LA NOCHE DE LA FUERZA SUAVE
Rock en altas dosis. No pudo haber receta mejor para cerrar el primer fin de semana de una saga histórica junto al Monumental, cerrada a pura potencia y belleza para una fiesta con 18.000 invitados. En una amalgama de rock caliente y clima poético, el toque final lo pusieron los Divididos, precedidos (y acompañados) por un inspiradísimo Luis Alberto Spinetta.
A minutos de la medianoche, y con Nene de antes, Mollo y los suyos comenzaron un recorrido de 23 temas que abarcó su power rock acostumbrado y momentos hermosos. Como esa pelotita de tenis que rodó a los pies del cantante. “Esto viajó desde Río Gallegos”, leyó Ricardo. Sin palabras. O el Camarón Bombay con mini zapateo de Arnedo para capear un bache en el sonido. O la dedicatoria antes de Pepe Lui: “Para el de la remera (Luca Prodan) y para mi viejo”.
“Este trío está muy orgulloso de invitar a Luis Alberto Spinetta”: Despiértate nena fue la canción caliente que paró a los dos grandes protagonistas en el centro del escenario. Mollo y Spinetta, espalda con espalda. Aunque el cierre fue enganchando Rasputín, El Ojo Blindado y unos acordes de Hey Jude, antes fue la versión trip folk de Mañana en el Abasto (con Fortunato Ramos soplando un erke), la que redondeó el sonido de la Aplanadora.
Las siete horas anteriores tuvieron minutos de gloria para todos. Los Super Ratones “abrieron la puerta” del escenario principal, cuando llegó la mayoría. Los “tempraneros” vieron los shows más potentes de Pez, Charlie 3 y Oisin, en el escenario del suplemento Sí! La última fue Emme: voz en plan hip hop soulero para seguir de cerca. Lito Vitale, su papá, vio el show desde abajo.
Un vuelo rasante (como el de los aviones que despegaban de Aeroparque), debería dar una visión encantadora: la multitud, lista para vibrar con un ánimo festivalero puro, pero sin esa estática negativa que se libera con el riff.
Dante (Spinetta Zalazar) entró en acción con un “hola, loco”. Buen frontman, potente guitarrista y arengador profesional. Invitó a su hermano Valentino para rapear en Retrato y a María, su mujer, para bailar Guatemalo. Momento furioso: Demolición, un hit Kuryaki. “El que no salta… es un milico”, avisó.
No hubo que esperar mucho y llegó Mimi Maura. Con look rojo fuego, confirmó que su “sabor” es infaltable en la mesa de los festivales. Invitado especial: el Chango Spasiuk (más bien Spacial, con su camperita sintética).
A las 21.35, y con un pique corto, Luis Alberto Spinetta corrió hasta el borde del escenario, se agachó en un gesto de torero y volvió al fondo, cerca de los cabezales. En solitario, cantó Aguila de trueno (en composé, otro Boeing pasó rasante) y le pegó Prometeme el paraíso, de su hijo Dante, con moraleja: “Argentina es un paraíso. No se corrompan, ustedes son los responsables de que mañana esto sea impresionante”. Fuerte y clara, su voz fue el eje de un recital con banda de sonido envolvente. El Flaco estaba de buen humor (en la pantalla gigante genial se podían seguir sus movimientos en detalle): sobre el solo de El mar es de llanto, “infiltró” un estribillo Manu Chao: “Me gusta la verdad/ me gustas tú/me gusta la verdad/más que vos”. Hubo rocanrol (Me gusta ese tajo) y volvió Dante para unos riffs locos en Post Crucifixión.
“Ahora viene la polenta”, se despidió Spinetta, entregando la posta a Divididos. Y si durante el set del Flaco la pantalla regaló primeros planos de una chica rubiecita, angelical (extasiada y concentrada), durante la furia desplegada por Divididos, la gente habilitó bengalas, banderas y 18.000 pares de pies rebotando. Y en esa gran tele de 300 pulgadas, la morocha de corpiño blanco, a caballito de su galán, podría haber sido coronada la primera reina del Quilmes Rock. Si no fuera porque se la tragó un pogo gigante y feliz.
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