La mitad de la red de agua tiene más de 50 años
"Hoy en el centro la evolución de edificios y actividades que conglomeran una mayor cantidad de gente hacen necesario sí o sí cambiar los troncales", señaló el funcionario municipal.
La interrupción en el servicio de agua potable durante 24 horas en toda la ciudad de Santa Fe trae aparejados otros interrogantes, relacionados con la infraestructura misma de la urbe, sobre todo aquella que se encuentra por debajo de la capital provincial.
El subsecretario de Recursos Hídricos de la Municipalidad de Santa Fe, Felipe Franco, destacó que “la ciudad ha crecido evolutivamente y hay un sector más antiguo, compuesto por el casco céntrico, barrio Sur y una parte de barrio Candioti, que es donde está emplazada la planta potabilizadora y que fue el inicio de la red”.
El funcionario agregó luego un dato fundamental: “Alrededor de un 50 por ciento de la red tiene más de 50 años”. Y aquí es clave destacar que en la capital de la provincia la red de agua potable comenzó a construirse en 1903 y se inauguró dos años después.
En cuanto a los materiales utilizados en los primeros años, el ingeniero Franco afirmó que “ eran acordes y estaban aprobados por Obras Sanitarias de la Nación; después fueron evolucionando y también hubo idas y vueltas en cuanto a costos y precios que también hicieron cambiar los tipos de materiales”.
Ahí fue cuando comenzaron a jugar el PVC (policloruro de vinilo) y el PRFV (plástico reforzado con fibra de vidrio), los cuales pasaron también por la etapa de aprobación correspondiente. “Hoy, en la extensión de la red se utilizan cañerías de PVC o un polivinilo de alta densidad, que soportan condiciones de trabajo mucho más exigentes y que el deterioro por incrustaciones como el que tienen las de acero –como las que tenemos en la zona sur– es diferente”, expresó el funcionario municipal.
También destacó que “la variabilidad térmica de la ciudad de Santa Fe influye mucho en la contracción y dilatación de los materiales, fundamentalmente en el encuentro con las piezas especiales, que en la mayoría son de bronce; las más antiguas son de acero, que tienen como mayor problema la disponibilidad para abrirse y cerrarse”.
—El crecimiento urbano, ¿también influye sobre el estado de las redes?
—Sí, fundamentalmente en aquellos sectores en los cuales formalmente no estaba abastecido el sistema y pasa alguna línea principal de distribución han hecho conexiones clandestinas los mismos vecinos y eso también ayuda a que el porcentaje de pérdida de la producción de agua sea más importante. En ese aspecto, llevamos adelante el programa Agua+Trabajo en conjunto con Assa, tratando de disminuir aquellas potencialidades de tomas de agua clandestinas que deterioran el sistema que está en funcionamiento y si bien provee de agua a sectores más carenciados, lo hace de forma anárquica y sin control de sanidad.
—Usted hablaba de que los materiales cambiaron y evolucionaron, ¿es necesario reemplazar las cañerías más antiguas?
—De hecho, lo que plantea el reemplazo no es sólo el cambio por los materiales y la antigüedad de los existentes, sino también por el porcentaje de población que pasa. Hoy en el centro la evolución de edificios y actividades que conglomeran una mayor cantidad de gente hacen necesario sí o sí cambiar los troncales, porque las dotaciones para las cuales fueron previstas eran teniendo en cuenta casas de baja altura y los edificios hoy plantean un reto a la diagramación. Por eso se trabaja en la planificación y en la ubicación de los futuros edificios sobre lugares donde tengan posibilidades en cuanto a las redes de abastecimiento e infraestructura; donde las mismas se puedan modificar o estén modificadas a los efectos de satisfacer las necesidades de la población.
—¿Cuál es la vinculación que puede hacerse entre el estado de las cañerías de la ciudad y los baches existentes?
—Tenemos una red que funciona por bombeo. En verano, el bombeo se incrementa y en algunos sectores donde puede haber habido una reparación, al aumentarse la presión de bombeo, puede volver a fallar, eso genera una pérdida de la conducción, se rompe la base o subbase de la calle y dependiendo el tiempo que transcurra entre la reparación se rompe, y el tránsito hace lo demás, generando un mayor número de baches. También existen reparaciones que, si bien tienen un control, se hacen con malas condiciones de suelo y al tiempo vuelve el bache.
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