LA MUERTE NO LO ESPERÓ
Esto no es una semblanza. Es apenas el espasmo que produce la noticia. La letra fria de los diarios digitales dicen: Murió en Paris Juan José Saer, como si dijeran Murió Juan Perez, o José Mengano.
Y no. No se murió cualquiera. Se acaba de morir uno de los mas grandes escritores que haya dado la literatura argentina, y ni hablar de la santafesina. Y no parece que el mundo vaya a detenerse.
Son los momentos en los que el mundo debería detenerse.
La estaba peleando. eso al menos les decia a sus amigos, los muchos, que habitan esta Santa Fe. Habia postergado su último viaje en el que pensaba recibir galardones en el Congreso de la Lengua, y el titulo de Profesor Honoris Causa de la Universidad Nacional del Litoral.
El Congreso de la Lengua lo extrañó. Su ausencia se notó en los debates sobre el lenguaje y las letras. Habia sido elegido para cerrar las deliberaciones. Finalmente fue reemplazado por otro ilustre provincial: Roberto Fontanarrosa.
El titulo de Honoris Causa, otorgado por el Consejo Superior de la UNL aún lo espera en alguna oficina del Rectorado de Boulevard Pelegrini.
Maldita sea la muerte, maldita sea. Saer se va , y aunque siempre queda el consuelo de su obra, se va y nos queda la sensación de que aún nos quedaba mucho por leer y escuchar del “Turco” o de Juani.
La muerte no lo esperó. No dejó que se despidiera de su Rincón amado, de las Playas de Guadalupe, de los caminos que describió como nadie desde su casa de París.
Maldita sea la muerte. No le permitió su última caminata por San Gerónimo. No le permitió la última madrugada con sus amigos de Santa Fe.
Maldita sea la muerte.
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