LA NUEVA OLA ROCKERA
Nirvana/ Oasis; Korn/ Radiohead; The Strokes/ Coldplay. En estos sucesivos ejes de grupos de rock yanquis/ británicos que “crearon tendencia” desde los 90 a hoy había un problemita con el último nombre: ¿acaso Coldplay no era derivativo de Radiohead? La cuestión fue saldada con la irrupción de los escoceses Franz Ferdinand, quienes britanizaron la llamada “Nueva Nueva Ola” del boom neoyorkino del 2003, aquélla que tuvo a Strokes, Rapture, Yeah, Yeah, Yeahs e Interpol a la cabeza. En 2004 entonces el eje fue Scissor Sisters/ Franz Ferdinand, más aún cuando ya se habla de una “escena post—Ferdinand” (¡ya!) en Gran Bretaña (Kaiser Chiefs, Bloc Party, The Futureheads, The Departure).
El año pasado, el hit Take me out de los Ferdinand era la canción que se estaba esperando: rock para tararear y bailar, donde las mismas fuentes post—punk datadas entre 1978 y 1983 de los neoyorkinos sonaban ahora estilizadas al máximo, con esmerada contundencia e impacto estético. Pero, ¿no era que el dance era el “rock del futuro” mediante el crossover de los djs con los rockeros o de los electrónicos con el rock (Prodigy, Chemical Brothers)? ¿Por qué hoy Fatboy Slim calienta la pista con Franz Ferdinand? Lo explican los Chemicals: “No es tanto que la música dance haya colapsado, más bien ha sido asimilada. Ya no es una entidad separada. Tomemos por ejemplo la banda de rock más grande del momento: Franz Ferdinand. Están completamente influidos por el dance pero ya no es como en los 90, cuando una banda llamaba a un disc jockey para que lo sujetara con tornillos a un beat arrastrado. Los nuevos rockeros han crecido con la electrónica y les sale naturalmente”.
Tales fueron las explicaciones de Tom Rowlands ante el diario The Independent y esa búsqueda de “danzabilidad” es lo que explica la obsesión de los nuevos rockers por recuperar esos momentos en que el rock intentó articular la ingeniería del dance desde una batería, un bajo y una guitarra. O sea, tanto aquel momento en el 79 en que el punk y la new wave (Blondie y Talking Heads/ Gang of Four y A Certain Ratio) se interesaban en el funk y la disco (incluso Kiss o los Stones lo probaron con Fui hecho para amarte y Te extraño), como aquel otro de 1989, cuando en Manchester se bailaba con los Stone Roses y Happy Mondays.
La obsesión de “bailar rock” llega lejos. London calling (The Clash, 1979) parece ser el patrón fantasma de las nuevas canciones: en algún momento todas tartamudean el riff de la canción homónima, precisamente el guitarrazo. Otro antecedente data de una década atrás: Boys and girls de Blur, otro ejemplo de “dance tocado”. Con la reincorporación de los sintetizadores (Killers, Kasabian), la era del rock con sampler (caso U2 en 1991) pasó, en la búsqueda de un sonido más orgánico. Los Scissor Sisters al principio eran electrónicos pero al final se volvieron una banda cuando tradujeron a bajo y batería los arreglos programados.
Paradojas: estamos entre cantantes yanquis con manierismos británicos (de Robert Smith, de Morrissey); unos escoceses que rankearon en Estados Unidos y un grupo de New York como Scissor Sisters que tiene éxito en Inglaterra, pero en su país es de culto. Metrosexualismo (Andy, you’re a star de The Killers y Michael de los Ferdinand), postura irónica hacia la fama, y sobre todo, una preocupación extrema por la imagen que, con tanta pose glamorosa, deja atrás la actitud rocker de unos Jet, Darkness o Kings of Leon: todo conduce a que estos sean grupos realmente actuales. Pero no muy novedosos.
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