La más austral
Dice una fueguina por adopción –como lo son la mayoría- que “ahora Chile está construyendo una ciudad nueva, que se llama Puerto Williams, y está más abajo, del lado chileno de la isla, pero más austral todavía. Nos van a quitar los turistas…”, ensaya una queja. Es que, Ushuaia es una meta simbólica para viajeros de raid y también una alternativa para las agencias de turismo que venden el lugar más lejano, con las bellezas más imposibles.
Puede que Puerto Williams sea pronto una alternativa turística generada como política chilena de poblar y recaudar, lo que preocupa a nuestra interlocutora. Nomás que le faltará un detalle que no se subsana así nomás: no tendrá historia. Esta que tiene Ushuaia, de locos pioneros, de carceleros furiosos, de anarquistas presos, de gringos tozudos, de aborígenes asesinados, de marineros enamorados.
Es que, Ushuaia, meca de aventureros y curiosos, erigió una identidad que no se construye de la noche a la mañana. Y además, se le nota. Independientemente de las casitas coloridas suspendidas de los cerros verdosos o de los cruceros fastuosos que iluminan las aguas heladas de su puerto, la más austral de las ciudades del mundo guarda en cada esquina una historia, una leyenda, que siempre vale la pena conocer.
Por un lado está la Ushuaia que vive por y para el turismo. La que goza de “temporada alta” todo el año y no tiene lugar para hospedar a nadie que no haya hecho reservas con anticipación ni en hoteles lujosos ni en hosteles o pensiones de precios más moderados. Por el otro, la que sobrevive de las hilachas de las empresas que se fugaron tras llenarse de dinero con la ley de promoción industrial, la que se llena de norteños buscadores de paraíso que no siempre existe.
La primera se empecina en mostrar las casas de chapa bien pintadas como reliquia, los centros de esquí pos modernos tentando al futuro y la gastronomía patagónica a estilo más refinado que el que empleaban los onas. La otra, la de la cotidianeidad, menos atractiva, es casi una obligación salir a descubrirla, entre los operarios de las fábricas que ya no echan humo de las chimeneas o en las caras varias de una crisis política que se muestra con un gobernador recientemente destituido por juicio político.
Nos quedamos en Ushuaia, entonces. Por las dos Ushuaia. Las que se entremezclan como lo hacen también el pasado y el futuro para contestarle a la interlocutora preocupada por el título de “ciudad más austral” que Chile quiere poner en tela de juicio. No habrá ninguna igual, no habrá ninguna, estimada. Desde el puerto está por zarpar un nuevo crucero. Son las 11 de la noche y la claridad es plena.
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