ocho policías heridos.
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