La mujer menuda e inteligente que nunca más apareció
La cuñada de la profesora desaparecida, llamada María Isabel Rodríguez, fue la primera en abrir as audiencias testimoniales en el marco de la causa que está orientada a establecer la responsabilidad penal del ex comisario Facino.
Alicia López fue secuestrada en octubre de 1976 por un grupo de tareas que se la llevó, primero a un centro de torturas rural, conocido como “la Casita” y luego la trasladó hasta los calabozos de la seccional Cuarta, donde mandaba el ex comisario en plena dictadura.
Rodríguez, hermana de quien fuera el esposo de la desaparecida contó detalles del procedimiento en la casa de Sargento Cabral 1345, del barrio Candioti Sur. Antes, detalló que Alicia había llegado de la provincia del Chaco luego de la detención de su esposo, Luis Juan Rodriguez, que militaba en las Ligas Agrarias. López regresó a Santa Fe con sus tres chicos, una nena de 6 años, otra de 4 y un niño de 2. Aquí en la capital santafesina su exposición era mínima, por cuestiones de seguridad. Sin embrago, la patota integrada por policías y civiles ingresó primero a su casa y, al no encontrar a López, se dirigieron hasta el domicilio de la cuñada mudaron su logística hasta el domicilio de los suegros de la profesora. “MI marido vio todo, se la llevaron esa noche, y cuando regresó mi marido a mi casa nos sentamos en los sillones de nuestra casa sin hablar, absolutamente consternados”, contó la señora con tono nervioso y lleno de angustia.
“Todo el peregrinar lo hizo mi marido –dijo Rodríguez- preguntó en todos lados por Alicia, utilizó sus influencias, pero no puso lograr mucho. Estábamos aterrorizados, teníamos la idea que un día iban a volver a nuestra casa a meter una bomba y por eso trasladamos a los chicos a otra habitación, porque los chicos dormían en casa”, señaló. La misma mujer, pero en la declaración testimonial en instrucción declaró que “las que vieron a Alicia en la Seccional Cuarta fueron la señora Susana Arese, que vive en el exterior, y la señora Roselló”. Cuando los jueces le preguntaron sobre esa declaración dijo que conocía muy bien a Arese, porque conocía a su mamá, que le comentó una vez que su hija la había visto a Alicia detenida en situaciones de salud muy delicada.
En el marco de las audiencias surgió el nombre de un familiar de López, Julio Padin, quien fuera durante varios años uno de los casi ochenta PCI (Personal Civil de Inteligencia) que tuvo el Ejército en el Área 212 durante la represión ilegal. El doctor Iparraguirre, uno de los abogados que patrocina a la querellante Liga Argentina por los Derechos del Hombre, le preguntó a Rodríguez si ese Padín podía estar vinculado a la desaparición de Alicia.
“Era primo hermano de Alicia, vivía frente a nuestra casa paterna. Teníamos poca relación con él, yo no creo que ese muchacho haya tenido que ver con el operativo del secuestro. En esta situación se dio una confusión, porque mi marido escuchó que cuando llegaron hasta la casa donde estaba Alicia y luego la secuestraron, uno de ellos (por la patota) fue reconocido por Alicia, que le dijo ‘¿Vos acá?’”. De igual modo, Padín falleció y el secreto de sus acciones también se silenciaron por siempre.
Uno de los testimonios más sentidos fue el Luis Juan Rodriguez, ex esposo de Alicia López . Recordó que la profesora era “una extraordinaria mujer, sumamente capaz, muy débil en su salud porque tenía problemas de defensas. Cuando a mi me detuvieron en el Chaco, ella decidió irse a Santa Fe con nuestros tres hijos. Yo, para octubre de 1976, ya estaba preso en el penal de Rawson por lo que todo lo que supe después sobre la desaparición de Alicia es por lo que me contaron. El primero que me hizo referencia fue ‘El Corto’ Almada, un militante que estuvo preso también en el sur que me dijo que había visto a Alicia en la seccional Cuarta y que supo que se la llevaron de allí, no sé si aun con vida o ya fallecida”, dijo Rodríguez, que hasta hace unos meses se desempeñaba como juez de ejecución penal en los Tribunales santafesinos.
