LA ODISEA DE ARGENTINOS SIN PAPELES RUMBO A LOS EE.UU.
Al menos un argentino lo intenta cada día, según pudo saber LA NACIÓN, de acuerdo con los cálculos conjuntos de los consulados generales en Los Ángeles y en Houston, y la embajada en México. Pero no todos superan las dunas: entre el 30 y el 40 por ciento es atrapado por los alguaciles de la policía fronteriza, la Border Patrol. En lo que va del año ya han capturado a 41 argentinos, mientras que la policía mexicana detuvo a otros 10 en ese período.
Entre los detenidos están Susana y Diego –el apellido no fue revelado por la Cancillería–, dos hermanos de 18 y 20 años, oriundos de Santa Fe, que viajaron en avión desde Buenos Aires hasta el Distrito Federal de México para ir después en ómnibus a la frontera, con la esperanza de reunirse con su padre, en Utah, donde reside ilegalmente.
En el estado mexicano de Sonora les pagaron entre U$S 2.000 y 5.000 por cabeza a los “coyotes”, los baqueanos que los guían por el desierto hasta cierto punto y desde allí les indican más o menos la ruta por seguir.
A partir de ahí, el derrotero depende de cada uno. Ellos lo intentaron por el desierto de Altar, en el límite con Arizona. Fallaron y, peor, mintieron.
“Dijeron que eran mexicanos porque a ellos los devuelven a México y pueden intentar cruzar la frontera otra vez al día siguiente. Al argentino se lo deporta por avión y su detención queda registrada en los archivos de inmigraciones. Pero si se oculta la nacionalidad y lo descubren, como en este caso, encima son acusados de obstrucción de la Justicia, un delito más grave”, comentó a LA NACIÓN el Cónsul asistente en Los Angeles, Roberto Diez.
Tras un par de semanas detenidos, Susana y Diego debieron presentarse ante un Juez, que fue benévolo y sólo los envió de regreso a la Argentina, gracias a la intercesión de la Cancillería, que se encarga de coordinar -y a veces de solventar- la defensa legal y de proveer los documentos requeridos para retornar a la Argentina.
“El ingreso terrestre de indocumentados se ha convertido en un verdadero problema en los últimos meses. Ya no lo intentan por los aeropuertos porque ahora se requiere una visa para poder viajar. Entonces, lo intentan por el sur de California y, sobre todo, por Arizona”, explica el cónsul general en Los Angeles, Luís María Kreckler.
HUBO 575 DEPORTADOS
Entre mediados de 2.003 y de 2.004, 575 argentinos fueron deportados de los Estados Unidos, de acuerdo con datos oficiales de la Agencia de Inmigración y Aduanas del Departamento de Seguridad Interior.
Pero la tendencia es, según las estadísticas, ascendente. En los primeros cinco meses de 2005, el consulado en Los Ángeles intervino en la detención y deportación de 36 compatriotas, mientras que el consulado en Houston conoció otros 30 arrestos y posteriores traslados a Buenos Aires. Son entre uno y dos por semana.
El cónsul general Ricardo Gauthier explicó: “Hay dos grupos. Están los que entraron por vía aérea con la visa hace unos años y se quedaron, que en algunos casos ahora son detenidos por razones menores”.
“El otro grupo, que representa el 20% de las deportaciones, son los que intentan entrar por la frontera con México -continuó-. A ellos hay que sumar los que ni siquiera llegan a la frontera porque son detenidos por la policía mexicana.”
El embajador argentino en México, Oscar Galié, confirmó que la policía local detuvo y deportó a siete argentinos en 2004 y superó esa marca en apenas cinco meses de este año: ya arrestó a otros diez -según la sección consular argentina en ese país- “por encontrarse indocumentados en zona fronteriza declarada de alto riesgo o por declarar a las autoridades mexicanas su intención de ingresar en territorio estadounidense irregularmente. Sospechan de algunos que vienen con pocos dólares. Tratan de frenarlos antes de que lleguen a la frontera porque allí se juegan la vida. Es algo extremadamente riesgoso, aunque acá lo tomen como algo normal.”
El embajador destacó, no obstante, que el flujo de argentinos hacia el desierto es bajísimo respecto de las cifras de otras nacionalidades, como los salvadoreños, los guatemaltecos o los brasileños, que registran unos 4.000 intentos por año, o frente a los 10.089 viajeros de todo el mundo que México rechazó en el aeropuerto del Distrito Federal en 2004, de los que 139 fueron argentinos, más otros 6.475 entre enero y abril de este año, con 58 argentinos, según cifras del Instituto Nacional de Migración mexicano.
Los riesgos de cruzar son evidentes. Algunos argentinos inician la travesía en Tijuana. Otros optan por Nogales, en Arizona. Desde allí van en camionetas o furgones hasta el desierto, donde el cruce a pie toma entre tres y cuatro días, con 45 grados a la sombra de los cactos.
Pero la temperatura asfixiante preocupa a los ilegales tanto como los narcos de los carteles mexicanos Zeta, Matamoros y Tijuana, o como los vigilantes voluntarios que complementan a los alguaciles estadounidenses, llamados minute-men.
Los detractores de los vigilantes temen que provoquen un baño de sangre en cualquier momento, pero sus defensores destacan que han ayudado a reducir los cientos de agujeros que la frontera ofrece a quienes aceptan correr los riesgos de sus arenas calientes.
“Los minute-men nos preocupan por la inserción de xenófobos y racistas en esos grupos, por el espíritu anti inmigrante que muestran algunos de ellos, lo que es un claro factor violento potencial”, comentó a LA NACIÓN la directora del Instituto Latinoamericano, Dina Siegel, del Comité Judío de Estados Unidos.
Unos 2200 alguaciles vigilan la frontera entre Sonora y Arizona, que abarca 600 Km., área elegida por la inmensa mayoría de ilegales, quienes buscan evitar los controles más estrictos que existen entre Tijuana y San Diego, en California, donde 1000 agentes patrullan un tramo de 22 km. y se construye un muro. El gobernador Arnold Schwarzenegger insiste en que “deberían cerrarse las fronteras” por completo.
En Arizona, en cambio, en 2004 sólo una unidad especial de la patrulla fronteriza de EE.UU. rescató a unos 1500 inmigrantes y encontró los cuerpos de otros 330, muertos de hambre y sed, tras perderse en el desierto o quedar exhaustos, sin mencionar los baleados o los atacados por animales salvajes.
Unos 700.000 inmigrantes ilegales fueron arrestados entre septiembre de 2003 y de 2004 a lo largo de Arizona. “Los argentinos que lo intentan son muy jóvenes, de menos de 24 años, o mayores de 45. Y vienen de todos lados: de Buenos Aires, Mendoza, Mar del Plata, Córdoba y Tucumán. Por suerte, al menos no tenemos reportes de violaciones o asesinatos por los «coyotes» u otros ilegales.
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