LA MEDIACIÓN ESCOLAR COMO UNA HERRAMIENTA ANTE LA VIOLENCIA
Invitado por los impulsores del proyecto de investigación Violencia familiar, institucional y social, de la UNL, y el Instituto para la Familia, por la No Violencia y Discriminación, disertó en la facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales el Dr. Osvaldo Ortemberg, abogado especialista en derecho de familia, mediador y psicólogo.
El tema convocante fue la Violencia Escolar, sus manifestaciones recientes. La mediación como una posible alternativa.
En una pausa breve pero enriquecedora, el especialista dialogó con El Litoral y explicó su postura frente a esta realidad que considera cada vez más frecuente en los establecimientos escolares.
Prefirió partir de las causas que generan la violencia escolar -entendida como el desplazamiento a la escuela de otros escenarios de violencia- entre las que destacó dos factores: el jurídico económico y la crisis económica.
El primero tiene su origen en los cambios sociales de los últimos 20/30 años, “donde se produjo un avance respecto de los derechos del niño y del adolescente que estuvo vinculado al ingreso del consumo masificado, lo que significó que empiecen a ser reconocidos como sujetos de derecho, a tal punto que el Código Civil establece que en los conflictos familiares el interés superior que se debe atender es el del niño.”, consignó.
Para Ortemberg, la conciencia social confundió el interés con el derecho sin diferenciar que “la voluntad del que va a decidir ese interés no es la del niño como titular del derecho, sino la de un adulto que piensa respecto de los intereses del niño”.
Esa confusión hace que el niño se sienta “en un rango de igualdad con sus padres y sus docentes, por lo que en vez de pedir autorización directamente exigen, perdiéndose la noción de autoridad”.
Avalar la voluntad del niño, sin poner límites, “es una de las fuentes de la violencia en las escuelas: lo que quiero lo hago, si quiero estudiar estudio y si no quiero, no”, dijo.
CRISIS ECONÓMICA
La crisis económica es otro factor que conduce a la violencia en las escuelas.
Ortemberg señaló que “en las clases desposeídas, el padre y la madre no cumplen con el rol asistencial respecto de los chicos, y a la hora de poner límites falta el cuerpo de sostener la vida de sus hijos”.
A esto sumó el agravante de que estos padres “suelen deprimirse o incorporar hábitos destructivos como el alcoholismo y la violencia, lo que genera que los chicos lleguen al colegio sin una pauta de orden y con un modelo muy denigrado”.
En estos casos, el límite depende de la voluntad del que lo pone y, según el especialista, puede estar vinculado con la violencia: “Hacé esto porque yo quiero o te castigo”.
Ante situaciones de este tipo, “es muy difícil que un chico pueda incorporarse a un orden y acepte el esfuerzo de estudiar y de subordinarse a una disciplina, sobre todo cuando en su medio familiar no dan el ejemplo”.
Los menores de clase alta no escapan a esta problemática, y allí también “se confunde el interés con su voluntad y se sienten con derecho a consumir todo lo que los medios le dicen. Plantean a los padres que todo lo que desean consumir les tiene que ser dado por sus derechos, sin valorar que todo eso proviene del trabajo de sus padres; no ven el trabajo y de este modo no tienen buena disposición para una disciplina que implica un esfuerzo y se sienten con derecho a consumir”.
EL MEDIADOR EN LA ESCUELA
El disertante destacó en un apartado especial la figura del mediador como el encargado de restablecer mediante su intervención las causas que llevaron al niño a ser violento en la escuela.
“Hay que pensar la violencia escolar como un desplazamiento de otros escenarios de violencia que vienen padeciendo los chicos. No tiene por qué sorprender que un niño violado por sus padres se agarre a piñas con otro o le discuta al maestro”, aseguró.
Pero destacó que “si nos quedamos con esas manifestaciones no vamos a lograr modificar conductas, el chico va a repetir eso mientras no salga a la luz aunque sea a nivel discursivo lo que le pasa, a fin de que pueda ubicar su dolor y su odio en escenas que no tengan como protagonistas a sus compañeros”.
La especialidad del mediador no está bien definida, puede ser un maestro, un padre, o incluso un alumno. Pero debe estar capacitado para facilitar el diálogo, ayudar a pensar a cada parte las historias, incluyendo a las familias.
Revalorizar el trabajo
Como premisa fundamental para combatir este flagelo, Ortemberg plantea revalorizar el trabajo, contemplando la crisis alimentaria de la familias desposeídas.
“Una solución es que el trabajo se incluya como disciplina escolar, pero no como teoría sino como trabajo productivo, y que el producto de ese trabajo vaya a las familias de los alumnos carecientes”.
Entre los posibles trabajos, citó que trabajen huertas, que arreglen computadoras dentro de la escuela o que pinten las paredes, entre otras posibilidades.
“La escuela -opinó- debe dejar de dar alimento a los chicos porque si el hogar está destrozado cuando va a la casa no come. Debe preocuparse por restablecer un vínculo de solidaridad y de reconocimiento del trabajo en los chicos y en los sectores altos”.
Y agregó que “hay que pensar esta situación como una emergencia, como si fuera una guerra. El 50 por ciento de la población carenciada es una crisis como el terremoto de San Juan o como la inundación de Santa Fe. Y qué respuesta se le da: mínima, light, sólo parches. Insisto en que si no se restablece la noción de trabajo es muy difícil que se pueda reconducir el tema educativo”.
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