Los testigos de la causa
Alejandro “Chicle” Córdoba fue detenido el 8 de septiembre de 1976 en Reconquista y trasladado a las dependencias de la Brigada Aérea de esa ciudad, donde permaneció 45 días en los que sufrió distintos tormentos. A mediados de octubre del mismo año fue trasladado a la dependencia policial donde –durante años, -funcionó la subsecretaría de Seguridad Pública (en Obispo Gelabert y San Martín)
Ya en la Comisaría Cuarta, en octubre de 1976, Córdoba pudo identificar que allí estaba detenida una mujer menuda, muy debilitada que, tras confesar que había sido violada por un policía, “dijo entre llantos llamarse Alicia López, una profesora de Letras que había sido secuestrada de la casa de su madre el 22 de octubre del mismo año”.
El relato de Córdoba permitió enlazar algunos datos coincidentes. Alicia López estuvo detenida en la Comisaría Cuarta y fueron testigos de ese paso tortuoso, además de Córdoba, José Schullman y Raúl Pinto, otro ex detenido que vive también en Reconquista. López llegó a la Comisaría Cuarta tras haber sido torturada en una de las “casitas” que funcionaba en las afueras de Santa Fe. Fue abandonada en una celda por un policía que la llevó hasta la Comisaría envuelta en una frazada y “que la violó en el mismo lugar”, de acuerdo al relato de los testigos que pudieron ver y escuchar a esa mujer “menuda, petisa y muy deteriorada”.
Alicia López sufría una rara enfermedad que le bajaba notablemente las defensas, además de padecer un cuadro de diabetes que la obligada a estar medicada todo el tiempo. Córdoba volvió a encontrarse con el fantasma de esa historia en la cárcel de Coronda, donde fue trasladado en enero de 1977. Allí, en el Pabellón 6, un policía castigado por sus superiores por pasar cartas de los detenidos a sus familiares, le informó sobre un posible destino de Alicia. “La mataron, estaba muy grave, la sacaron para matarla, fue en noviembre de 1976”, dijo.
La clave de la desaparición de Alicia López parece situarse en los últimos días de 1976 y los primeros meses de 1977. Precisamente en este año, y estando detenido en el penal de Rawson, el entonces esposo de la profesora, Luis Rodríguez, fue interrogado por personal de inteligencia de la provincia del Chaco, que le efectuaron varias preguntas. “Pero a diferencia de otros detenidos, a los que les preguntaban por su mujeres, a mí no me preguntaban nada, lo que me hizo pensar que sabían concretamente cuál había sido su destino”, dijo en la Justicia Federal el magistrado provincial.
Rodríguez conoció en Rawson con otro preso político al que apodaban “el corto”, por lo bajito, y que se llamaba Eduardo Almada. Le contó que “había estado detenido en la Comisaría Cuarta con
Alicia y que, una tarde, se hizo presente en la seccional Nicolás Correa (alias el Tío) que se la llevó, y desde entonces no supimos nada más de ella”. Correa falleció en 2007 y no pudo ser condenado por delitos de lesa humanidad. Almada murió hace cinco años en extrañas circunstancias en la localidad de San Miguel (provincia de Buenos Aires). En su declaración en la Justicia Federal quiso aclarar algo antes de finalizar su testimonio: “conociendo el proceder de los grupos de tareas y su ramificaciones en nuestro país, solicito garantías para la seguridad de mi persona ante eventuales agresiones físicas o amenazas que pueda sufrir por esta declaración, manifestando expresamente que, en caso que ello ocurra, hago responsable al citado (Nicolás, “el Tío”) Correa, atento a que conozco su proceder”.
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