La nao
En una estación de servicio del pueblito que se hizo famoso por el filme “Historias Mínimas” una señora de pelo pintado de amarillo, apura un café, mira el cielo y consulta con la cajera si mejorará el tiempo porque esta noche inauguran “La Nao”. La cajera, que no es del servicio meteorológico, escruta el cielo y se lamenta. “Parece que va a hacer frío al lado del mar”, dice.
Al fondo, donde el boulevard de acceso echa sus últimos metros al mar, los inspectores municipales de este pueblo bien entrazado ya han cortado el tráfico y esperan a las de la noche “cuando llegarán las autoridades para dar lugar al acto”. Todos en San Julián, en mayor o menor medida, hablan de la embarcación que se inaugurará hoy, sin botellazo de bautismo, porque “Victoria” no navegará como cuando la piloteaba Magallanes, sino que será un atractivo turístico.
Y allí está ella. Pintada de marrón y un amarillo exorbitante que seguro no tenía la original, pero una réplica casi exacta, a medidas también justas, sobre una caleta artificial que le han construido para que parezca que vuelve al mar, beneficiada por un atardecer de cielo naranja y azul oscuro que sólo San Julián, el pueblo de los mejores ocasos patagónicos, le puede regalar.
La nao “Victoria” es un viejo proyecto de un vecino del lugar, Pablo Walker, un autodidacta apasionado por el estudioso riguroso de la historia. En realidad, era un proyecto. Ahora es una realidad. Hace unos años, cuando el hombre estaba a cargo del área de turismo del municipio, pensó que esto podía ser una concreción, recabó datos de una réplica que se había hecho en la expo Sevilla, en el año 92, y después de mucho bregar, hoy, cuando ya no es funcionario, ve que su sueño se pudo concretar.
La obra se le confió al constructor Pugliese, famoso en la época del menemismo por sus influencias, que le valieron la adjudicación de varias obras en Puerto Madero, y también por lo oneroso de sus honorarios, que aquí dicen que no fueron la excepción. No obstante, “Victoria” está acá, los jóvenes tendrán chance de codearse con una historia de la que pocas veces preguntan y el lugar se convertirá pronto en sitio de visita obligada para los cada vez numerosos visitantes de la Patagonia.
La nave tiene una representación en figuras de tamaño real, hechas en un material plástico maleable, de varios de los conquistadores, entre ellos, Magallanes, Elcano, algunos marineros sin nombre y, por supuesto, un cura. No en vano, fue en San Julián donde la Iglesia llevó a cabo la primera misa donde hoy es el territorio argentino. Para la celebración, además de los ilustres de plástico, ha venido también Pancho Ibáñez, que conduce el protocolo de la velada.
De pocas palabras, el gobernador Acevedo dice lo suyo. Después, otras autoridades y también Walker, el que pensó que esto podía estar allí cuando todos daban por sentado, no sólo que no se haría, sino que no valía la pena. El pueblo aplaude. No hay puestos de choripanes ni grupos musicales, tal como manda la liturgia de inauguraciones; pero la gente se muestra contenta.
Dentro de la nave hay una animación sonora de la historia, también llevada a cabo por el propio Walker. Allí se recrea la llegada de los conquistadores, su sorpresa por el hallazgo de los “patones” que eran los tehuelches pero ellos llamaron patagones, la sublevación que casi acaba con Hernando de Magallanes decapitado y otros detalles. Todo con buen gusto y en un marco que logra que el visitante se traslade a la época. Bien recibidos en San Julián; aquí nos quedamos.
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