LA ODISEA DE UNA FAMILIA ARGENTINA QUE HUYÓ DE LAS BOMBAS EN EL LÍBANO
Sólo informaron que eran cinco refugiados argentinos en un vuelo desde Latakia, el puerto sirio. Nadie sabía en Chipre si era una familia o ni siquiera, de dónde provenían. El aeropuerto de Larnaca estaba desbordado por aviones charters de repatriación desde Siria, que lo sacaron de su siesta de verano.
Dos aviones hacían el puente aéreo entre Latakia y Chipre, evacuando a más de 400 extranjeros rescatados por la Embajada de Italia en Beirut. Desencajados, confundidos, bajaban del avión y los esperaban diplomáticos de Italia, Suecia y la Unión Europea para orientarlos. Un frenético movimiento que duró toda la noche.
A las 3 y media de la mañana de ayer, la familia de Daniel Ayuch se convirtió en la primera refugiada argentina que escapaba de Beirut y aterrizaba en esta pequeña isla del mar Mediterráneo, a 20 minutos de vuelo del puerto de Latakia.
Daniel, un teólogo santiagueño, Eva, su esposa libanesa, y sus hijos Jasmina(7), Rami (5) y María Lucia (1) avanzaron agotados, tras un viaje aterrador, hacia el hall de llegada. Para su sorpresa, los estaban esperando y hasta les habían reservado un hotel frente a la playa.
Las fuerzas de paz argentinas destinadas en Chipre se encargaron de su recibimiento. Personalmente, el teniente coronel Javier Piedra Buena, un coronel y la teniente médica Marta Menéndez fueron parte del comité de recepción. No hay embajada argentina en Chipre, sino que es concurrente el embajador en Israel, Atilio Molteni.
“Llegamos cansados, en un viaje interminable y con mil peripecias”, explicó Daniel desde el Campo San Martín, el centro de los militares argentinos destinados en Chipre por las Naciones Unidas y a donde los invitaron a un asado. “No sabíamos que había argentinos en Chipre. Desde que bajamos, sólo tenemos palabras de agradecimiento para ellos”, agregó.
Daniel Ayuch abandonó Argentina después de terminar su bachillerato. En busca de las raíces de su bisabuelo sirio partió a estudiar teología en la universidad de Balaman, donde hoy es profesor. Después hizo su doctorado en Alemania.
La familia Ayuch vivía en el norte de Beirut, en un barrio que aún no había sido afectado por los bombardeos. Pero son “veteranos” de la crisis libanesas. No querían hacer vivir a sus hijos los sufrimientos que ellas implican, los traumas que dejan y especialmente, la falta de víveres y la imposibilidad de salir de sus casas o de ir a trabajar.
“Beirut está horrible, muy feo. Es un aventurero el que quiera ir. El bloqueo aéreo, terrestre y marítimo está funcionando y va dejando aisladas a las zonas. Bombardean puentes, carreteras, rotondas, obras de infraestructura. Hay muchos teléfonos celulares que ya no funcionan en ciertas áreas. Mi experiencia me indica que va a haber una inmensa escasez de alimentos, de luz, de agua y de teléfono”, cuenta Daniel a Clarin.
Según Daniel, las empresas de celulares tratan de reparar inmediatamente los daños, pero los bombardeos les impiden el acceso a las antenas. Una tradición libanesa, que recuerda el espíritu indomable de los británicos en la segunda guerra mundial, es que comienzan a reconstruir media hora después de la destrucción. Es su arma de supervivencia, en un país sumergido en crisis regulares y violentas.
La vida será muy difícil en Beirut. Esa es la razón por la que la gente está huyendo hacia sus pequeñas casas de fin de semana en la montana, que regularmente usan en verano para protegerse del calor de la playa. Esta vez es el refugio que puede salvarles la vida, porque hasta los barrios cristianos se han vuelto inseguros en la capital libanesa.
“Nosotros no queríamos que los chiquitos sufrieran todo esto. Por eso decidimos partir. Vinimos en el convoy de la Embajada italiana. El cruce de la frontera con Siria fue terrible. Después que pasamos, lo cerraron porque los israelíes bombardearon el borde. Estamos tratando de llegar a Argentina pero no conseguiremos nada hasta el lunes, al menos”, explicó Daniel.
Sus padres en Santiago del Estero fueron despertados en la madrugada por el teléfono. Era Daniel, que les anunciaba que había conseguido salir de Beirut junto a la familia y viajaría a su provincia a la brevedad posible.
La guerra es una catástrofe humanitaria donde algunos se enriquecen. Doce argentinos esperaban ser evacuados hacia Siria hoy en un convoy colectivo desde Beirut, organizado nuevamente por los italianos. “Sabe cuánto cobra un miniómnibus para llevar a esas doce personas?”, dijo el embajador argentino en Líbano, Golo Pico. “¡¡¡Ocho mil dólares!!!”.
Así como nadie duda en pagarlos a la hora de la huida, no hay demasiados choferes dispuestos a hacer el viaje y poner su vida en riesgo.
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